NORMAS BÁSICAS DE LOS EJERCICIOS IGNACIANOS.
Seriedad. Entra de
lleno en los Ejercicios. Entra en ellos bien desde el principio. Empiézalos con
grande animo y generosidad, dispuesto a no negar a Dios nada de lo que te pida.
Son pocos días: siquiera durante ellos dedícate seriamente a pensar en las
cosas de tu alma.
Actividad. Procura vencer la pereza y la desgana. No te contentes con oír:
trabaja tú personalmente en hacer los Ejercicios, bien persuadido de que si no
meditas tu, si no piensas seriamente en lo que oyes, si no reflexionas sobre ti
mismo, será todo inútil.
Silencio: De el depende en gran parte el fruto de los Ejercicios. Entra en un
profundo silencio.
Para oír la voz de Dios. Para escucharte a ti mismo (a).
Para no estorbar a tus compañeros. Para crear un ambiente de recogimiento y
oración. Dios y tu; nadie mas. Ni una sola palabra inútil; aunque
no te vea nadie.
Meditación. Procura, sobre todo, aprovechar bien todo el tiempo que la
distribución señala para meditar. Es el acto mas importante de los Ejercicios,
el del trabajo personal mediante la
reflexión profunda.
No te contentes con oír: piensa, reflexiona, medita.
Junta la meditación con la oración: pide a Dios con insistencia las gracias
que necesites. Te podrías dar por satisfecho si salieras de los Ejercicios
habiendo aprendido a hacer oración.
Apuntes. Después de cada meditación, toma nota de lo que te haya impresionado.
Notas personales, impresiones íntimas, sentimientos, propósitos que
vayas haciendo para adelante...
Conviene que escribas, es una manera sencilla de meditar: ir escribiendo lo que
mas te interesa recordar y lo que mas te puede servir el día de mañana.
Pero sobre todo, estos días dedícate mucho a orar. La oración es un elemento
esencial en los Ejercicios.