NUESTROS ORIGENES Las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción se inició con un profundo carácter de vida conventual y monástico, heredado del espíritu franciscano de los Colegios Apostólicos y transmitido por nuestro Padre Fundador Fray José del Refugio Morales Córdova, del Colegio Apostólico de Propaganda Fide de Pachuca. 
NUESTRO PADRE FUNDADOR FRAY JOSÉ DEL REFUGIO MORALES CÓRDOVA, OFM. PLATICA SOBRE EL AMOR DE DIOS In illa die stillabunt montes dulcedinem et colles fluent lacte. En aquel día destilaban los montes dulzura y los collados manarán leche. El mundo con ojos de tierra espera con la mayor alegría el nacimiento del Príncipe heredero de la corona: no sabe si será un Rey soberano a la vez que piadoso como los Luises y Fernandos, o soberbio y orgulloso como Baltasar y Antíoco; por entonces aparece en el mundo miserable sujeto al pecado, a las pasiones a las enfermedades y a la muerte como todos nosotros. Los hijos de la verdadera Iglesia con la esperanza de los Patriarcas, alumbrados con la luz de los Profetas enseñados por nuestra común madre esperamos al Rey de la gloria al verdadero Salomón, al Esposo de las castas vírgenes. Esperamos a aquel a quién el cielo sirve de trono, la tierra de escabel y las estrellas de corona. Oculta los rayos de su gloria, para que nos acerquemos al establo de Belén, sin temor de ir revestidos de nuestra nada y de nuestra miseria, con razón vierten nuestros labios con tanta alegría, las palabras del profeta Joel: en aquel día destilarán los montes dulzura y los collados manarán leche. Acerquémonos en ese día con el gozo inundará la tierra, y con los más sinceros afectos de nuestro corazón a tributarle a nuestro Rey, a nuestro esposo el obsequio de nuestro amor, de nuestra gratitud y de nuestra alegría. Trataremos primero de la manera con qué lo hemos de recibir y después como nos tenemos que preparar. Nosotros que apuramos cada día el cáliz de la tribulación has las heces no gustamos de la dulzura de la leche que en ese día destilarán los montes, los collados y la gruta de Belén. Los mismos ángeles nos invitan con las palabras que entona el Sacerdote al comenzar la Misa. ¡Gloria a Dios en los cielos paz y alegría a los hombres en la tierra! Alégrate tu hija mía que vistes la regia estola de la inocencia de tu virginal corazón, de ese rosal espinado brota la blanca y fragante rosa de la castidad, tienes que atravesar ese desierto habitado de animales inmundos, pero no temas, en la gruta de Belén encontrarás a Jesús quien rugiendo como León de Judá dispara a tus enemigos. Tú oh hija, que tal vez en tu juventud llevaste los harapos viles del pecado alégrate también ¿pues no por ti comienza tu dulce Esposo en el establo de Belén ese prolongado sacrificio que ha de terminar en la cruz? Las lágrimas que vierten tus ojos son el collar de tu garganta, las espinas que han de traspasar su cabeza son tu diadema de gloria, las llagas de sus manos serán las piedras preciosas de los anillos de tus dedos, las de sus pues te servirán para andar los caminos de la justicia, la sangre que vertirá por todo su cuerpo cubrirá el tuyo a manera de manto azul, alégrate, Jesús te abre las puestas del cielo, será el mediador entre el cielo y la tierra; las espinas, los azotes, las llagas, la sangre y la cruz abogarán por ti delante del Eterno Padre; ya no más objeto de maldición. La bendición que recibiste el día de tus desposorios con Jesús durará si eres fiel por toda la eternidad. Alégrate tu ¡oh! Hija del Carmelo, tibia, tu que derramas el amargo acíbar de la tristeza por tu semblante y por tus ojos, tu que pasas la vida en la disipación y en un no se que de vacío y desconsuelo, necesitas calor, acércate a Belén, allí encontrarás a Jesús y oye las palabras que brotan de sus divinos labios. Yo he enviado fuego a la tierra y que otra cosa quiero sino que se encienda y arda; estas derramada con tus ocupaciones, estas distraída en la oración, en todo lo que rezas, acércate a Belén y fija tus ojos en aquel sol, de justicia que ilumina toda la tierra, me dirás: también lo recibo sacramentado pero bien pronto me encuentro como tierra sin agua ¿pero no te encuentras por todas partes embestida de su Divinidad? Elévate