Nació en el rancho de la Concepción, Guanajuato, el 17 de marzo de 1985, siendo bautizada el día 27 de mayo del mismo año con el nombre de María Patricia Magdalena. Sus padres don Eleno Patlán y doña Cruz Sánchez, supieron educar a su hija, dándole ejemplo de una sólida vida cristiana. Sus primeros años de estudio los realizo en el internado de las Hermanas Carmelitas Misioneras de Santa Teresa. Ingresó a la Congregación de Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción el 17 de febrero de 1912. Al recibir el santo hábito el día 18 de mayo de ese mismo año recibió el nombre de Sor Humilde Patlán del Niño Jesús de Praga. Realizó su primera profesión el 25 de mayo de 1913. Con mucha responsabilidad y entrega a Dios y a sus hermanas prestó los servicios de: maestra de postulantes, novicias, superiora local, vicaria general y superiora general. 
"NO SE DESALIENTE Y PROCURE SER MUY CONFORME CON LA SANTISIMA VOLUNTAD DE DIOS" Se declara la persecución religiosa
A pesar de los peligros que por todas partes comenzaban a amenazar a nuestras religiosas, la Madre Humilde tuvo el consuelo de obtener el 1º. de enero de ese año (1925), los documentos que acreditaban la fundación canónica de la casa de Nuestra Señora del Refugio en Acámbaro, Gto. Fue sólo un respiro, porque en febrero siguiente el gobierno clausuró el asilo de Coyoacán y ordenó la exclaustración de las religiosas. Se alcanzó, empero, un amparo, gracias al cual pudieron las religiosas disponer de 72 horas para desocupar la casa y salvar las sagradas imágenes, muebles y libros. La Madre Humilde al verse obligada a abandonar la Casa Central, se refugió, con un pequeño grupo de religiosas, en la calle del Cedro (colonia Santa María la Rivera), México, D.F. El noviciado, por efecto de la misma clausura policíaca de la Casa Central, y por disposición de la Madre General se dividió en dos grupos. El primero se refugió provisionalmente en casa de la sra. Rettes, en las calles de Turín 39, colonia San Rafael. Las novicias de este grupo estuvieron al cuidado de la maestra de novicias la Madre Bernardina. El otro grupo permaneció valientemente en los locales clausurados. No utilizaron las novicias el antiguo noviciado, sino un jacalón que unos piadosos varones construyeron en los terrenos de la huerta. Se comunicaba a la casa vecina de unos excelentes bienhechores, por una horadación disimulada, que se practicó en los muros correspondientes. Por allí pasaban cuantos querían prestar algún servicio a ese grupo de novicias, desde el sacerdote que les llevaba diariamente la Sagrada Comunión, hasta la Madre General que, con generosa premura, velaba por sus hijas. La Madre Angélica Ulloa, el 7 de abril, fue encargada de este grupo de novicias. El mes de septiembre fue posible reunir los dos grupos de novicias en la ex ? hacienda de El Rosario, de la señora Esquel, quien puso a disposición de las novicias, un departamento adecuado dentro de la misma hacienda. Al principio las novicias gozaron de toda suerte de auxilios espirituales; pero como la persecución arreciase, la bienhechora significó que ya no permitiría el ingreso de ningún sacerdote. En tan apurado trance, el sr. obispo Don Maximino Ruiz y Flores, avisado oportunamente, dispuso, de acuerdo con las facultades entonces otorgadas por la Santa Sede, que una religiosa administrase reverentemente la sagrada comunión a las novicias y demás religiosas, allí reunidas. La encargada de administrar la Eucaristía, recibió las instrucciones, de depositar la Sagrada Forma en la mano, y no en la boca de las que quisiesen comulgar. 
