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Diseñar
es dar signos de vida...
De nuestra vida y de todo aquello cuanto diseñamos.
Es dar a luz y crecer en luz. Designar es señalar con el índice
de fuego, es definir cuando a alguna cosa le toca nacer. Es
reponder al caos desde la voragine de nuestra mente, revolviendo
los cajones del cerebro en busca del papel donde atesoramos la
idea.
Y es que el diseñador
gráfico es un dios, pero en chiquito; de esos que deciden cuál
cascarón se romperá y a que hora. El mismo que cuando grita: -Hágase
la luz; - enciende la lámpara de su restirador y despierta de su
letargo a una legión de instrumentos que; como diminutos peces
surcan un biplánico universo de tinta.
Todas las líneas parten de un punto y no es extraño que el diseño
tenga su orígen en esta expresión geométrica mínima; casí
abstracta: -El Punto de tinta inmerso en la blancura de un papel.
¡Vaya que sí es dificíl resistirse ante una hoja en blanco:
La página en blanco es el silencio de la imagen. Es un espejo que
aún no ha visto su rostro, una puerta abierta a la fantasía, es
el infinito que aguarda nuestros pasos, es un océano de luz en
busca de navegantes, hombres con mirada de horizonte y pulso
firme, y así; como todas las conquistas, como todos los
hallazgos, la página en blanco tambien es una virgen desnuda e
intacta, esperando la primer caricia del lápiz.
Blanca es la página. Blanca en femenino, en singular, en
solitario... Blanca es la tabla de diseño, como blanca es la
opalina fosforescente y la estudiantil libreta; blanco el cuaderno
escolar en el que asomó por vez primera algún tímido verso. Blanca-ingenua
fue la carta, blanca la paloma; blancas las manos, blancas
las caricias; blancas y eternas se volvieron las horas del primer
amor. Blancas fueron las fojas en los origenes de la perspectiva,
blanca la geometría de las formas puras, blanca en la glacial
anatomía de un mármol, en la cumbre nevada de algún seno.
Blanca en la luz, en la suma del color, blanca de luna extraviada
en la galáctica espiral de un sueño...
En términos tipográficos, esto, en el ámbito del diseño
editorial, definimos al espacio en blanco como los silencios de
una página y comprendemos por ello que es bueno saber guardar
silencio y respetar este silencio sólo diciendo cosas bellas,
inteligentes y acertadas en su espacio y tiempo; sin embargo, no
es bueno quedarse callado...
Cierto es que en
diseño como en poesía no se nace sabiendo: -El oficio se aprende
y a menudo se tiene que recorrer un largo trecho.
El oficio se sufre
y se goza; por tanto, podemos decir que se ama.
Alfredo
Tierrablanca Nieto De la conferencia efectuada en la
sala Hermilo Novelo de Casa de la Cultura de Celaya en febrero de
2000
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