con las alas del Salmista Rey y siempre le tendrás presente, a la manera que cuando por largo rato vemos sol nos parece todo sol. Adónde me escaparé de tu presencia y adónde huiré de tu espíritu. Si subiere al cielo, tu allí estas; si descendiere al infierno estas presente. Si tomare mis alas al salir el alba y habitare en las extremidades del mar, aun allá me guiará tu mano y me asistirá tu derecha. Ya vez alma mía como no hay rincón que no ilumine al que verás en el pesebre. Alégrate tu ¡oh! Hija del Carmelo tentada, tu que a la luz del día en las tinieblas de la noche resistes los golpes de las saetas de tus enemigos, tu que oyes interiormente las murmuraciones contra tus superiores, tu que obligada a obedecer quisieras abalanzarte hasta el trono de la Divinidad, tu que no pudiendo manifestarte, sólo se asoma por las ventanas de tus ojos el frío mostroso de la ira; alégrate, todo lo has visto, lo has sabido, lo has sentido; pero no lo has consentido, en el real pesebre de Belén encontrarás a Jesús en el que se estrellarán todos tus temores como en una roca, con Jesús mil saetas caen burladas a tu lado izquierdo y diez mil a tu derecha sin haberte herido alguna. Acércate tus labios secos a la dulzura y a la leche que en aquel destilarán los montes y los collados, pero cuida de no volver la cara a Sodoma y a Gomorra, no sea que quedes convertida en estatua de sal, no sea que faltando fuerzas a las pierdas y agolpada la sangre al corazón a la vista del peligro te asustes y tal vez caigas en él. Alégrate tu ¡oh! Hija del Carmelo desconsolada tu que esta en la prueba como el oro en el crisol, tu que estas ocupando el lugar en la oración y guardando las paredes, tu que te quejas con Tobías porque no vez a Jesús en la cruz como un palo pintado, tu que comulgas con una frialdad como de mármol, tu que te acercas a la piscina buena y sana cuando poco antes te parecía que estabas enferma de muerte, tu que te quejas y crees que no t entienden, tu que te vistes de cilicios como si fueran víboras por el horror que tienes a la penitencia. Alégrate, acércate a Belén verás a Jesús durmiendo en los brazos de María su tierna Madre, no toques has que despierte, entre tanto entona el himno de los niños que es estaban en medio del horno de Babilonia y concluye con la antífona de las vísperas de ese día. Sea glorificado el Rey pacífico, cuyo rostro desea toda la tierra. Ya oigo que quieres recordar las palabras de Pedro que oísteis el día de vuestra consagración que ya os estáis preparando para decirle a Jesús cuando con los ojos de la fe veréis el resplandor de su gloria. ?Señor, bueno es que nos estemos aquí? ¡bello pensamiento! Pero hagamos los preparativos para recibirla. Estos serán las virtudes con que debe ir ataviada una virgen, una religiosa y nos fijamos en el amor, en la caridad para con Dios ¡oh! ¿y qué mejor preparativo? ¡pues no la caridad hace nacer en nosotros la santidad? No con ella misma crece, llega a ser grande, perfecta, hasta tener su consumación en la gloria? San Agustín así lo asegura. La caridad es una de las virtudes teologales infusa en nuestra alma, ella levanta nuestra voluntad a amar a Dios sobre todas las cosas, por sí mismo y por el mérito que tiene de ser amado. Toda la esencia de la caridad se haya en estas palabras porque no puede tener otro objeto que el mismo Dios, ni animará nuestra vida sino infusa en nuestra alma por el Espíritu Santo como dice el Apóstol San Pablo. Que la caridad eleve nuestra voluntad es indudable porque si para todo acto meritorio es necesaria esta virtud que siempre va unida con la gracia santificante, cuanto más lo será para producir un acto de perfecta caridad por el cual el alma se une con Dios por participación; porque es propio del amor el convertir al amante en la persona amada, de manera que venga a ser esta por el afecto, cual es aquella en efecto, y lo confirma la célebre sentencia de San Agustín: si amas la tierra, tierra serás; si amas a Dios dice que será otro Dios. Grande es la prerrogativa de la caridad como dice Sto. Tomás, porque no sólo es ella amor para con Dios, sino que es una verdadera amistad con El, porque el amor mutuo que indispensablemente se requiere para la