Página del Niño Fidencio

Padres Adoptivos del Niño Fidencio

 

PADRES ADOPTIVOS DEL NIÑO FIDENCIO

Enrique López de la Fuente (1896-1974)

Nació en el estado de Guanajuato en 1896 dos años antes que el Niño Fidencio y se convirtió en un asiduo testigo de él desde su niñez hasta su muerte.  Participó en la  revolución al lado del Gral. Francisco Villa.  Estuvo en la toma de Torreón y en la de Paredón Coah.  Salió herido en esta última, por lo que se trasladó para su curación  a Espinazo, N. L.  En aquel tiempo era una hacienda propiedad de un alemán llamado Teodoro Von Wernich, el que con prestancia ayudó al Teniente Coronel Enrique a su curación hasta que recuperó la salud.  Posteriormente viendo el hacendado que este hombre poseía el perfil que requería para que administrara su hacienda, lo contrató.  Que más podía pedir -sabía leer, escribir, hacer las cuentas, medía aproximadamente  1.90 metros de estatura, con carácter recio, autoritario, visionario, emprendedor y muy astuto-. Pasaron los años y Don Enrique se convirtió en padre.  Su pequeño hijo Ulises requería de cuidados, pero él quería una persona de absoluta confianza para que se lo cuidara y pensó en Fidencio, pero se encontraba muy lejos.  Aproximadamente en el año 1926 éste bajó del tren en la estación de Espinazo.  Algunas personas que vivieron esa`época cuentan que Don Enrique no mandó por Fidencio ni le telegrafió.  El llegó porque supo que Don Enrique lo necesitaba y punto.   En el año existe discrepancia.    Don Enrique compartió el mismo techo con él, ahí mismo donde sus habitaciones eran llamadas "cuartel general".  El administrador vio crecer a su hijo lleno de mimos y cuidados y el degustaba unos suculentos platillos mexicanos preparados  por su fiel amigo.  Para Fidencio, Don Enrique ya no fue su amigo sino algo más profundo y empezó a llamarle ¨Padre¨.

Así empezó la historia del Niño Fidencio en Espinazo, N. L.  hasta convertirse en el famoso curandero del noroeste de México.  Don Enrique viendo las multitudes y las consecuentes necesidades y problemas que éstas acarreaban, se dio a la tarea de ayudar a su amigo Fidencio.   Preparó grupos de gente que se encargara de la elaboración y repartición de alimentos, de conseguir leña, las hierbas para las infusiones de te, etc., además de atender cuestiones políticas como poblacionales.

Don Enrique, tenía un carácter recio y autoritario, como el de cualquier administrador de esa época, pero con Fidencio se mostraba paternalista y constantemente se veía que su única preocupación era que Fidencio se cuidara, que descansara y que se alimentara, para que pudiera soportar las pesadas cargas que Niño Fidencio se imponía a si mismo. El Niño Fidencio falleció en sus brazos mientras don Enrique lo consolaba y le daba confort abrazándolo.  Tomó la decisión de sepultar a Niño Fidencio en el interior de la finca de la familia.

Don Enrique hizo grabar en su tumba el siguiente epitafio: 

-QUISE Y ADMIRÉ A FIDENCIO PORQUE FUE UN GRAN HOMBRE- 

Consuelo Villarreal Mendoza.

La señora Consuelo Villarreal de López de la Fuente, a quien Niño Fidencio llamaba Madre.  Agradecida por las atenciones que Fidencio le dispensara durante el alumbramiento de sus hijos, y con todo el amor que le imponía el honrar su memoria, continuó realizando las mismas celebraciones, año tras año, hasta convertirlas en una tradición, cumpliéndose en el año 2002 sesenta y cuatro años de llevarlas a cabo.  Están los festejos religiosos, además de incluir el aniversario luctuoso del Niño Fidencio (19 de octubre), en donde millares de personas le brindan oración, alabanzas, flores y veladoras en su tumba.  La señora Consuelo siguió las enseñanzas de compartir el pan y el techo con los más desamparados, por lo que recibió siempre el respeto y cariño de todos aquellos que se acercaban a la tumba del Niño Fidencio.


 

 

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