
La idea nace allá por 1875, El
estado de Oaxaca ha sido uno de los estados de la República Mexicana con mayores
dificultades para su comunicación interna y con otras entidades del país en
vista de su accidentada orografía por lo que el ferrocarril fue proyecto
prioritario para el gobierno de la República, necesidad relacionada con el
interés de la Unión Americana de lograr conectarse con el puerto de Veracruz,
Istmo de Tehuantepec y Centro América, favoreciendo el tránsito de personas y
productos agrícolas, pesqueros y mineros aunque luego se
abandona, renace en 1878 siendo Presidente de la República el Gral. Porfirio
Díaz Mori, y aunque no la concretó, sí fue posible cuando funge como Secretario
de Fomento en el régimen de don Manuel González.
Siendo Gobernador del estado el Gral. Francisco
Meixueiro, y Ministro en Washington, el Oaxaqueño Matías Romero, se creó una
compañía de capital mixto cuyo presidente fue el Gral. Ulises S. Grant. Dicha
empresa se denominó Compañía del Ferrocarril Mexicano del Sureste, a quien toca
iniciar los trabajos de reconocimiento, poco después dicha compañía se declara
en quiebra, sucediendo lo mismo a la encabezada por el Gral. Luis Mier y Terán,
pero fue la Compañía Limitada del Ferrocarril Mexicano del Sur, con la firma
contratista Read Campbell & Ferrocarril Mexicano del Sur, la que continuó
adelante con el ambicioso proyecto.
La obra se inició el 9 de septiembre de 1889 y
para agosto de 1891, las terracerías llegaron a TECOMAVACA, y para fines de ese
mismo año al cañón de TOMELLÍN. En esta zona las labores se hicieron muy
difíciles pues se trabajaba a dos mil metros de altura con descensos hasta los
529 metros sobre el nivel del mar. Para resolver los problemas técnicos se
utilizó tecnología extranjera y los rieles fueron fabricados en Inglaterra.
El Gral. Porfirio Díaz Mori, vino a Oaxaca,
llegando en ferrocarril acompañado de su gabinete, haciendo la inauguración el
13 de noviembre de 1892 desde el Palacio de Gobierno, en un banquete que le
ofrecieron las autoridades civiles y militares. Ese día el Gral. Díaz, dijo:
“Veamos ahora lo que éstas nuevas industrias (yacimientos de carbón y fierro),
valdrán para los valles de Oaxaca y las Mixtecas, donde los productos
regenerados encargados de cambiar su faz, llegarán casi sin flete sensible, y
con este motivo la baratura y mejor servicio, el fierro haya reemplazado la
madera en muchos de sus usos domésticos e industriales y el carbón haya
reemplazado por completo a la leña, nuestros bosques, indultados de la crueldad
del hacha, serán más extensos y más espesos, y sus emanaciones a nuestra
atmósfera la hará más saludable....”
Fue la última vez que el Gral. Porfirio Díaz y
su gabinete visitaron Oaxaca. El pueblo se volcó en la estación del Ferrocarril
en el antiguo barrio de “El Marquesado”. Los Oaxaqueños sabían que con esta obra
se ampliaban de por vida sus horizontes. Tendrían contacto con otras gentes, con
otras ciudades, con otras culturas. Se acabaron las largas y peligrosas
travesías. Sus productos podrían llevarlos a lugares distantes, obtener dinero,
bienestar para todos.
El ferrocarril que comunica Puebla con Oaxaca
cuenta con veintisiete estaciones: Puebla, Amozoc, Tepeaca, Rosendo Marquez,
Tecamachalco, Tlacotepec, Carnero, Tehuacan, Altepexi, San Sebastián, Venta
Salada, dentro del estado de Puebla. Aldama, San Antonio, Ignacio Mejía,
Tecomavaca, Quiotepec, Cuicatlán, Tomellín, Almoloyas, Santa Catarina, Parián,
Las Sedas, Telixtlahuaca, Huitzo, Etla, Hacienda Blanca, y la ciudad de Oaxaca.
Posteriormente fueron construidos los ramales a: Ejutla de Crespo, Ocotlán de
Morelos y Tlacolula de Matamoros.