verdadera amistad se haya en la caridad pues quien la posee ama a Dios y es amado del mismo Dios como dice Ntro. Señor Jesucristo que amándole nosotros seremos amados de El y de su divino Padre, y también el discípulo amado dice; que el que tiene caridad está en Dios y Dios en é con recíproco amor. Por la caridad tomamos posesión de Dios en esta vida, participando de su divina naturaleza, como dice San Pedro, y en la vida venidera se nos da un derecho a la posesión de Dios de una manera más perfecta. Lo dice Sto. Tomás, que la amistad entre Dios y el alma fundada en la caridad, comienza en la vida presente para continuar en la otra con perpetua felicidad. ¡Con razón esta amistad es el objeto de nuestros desvelos! Y su Amán se gloriaba de la amistad del Rey Asuero, y aun se jactaba de que la reina Esther a ninguno otro sino a él, había convidado a su mesa; cuanto más deberá gloriarse una religiosa de la divina amistad con el infante de Belén con aquel divino Asuero? Tiene la caridad otra prerrogativa que le da nuevo lastre, que perdida esta quedan muertas todas las otras virtudes dignas de mérito, y plantada de nuevo vuelven todas a florecer. Bella es la comparación de la caridad con el sol, ocultándose esta en nuestro horizonte, luego pierden su hermosura las flores, los collados, su amenidad, los prados, su verdura, las aguas su limpieza, la nueve su candor y todas las cosas su belleza. Pero volviendo el sol a resplandecer sobre el horizonte, tornan a recobrar su verdor los prados, su belleza las flores, su azul los cielos, su candor las nueves y todas las cosas se viste de su antigua amenidad. Partiendo de nosotros la caridad se va pródiga a tierras lejanas a ser compañía de animales inmundos, pero volviendo vienen a ser santas todas las virtudes y con más razón exclama San Bernardo ¡oh feliz caridad! De ti nace la fortaleza de las buenas costumbres, la pureza de los afectos, la sutileza de las inteligencias, la santidad de los deseos, el lustre de las obras, la fecundidad de las virtudes, la excelencia de los méritos y la sublimidad de los premios. Yo, dice el Señor, he bajado del cielo a la tierra para derramar en vuestros pechos incendios de caridad ¿y qué otra cosa quiero si no que se enciendan? Pero como son los deseos como las alas de la paloma para dar ellas altos y sublimes vuelos hasta descansar en el santo amor, sólo Dios nos puede dar esas alas, con las cuales nuestro corazón pesado por la tierra de que está formado llegue a ser ágil y ligero y levantándose en alto, llegue a reposar con amorosa quietud en el Corazón de Dios, pero no bastan las alas, es necesario emprender el vuelo, es necesario pedírselo a Dios porque si Dios no concede ordinariamente sus dones, sino a los que se los piden, mucho menos nos otorga su santo amor sino de lo rogamos. Pero aun los ruegos no tendrían un cumplido afecto, sino desocupando nuestro corazón de nosotros mismos, es decir del amor de las comodidades, a las propias satisfacciones, a la honra y a nuestras propias ventajas sin miramiento a Dios porque es preciso que este amor nocivo se aniquile, se amortigüe y si es posible se extinga para que nuestro corazón guarde en pacífica posesión de Dios, pero alguno me dirá que es muy duro estar siempre con el azote en la mano, para reprimir a todos los afectos del alma, es cierto lo confieso también, pero de otra manera no podemos progresar en el divino amor. Vosotras lo estáis probando, os trajo a la religión y este mismo amor de Dios ha hecho dulce la pobreza, las contradicciones, los disgustos y las lágrimas. Volveré a exhortaros con las palabras del Venerable Beda, que oísteis en otra ocasión, aliento hijas mías, emprended con valor y con esfuerzo el camino de vida, el cielo es nuestra patria, suspiramos por aquella celestial mansión por aquel océano de amor. Quien ama de Dios con amor de caridad, que es una verdadera amistad entre Dios y el alma como antes dijimos se alegra de los bienes inmensos de que lo ve colmado; le prefiere a cualquier otro bien que se l proponga; le desea aquel bien que le falta, y se duele mucho de las ofensas que le hacen. He aquí los actos de la verdadera caridad; amor de complacencia, amor de preferencia, amor de