Fundación en los Estados Unidos
En julio de ese año, con licencia del Ilmo. sr. obispo auxiliar Don Maximino Ruiz, cinco religiosas se trasladaron a los Estados Unidos para fundar una casa de refugio para la Congregación. Emprendieron el viaje hacia Laredo, de donde pasaron a San Antonio, Texas. Allí fueron amorosamente acogidas por las religiosas de la Divina Providencia, en cuya casa pasaron seis meses. Las que formaban ese grupo de valientes esposas de Cristo era: Madre Belén Rico, que desempeñaba el alto cargo de Vicaria General de la Congregación, además las madres Magdalena Hernández, María del Buen Consejo Andrade, Loreto Arredondo y Emerenciana Pastor. Como no encontrasen lugar para su anhelada casa religiosa de refugio en San Antonio Texas, las Rev. Madres se dirigieron a California, en donde residía el M. R. P. Albano Schwarze, franciscano, quien poco tiempo antes había ejercido el delicado cargo de Visitador General de los Franciscanos en México y había tenido oportunidad de estar en contacto con algunas de nuestras casas. El Padre Albano presentó a las religiosas con el padre provincial de la Provincia Franciscana de Santa Bárbara de California, quien encargó al Padre Francis Redman que viera por ellas. El padre Francis lleno de caridad aceptó de muy buen grado el encargo y, como primera providencia, presentó a nuestras religiosas al Ilmo. sr. arzobispo de los Angeles, quien a su vez encargó al padre Redman las ayudara a buscar casa en su diócesis. En el ínterin que se encontraba esa casa, el padre Francis hospedó a nuestras hermanas en una casa de las Hermanas de la Caridad, en donde permanecieron por unas cinco semanas. Entre tanto el padre Francis con sus buenos oficios, logró que el padre Eumelen, párroco de Santa Ana, California, acogiera permanentemente a las religiosas, señalándoles un lugar en el barrio mexicano de su parroquia; pidió le ayudaran a misionar entre los connacionales establecidos allí. Realmente las madres buscaban ante todo un lugar apropiado para establecer el noviciado de la Congregación, el cual, por causa de la persecución callista, se hacía casi imposible en México. Finalmente, no sin pasar los trabajos propios de toda primera fundación, lograron establecerse permanentemente en Santa Ana y abrir un asilo para ancianos Fue ésta la primera casa que la Congregación abrió en el vecino país del Norte. Las formalidades jurídicas se arreglaron el año siguiente, como veremos posteriormente. 
LA FOTOGRAFIA NOS PERMITE APRECIAR MOMENTOS DE LA SESIÓN DE CLAUSURA DEL PROCESO DIOCESANO. Clausura policíaca del Colegio de Monclova El 3 de julio de este año la Madre General avisó a su Consejo que los agentes de Gobernación habían clausurado el colegio que la Congregación tenía establecido en Monclova, lo que tristemente tuvo lugar el 27 de mayo de ese mismo año de 1927. Las autoridades civiles conminaron a las religiosas con expulsarlas del país, si se atreviesen a abrir de nueva cuenta ese establecimiento educativo. Fruto de la persecución religiosa: exclaustración - nueva fundación En la tercera semana de abril de este año de 1928, dos individuos sospechosos visitaron el hospital de Nuestra Señora de Lourdes que la Congregación tenía establecido en la ciudad de San Cristóbal Las Casas. Hicieron extrañas preguntas que revelaban a las claras su carácter de agentes del gobierno. La Madre Superiora procuró responderles prudentemente. Se informaron sobre el médico que se encargaba de la dirección del hospital y de los medios económicos con que se sostenía el personal, etc. El 22 de abril a las ocho de la noche, un piquete de soldados, pistola en mano, allanaron el local, aprehendieron a las religiosas Cristina Ramírez, Socorro Uribe, Alfonsina Segovia, María del Amor Chávez, Lucina Montoya y Rosalía Rodríguez; las obligaron a subir en carros que encaminaron a Comitán, en donde esperaban aprehender asimismo a las religiosas de la casa de ese lugar y exclaustrarlas con igual lujo de violencia. Pero las hermanas de esta última ciudad, habían tenido oportuno aviso de las arbitrariedades que se pretendía cometer contra ellas. Abandonaron, pues, a tiempo la casa religiosa y se ocultaron prudentemente, de modo que, cuando llegaron los soldados, no encontraron allí alma viviente. El pueblo católico de Comitán no se acobardó ante la presencia de los soldados que con tanto lujo de fuerza se enfrentaban con unas modestas e indefensas religiosas. Ese mismo pueblo recibió con mucho amor a las religiosas que traían presas desde San Cristóbal en los carros del ejercito diversas personas de la población proporcionaron a las hermanas, alimentos, ropa, dinero, hasta el punto de provocar el siguiente envidioso y desalmado comentario de un soldado: A padres y madres no les tengo lástima, porque adonde quiera llegan, ya encuentran la mesa puesta. 
