Restirador

 

 

 

 

 

Comentarios de Alfredo Tierrablanca en torno al Diseño Gráfico

  

Se vale planear:

"A este diseñador le decimos el águila porque se la pasa planeando"

Pues sí; aunque a muchos les cause gracia o disgusto, resulta que me gusta planear las cosas para después llevarlas a cabo con mayor probabilidad de éxito y lo hago más allá de una simple convicción inducida por mis maestros o como hábito profesional que se extiende a otras esferas de mi quehacer cotidiano: -Planeo por la íntima comodidad que deriva de tener un elemental control sobre las cosas, particularmente de mis propios actos o por la grata costumbre de lanzar una red hacia el futuro y pues claro que en absoluto me molesta que al igual que a otros colegas me digan ahí va ese "águila" ya que finalmente tampoco soy ningún obsesivo, aunque a veces me gustaría que el tema de la planeación aplicada al diseño fuera percibido por propios y extraños con un poco de más seriedad.

Y digo esto ya que el otro día en plática con estudiantes de diseño descubro cuan arraigadas suelen estar algunas prácticas como parte de su proceso de formación.

Esta vez, de manera particular me referiré a las "repentinas", de las que en mayor o menor medida hemos padecido muchos diseñadores.

¿Quién que fue estudiante no vivió las horas de encierro escolar trabajando con los tiempos encima a fin de entregar un proyecto entre brincos y sobresaltos, dentro del reducido tiempo límite que le fijaban sus profesores?

Me consta el caso de una escuela donde para darle más "realismo" a la repentina, convocaban a concurso cuadrillas enteras de estudiantes de diferentes niveles a fin de entregar en cuestión de pocas horas magníficos proyectos dirigidos a satisfacer las exigencias de un cliente particular que las más de las veces se embolsaba de "a gratis" una nutrida carpeta de trabajos "para revisarlos el mismo (eso sí); con calma en su casa y pedirle opinión a su esposa" y pues de premio ni las gracias daban; antes bien, una buena reprimenda se llevaban los futuros diseñadores, cuando en alguno de los proyectos asomaba la menor anomalía.

Pero de concursos nefastos y diseño especulativo hablaré en otra ocasión. Por ahora me limito a expresar que innegablemente los diseñadores como cualquier otro profesionista necesitamos aprender a trabajar bajo presión, de donde las "repentinas" cumplen un ejercicio en el sentido práctico; pero de ahí a aceptar que el cliente nos esté tronando los dedos (o el látigo) y que el andar a las volandas elaborando trabajos al vapor de manera improvisada se convierta en nuestro pan de cada día, como que decididamente, mejor no.

En todo caso las escuelas de diseño buscan la implementación de una logistica y metodologías como entorno habitual del desempeño profesional, por lo que dinámicas del tipo "repentina" debieran ir focalizadas a este objetivo, así como la interacción del educando con otros colegas y/ó profesionistas de áreas afines; de manera que el cumplir con el proyecto de manera atropellada sólo para alcanzar un tiempo record quedara reducido a lo meramente anecdótico; digamos pues, en términos de competitividad deportiva.

Si de por sí, a menudo en una ciudad como la nuestra cuesta trabajo convencer a los clientes que programen los tiempos suficientes para satisfacer sus requerimientos de diseño y encima de eso nos sugestionamos con la idea de ser los "maistros del bomberazo" velocísimo y efectista... ¿a dónde vamos a llegar?

Tal vez uno de estudiante alardea por haber hecho tal o cual diseño en contra de las manecillas del reloj y hasta habrá quien considere el llegar barriendose a una reunión de trabajo envuelto en papeles y quitandose todavía el pegamento de los dedos, como si fuere un acto de heroicidad, pero llega el tiempo de adquirir madurez.

De acuerdo estoy en que muchas veces los clientes nos llegan al cuarto para las siete requiriendonos un trabajo con la urgencia de quien necesita una diálisis para sobrevivir al día siguiente, pero finalmente es en nosotros en quien recae la responsabilidad de decidir, asesorar y dar respuesta de manera profesional. Y ahora que lo menciono: la diferencia entre un trabajo planeado y uno "al vapor" radica en que el primero nos exige ante todo responsabilidad y una buena dosis de organización.

Por otro lado (y aquí estarán de acuerdo nuestros clientes) es notorio el grado de calidad que implica un trabajo bien cuidado en su planeación. ¿O acaso alguien tiene memoria de alguna chamba hecha al aventón? ¿Ha merecido su inclusión en el portafolios algun "trabajito" improvisado, sólo por salir del paso? Ahora bien: nuestro cliente tambien coincidirá con nosotros en que muchos de los trabajos "urgentes" son en realidad proyectos dejados al descuido hasta que les llegó el tiempo en que fueron requeridos, o que se trata de diseños que se prefiere tener anticipadamente sobre el escritorio para "revisar e implementar con calma" (o sea que no son tan "urgentes")

Tambien suele ocurrir que efectivamente sí se hizo una programación de actividades, pero se planeó mal, pues nunca nadie se tomó la molestia de levantar el teléfono y preguntarle al diseñador cuanto se tarda en realizar el proyecto.

¿Quién de nosotros no ha recibido la noche de viernes a algún cliente que necesita un rediseño de imagen a fin de entregar al día siguiente los originales en la imprenta, sólo porque contemplaba tener lista su publicidad para el sábado a medio día?

Está visto que hay más mérito en llevar a cabo un proyecto planificado, dandole seguimiento de principio a fin, atendiendo a una metodología respectiva, que jugarse un albur haciendo malabares de último minuto.

El diseño gráfico se sustenta justamente en el desarrollo de la comunicación visual planificada y quienes lo ejercemos nos caracterizamos por la particular forma con que ordenamos las ideas; en consecuencia, no olvidemos que nuestra profesión y desde luego nuestros clientes se merecen respeto: por tanto seamos profesionales y hablemos con ellos, orientandolos e invitandolos a ser participes de esta planeación.  

alfredotierrablanca@prodigy.net.mx