benevolencia y amor de contrición. Una religiosa que ama a Dios no tanto como así misma (lo que sería una injuria grave) sino sobre sí misma al ver que se haya en El todo bien posible, y nada le falta de perfección y excelencia de cuanto se puede concebir, d poder, de sabiduría, de belleza, de bondad, de majestad, de inmensidad, de grandeza, y de amabilidad, es infinitamente inferior a sus divinos atributos, que El es sumamente feliz, sumamente contento, sumamente bienaventurado en sí mismo y que la bienaventuranza de que gozan todos los personajes del cielo no es sino una gota de felicidad en comparación del contento que en sí contiene. ¿Qué otra cosa podrá hacer sino regocijarse de tantos bienes como se conocen en el objeto amado? Y de sentir complacencia, contento y gusto como si ella estuviese enriquecida de tan excelsos bienes? Imitemos a aquellos espíritus celestiales que a la vista de las inmensas perfeccionasen su amado Señor, sumergidos en gozo cantan una perpetua aleluya y se animan unos a otros a regocijarse, y saltar de placer y a darle al Señor una eterna alabanza y gloria inmortal como dice San Juan en el Apocalipsis. Ojala vosotras estéis abrazadas en este amor de complacencia cuando lleguéis a la cuna de Belén, como aquellas virgen que habiendo llegado en breve a concebir tan vivas llamas de caridad, jamás quedaba satisfecho su corazón por el deseo de amarlo más. Bien lo probó cuando una víspera de la natividad le consoló la Sma. Virgen a su querido Hijo en sus brazos; toma hija mía querida le dij toma a mi Divino Infante que yo te lo doy, ponle en tu seno, mírale y abrázale a tu placer. Dio el Divino Niño a que la casta virgen se regalase con El. Después cuando al vio en el colmo de sus contentos le dij ¿Y bien querida esposa mía me amas tú de veras? ¡Si respondido ella encendida en sagrado fuego! Os amo más que a mi misma vida. Complaciéndose el Divino Niño de aquellas amorosas ansias le tornó a decir ¿Pero tú dices que de veras me amas tanto? Todo el mundo dice que me ama y después de eso encuentro muy pocos que me sepan amar. ¡Yo os amo! Replicó la doncellita os amo más que a mi corazón! Pero cuando dijo el Niño Jesús ¿me amas más que a tu corazón? No pudiendo ella resistir aquella saeta de amor ¡Jesús mío, ya que no puedo convenceros con las palabras dígalo mi corazón! Y he aquí que sobrecogido el corazón de la vehemencia de aquel amor gozoso se abrió, y exhalando suavemente el alma la fervorosa virgen iba repitiendo con desmayadas palabras. ¡Jesús mío yo os amo! Una religiosa prefiere la muerte, todos los males del mundo, por no cometer un pecado mortal; hallándose en este estado, ha adquirido el primer grado de amor. Si después estas dispuesta a sacrificar todo apetito de placer, de honra, de hacienda, aun la misma vida por no causas aquel ser perfectísimo y amabilísimo de Dios el pequeño disgusto de una culpa ligera, su amor de preferencia ha subido a un grado más de perfección. Si después está aparejada para cumplir su voluntad aunque no le sea intimada por obligación y también a procurar su mayor gloria y su mayor honra a costa de cualquier trabajo, de cualquier pena y de la misma muerte, su amor de preferencia ha subido a un punto más alto de perfección. Una religiosa por el amor de benevolencia que le tiene a su Dios, le desea toda aquella gloria que le puede resultar de sus criaturas, ya que El en el centro de su gloria no necesita de nosotros, le alaba, se humilla, le ofrece las adoraciones de los ángeles y todos los obsequios que le tributan los santos en la tierra. Le ofrece la gloria que El mismo se ha dado en los siglos eternos, y se dará en los venideros. Convida a todas las criaturas a publicar sus magnificencias y por último suspira con todo el ardor de su corazón por la eterna mansión para continuar allí sus alabanzas. Y no para en esto; sino que derrama sus deseos de cuantas maneras puede con sus prójimos, con sus hermanos. El alma se complace de las divinas perfecciones, de aquel bien infinito que ve en Dios, le desea todo aquel bien de que le ve privado, y que le prefiere a su gusto, a su interés, a su honra, a su vida; al acordarse de que tantas veces lo ha pospuesto a sus caprichos y antojos, no