"A
este diseñador le decimos el águila porque se la pasa
planeando"
Pues
sí; aunque a muchos les cause gracia o disgusto, resulta que me
gusta planear las cosas para después llevarlas a cabo con mayor
probabilidad de éxito y lo hago más allá de una simple convicción
inducida por mis maestros o como hábito profesional que se extiende
a otras esferas de mi quehacer cotidiano: -Planeo por la íntima
comodidad que deriva de tener un elemental control sobre las cosas,
particularmente de mis propios actos o por la grata costumbre de
lanzar una red hacia el futuro y pues claro que en absoluto me
molesta que al igual que a otros colegas me digan ahí va ese "águila"
ya que finalmente tampoco soy ningún obsesivo, aunque a veces me
gustaría que el tema de la planeación aplicada al diseño fuera
percibido por propios y extraños con un poco de más seriedad.
Y
digo esto ya que el otro día en plática con estudiantes de diseño
descubro cuan arraigadas suelen estar algunas prácticas como parte
de su proceso de formación.
Esta
vez, de manera particular me referiré a las "repentinas",
de las que en mayor o menor medida hemos padecido muchos diseñadores.
¿Quién
que fue estudiante no vivió las horas de encierro escolar
trabajando con los tiempos encima a fin de entregar un proyecto
entre brincos y sobresaltos, dentro del reducido tiempo límite que
le fijaban sus profesores?
Me
consta el caso de una escuela donde para darle más
"realismo" a la repentina, convocaban a concurso
cuadrillas enteras de estudiantes de diferentes niveles a fin de
entregar en cuestión de pocas horas magníficos proyectos dirigidos
a satisfacer las exigencias de un cliente particular que las más de
las veces se embolsaba de "a gratis" una nutrida carpeta
de trabajos "para revisarlos el mismo (eso sí); con calma en
su casa y pedirle opinión a su esposa" y pues de premio ni las
gracias daban; antes bien, una buena reprimenda se llevaban los
futuros diseñadores, cuando en alguno de los proyectos asomaba la
menor anomalía.
Pero
de concursos nefastos y diseño especulativo hablaré en otra ocasión.
Por ahora me limito a expresar que innegablemente los diseñadores
como cualquier otro profesionista necesitamos aprender a trabajar
bajo presión, de donde las "repentinas" cumplen un
ejercicio en el sentido práctico; pero de ahí a aceptar que el
cliente nos esté tronando los dedos (o el látigo) y que el andar a
las volandas elaborando trabajos al vapor de manera improvisada se
convierta en nuestro pan de cada día, como que decididamente, mejor
no.
En
todo caso las escuelas de diseño buscan la implementación de una
logistica y metodologías como entorno habitual del desempeño
profesional, por lo que dinámicas del tipo "repentina"
debieran ir focalizadas a este objetivo, así como la interacción
del educando con otros colegas y/ó profesionistas de áreas afines;
de manera que el cumplir con el proyecto de manera atropellada sólo
para alcanzar un tiempo record quedara reducido a lo meramente anecdótico;
digamos pues, en términos de competitividad deportiva.
Si
de por sí, a menudo en una ciudad como la nuestra cuesta trabajo
convencer a los clientes que programen los tiempos suficientes para
satisfacer sus requerimientos de diseño y encima de eso nos
sugestionamos con la idea de ser los "maistros del
bomberazo" velocísimo y efectista... ¿a dónde vamos a
llegar?
Tal
vez uno de estudiante alardea por haber hecho tal o cual diseño en
contra de las manecillas del reloj y hasta habrá quien considere el
llegar barriendose a una reunión de trabajo envuelto en papeles y
quitandose todavía el pegamento de los dedos, como si fuere un acto
de heroicidad, pero llega el tiempo de adquirir madurez.
De
acuerdo estoy en que muchas veces los clientes nos llegan al cuarto
para las siete requiriendonos un trabajo con la urgencia de quien
necesita una diálisis para sobrevivir al día siguiente, pero
finalmente es en nosotros en quien recae la responsabilidad de
decidir, asesorar y dar respuesta de manera profesional. Y ahora que
lo menciono: la diferencia entre un trabajo planeado y uno "al
vapor" radica en que el primero nos exige ante todo
responsabilidad y una buena dosis de organización.
Por
otro lado (y aquí estarán de acuerdo nuestros clientes) es notorio
el grado de calidad que implica un trabajo bien cuidado en su
planeación. ¿O acaso alguien tiene memoria de alguna chamba hecha
al aventón? ¿Ha merecido su inclusión en el portafolios algun
"trabajito" improvisado, sólo por salir del paso? Ahora
bien: nuestro cliente tambien coincidirá con nosotros en que muchos
de los trabajos "urgentes" son en realidad proyectos
dejados al descuido hasta que les llegó el tiempo en que fueron
requeridos, o que se trata de diseños que se prefiere tener
anticipadamente sobre el escritorio para "revisar e implementar
con calma" (o sea que no son tan "urgentes")
Tambien
suele ocurrir que efectivamente sí se hizo una programación de
actividades, pero se planeó mal, pues nunca nadie se tomó la
molestia de levantar el teléfono y preguntarle al diseñador cuanto
se tarda en realizar el proyecto.
¿Quién
de nosotros no ha recibido la noche de viernes a algún cliente que
necesita un rediseño de imagen a fin de entregar al día siguiente
los originales en la imprenta, sólo porque contemplaba tener lista
su publicidad para el sábado a medio día?
Está
visto que hay más mérito en llevar a cabo un proyecto planificado,
dandole seguimiento de principio a fin, atendiendo a una metodología
respectiva, que jugarse un albur haciendo malabares de último
minuto.
El
diseño gráfico se sustenta justamente en el desarrollo de la
comunicación visual planificada y quienes lo ejercemos nos
caracterizamos por la particular forma con que ordenamos las ideas;
en consecuencia, no olvidemos que nuestra profesión y desde luego
nuestros clientes se merecen respeto: por tanto seamos profesionales
y hablemos con ellos, orientandolos e invitandolos a ser participes
de esta planeación.
alfredotierrablanca@prodigy.net.mx
|