puede menos de sentir una grande pena e íntimo dolor aflictivo, suave y tierno por esta llama de amor y de confianza en Dios; este dardo le está clavado en el corazón, este le traspasa siempre, este le esfuerza siempre a gemir y llorar. Así lo hacía el Santo Rey Ezequías repitiendo consigo mism pensaré en mis años pasados y con amargo dolor detestaré mis yerros y defectos. Santo Tomás quiere que esta penitencia interior, este dolor amoroso dure toda la vida. San Agustín dice lo mismo y añade además que si alguno no hubiese contaminado su conciencia con la culpa mortal, sin embargo por el polvo de las culpas ligeras que se van pegando al alma que vive en esta tierra lodosa, deben hacer cotidiana penitencia. Es verdad que estas no dan una herida mortal al alma, con todo, todas juntas son una roña y una lepra que le quitan una cierta hermosura y la separan de los dulces y castos abrazos del celestial Esposo si no se borran con una cotidiana penitencia. Santa María Magdalena de Pazzis decía: que de la presente vida es más propio el amor doloroso de contrición y de la vida futura el amor gozoso de complacencia. De Santa Paula cuenta San Jerónimo que sus ojos eran dos fuentes de lágrimas, que las que no la conocía, la hubieran juzgado rea de los más graves delitos. Y con razón el Sto. Rey David le pedía más y más agua para purificarse a pesar de la esperanza que tenía de haber alcanzado el perdón, decíale al Señor: lávame más y más. Una esposa amante no sólo se duele de las infidelidades que contra su Esposo ha cometido, sino también de las que otros cometen contra El. Yo creo de vosotras que darías vuestra vida, por evitar un pecado mortal, que creo que aun por menos u si no, cuando sueñas que alguna podría prevaricar ¡no les cuesta un amargo llanto? Tenéis razón, porque se cumple El Evangelio cuando dice: que el que pone mano al arado y vuelve atrás no es apropósito para el reino de Dios. Yo oigo que me decís que para complacerse en las divinas perfecciones, que para procurar la gloria de Dios, que para hacer cotidiana penitencia con Santa Paula se necesitan lágrimas, que el corazón se inflame; no hablamos en ese sentido, bien podéis quedaros con los ojos enjutos, con el corazón sin dar un latido de alegría o sentimiento extraordinario, sin esto y con eso nuestro amor puede ser muy tierno y muy sincero acaso cuando le ofrecéis vuestra casa a alguna persona ¡toman parte todos los miembros del cuerpo? Basta la sinceridad de las palabras para que lo crean. Me replicaréis que veis algunas personas que se están mucho en el confesionario, y que se paran como otras Magdalenas, creo que tendrán mucha razón pero no es censurable el modo con que vosotras lo practicáis, con la gravedad, brevedad y respeto que se merece aquel lugar; concluiremos. ¿Qué obsequio podremos llevar más excelente a la cuna de Belén en aquel día, que nuestro amor y nuestro reconocimiento? Pues este se encenderá más, si fijamos nuestra atención en el amor de ese pequeño Niño hacia nosotros? Desde el principio sin principio de su ser ya nos amaba. ¡Estupendo amor! Amarnos antes de tener ser, cuando aun estábamos en la nada. Apenas crió las aves, los peces, los animales y las plantas, los frutos, el sol, la luna y las estrellas. Ya por medio de estas criaturas nos manifestó que nos amaba, poniéndolas bajo nuestro imperio, dominación y gobierno. Coloca al primer hombre en un paraíso de delicias, hacho a su imagen y semejanza lleno de gracia, de riqueza y hermosura. Paga el primer hombre con él nosotros, tan grandes favores con ingratitudes, y el Señor los multiplica de nuevo para volverle a su amor. Persevera el hombre siempre y rebelde y obstinado en el pecado y envía a su Unigénito Hijo al mundo para su total remedio. Anonadase un Dios inmenso hasta tomar la forma de siervo, padece por amor del hombre y muere por su amor. ¡Oh amor grande, amor infinito, amor excesivo de mi Dios! ¿Quién es el hombre para que tanto le ames? ¿Quién sois Vos que tanto amáis al hombre? ¿No es el hombre un vil gusano, un saco de inmundicias, un poco de polvo y nada? ¿No es el hombre un ingrato, rebelde y desconocido? ¿No es el hombre quien pisa vuestra ley, quebranta vuestros mandamientos, desprecia vuestros castigos? ¿Pues qué amáis Dios mío en el hombre? ¡Vos que sois infinitamente perfecto en todas las perfecciones! ¡Vos que tenéis cielo en que gozaros Ángeles con quien complaceros, y que podéis criar millones de criaturas que os alaben fielmente os sirvan, y ardientemente os amen? ¿Para qué amáis tanto al hombre? No por otra cosa quiso Dios amarnos tanto, sino porque nosotros le amásemos como dice San Pedro Crisólogo. ¡Es posible Dios mío! ¿Tanto vale mi amor? ¿Tanto gustáis de mi amor? ¿Tendré valor para no amaros? Corazón, Alma, Vida, sentidos y potencias, cuerpo y alma ofreceos todos en sacrificio, en holocausto sobre el encendido fuego del divino amor, que este sea el pesebre, la cuna, los pañales, con que recibamos al Divino Infante. Dulce Jesús caridad esencial, fuente inagotable de aquel sagrado fuego que abraza a los ángeles, bienaventurados y a todos los escogidos. ¡Desciende sobre nuestras almas con tu espíritu vivificador y aunque te vemos en Belén vestido de nuestras flaquezas, creemos que eres la santidad por esencia y en tu Divinidad en todo igual al Padre con el Espíritu Sto. Por último os diré lo que el Apóstol San Pablo a los filipenses: Gozo mío y corona mía estad firmes en el Señor carísimas. Vuestra docilidad, vuestra fidelidad y vuestra constancia me llenan de gozo. El deseo que tenéis de amar más y más a Dios me llena de gozo y me causa una santa envidia; permaneced firmes en este deseo, arded cuanto queráis en él y participadme de ese fuego sagrado para que abrazados de él, en nuestra muerte merezcamos la corona inmarcesible de la gloria. Así sea. CARISMA Y MISIÓN Nuestro carisma procede de la profunda experiencia de Dios que el Espíritu Santo concedió a San Francisco de Asís, a quien, con una vida de total conversión a Dios en la oración y en la penitencia, dio respuesta a la invitación divina: "Francisco, repara mi Iglesia" Nuestras primeras hermanas Sor María de la Luz de Cristo Crucificado, Sor Juana Méndez de San Felipe Neri y Sor María del Refugio Maldonado de la Preciosa Sangre, siguiendo el testimonio y la inspiración apostólica de nuestro Padre Fundador, participaron de estos ideales y nos los trasmitieron. Ellas, en actitud de permanente conversión a Dios, se dedicaron a restaurar la viña del Señor, destrozada por la persecución religiosa, sirviendo a los enfermos en los hospitales y en la educación cristiana a las niñas pobres. 
Sor María de la Luz de Cristo Crucificado (Doloritas) NUESTRA MADRE COFUNDADORA DE LA CONGREGACION Nuestro carisma es: Ser en la Iglesia miembros constructivos mediante la entrega total a Cristo pobre y humilde, para restaurar la viña del Señor en la oración, sacrificio y acción apostólica. NUESTA VIDA APOSTOLICA Nuestro apostolado principal será el testimonio auténtico de vida consagrada mediante la fiel observancia de nuestro compromiso evangélico de seguir a Cristo pobre y humilde, el cual fomentaremos constantemente con la oración y la conversión. APOSTOLADOS Pastoral de la educación, Pastoral de la salud, Casas hogar, Hogar de adultos mayores, Evangelización y catequesis, Casas de retiro. Actualmente la Congregación de Hermanas Franciscanas canónicamente está eregida en cinco Provincias Provincia de El Divino Salvador: Centro - Occidente de El Salvador, Guatemala, Honduras. Provincia Santa Clara de Asís: Baja California, Estados Unidos Provincia de Cristo Rey: Centro, Norte de México Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe: Centro y Sur de México Provincia de Nuestra Señora de la Paz: Centro - Oriente de El Salvador, Nicaragua, Costra Rica, Perú, Chile, Argentina. Además la Congregación trabaja en las Misiones Ad Gentes (Africa) Muy estimada jóven, si Usted siente que Jesús de Nazareth la llama a formar parte de la familia franciscana en esta Congregación puede solicitar aquí mismo la información necesaria tomando encuenta su ubicación geográfica. 
FELICIDADES Y BENDICIONES EN ESTA NAVIDAD Y AÑO NUEVO 2011. El Señor los bendiga y los guarde les muestre su rostro y les tenga misericordia los mire benignamente y les conceda la paz el Señor los bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. | |
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