EL EMINENTISIMO SEÑOR CARDENAL NORBERTO RIVERA CARRERA REVISANDO LOS DOCUMENTOS QUE SE ENVIARON A ROMA. De Comitán los militares llevaron a las hermanas hasta la frontera con Guatemala. Una vez en la aduana los oficiales en turno, so capa de cortesía, les facilitaron a las religiosas los pasaportes para internarse en la vecina República de Guatemala. En realidad se trataba de una violenta expulsión del país, contra toda ley y derecho. Pero las religiosas, con tal de verse libres de la brutal compañía de la soldadesca, dieron gracias a Dios, aceptaron los pasaportes, y, a pie, como pudieron, se dispusieron a internarse, sin conocer a nadie, sin protección de ninguna especie, por tierras guatemaltecas. Al pisar la línea divisoria internacional, un soldado, admirando la fortaleza y prudencia de las hermanas, no pudo menos de pedirles perdón. A la primera finca que llegaron, pidieron hospitalidad, diciendo en alta voz: Gracias a Dios. Salió al punto la dueña de la finca, quien llena de admiración les dijo: Gracias a Dios, es precisamente el nombre de ésta mi finca. Dióles hospedaje con mucho amor y miramientos durante seis días; después de los cuales las religiosas manifestaron su deseo de continuar ese viaje que no sabían adónde las llevaría, pero confiaban más que nunca en el Señor. Hicieron el viaje a caballo, facilitado por los señores de la finca, pero pasaron malos días, pues hasta se vieron privadas, a las veces, de los necesarios alimentos. Dormían a la intemperie, bajo la cúpula celeste tachonada de estrellas y luceros, y a las horas del alba, los pajarillos con sus armoniosas notas las invitaban a elevar sus oraciones y cánticos al Señor y a proseguir adelante aquel incierto viaje a través de la Sierra de Guatemala. Llegaron a un poblado de nombre Chantla, donde fueron caritativamente acogidas por el párroco, quien puso a su disposición un carro que las llevó hasta la ciudad de Huehuetenango, de donde pasaron a Mazatenango. Aquí tomaron el ferrocarril para la ciudad de Guatemala. Al llegar a esa capital, tuvieron la grata sorpresa de encontrarse con el Padre Don Eduardo Flores, rector del Seminario de San Cristóbal las Casas, desterrado meses antes de México, quien tuvo la delicada atención de irlas a esperar a la estación y de buscarles acomodo en la misma ciudad. Hospedáronse las hermanas en la Casa Provincial de las Hermanas de la Caridad en donde permanecieron una semana, pero sin conseguir lugar para establecerse de fijo, antes bien fueron invitadas a pasar adelante. Entonces la Madre Cristina providencialmente recordó que el padre Don Agapito Martínez cuyas caritativas intervenciones en favor de la Comunidad ya hemos tenido oportunidad de narrar, se encontraba en Santa Ana, población de la vecina República de El Salvador. Dicho sacerdote había sido también párroco de San Cristóbal las Casas, y las hermanas habían tenido oportunidad de conocer su gran caridad. Pusiéronle pues un telegrama dándole aviso de su destierro y llegada a la ciudad de Guatemala. El padre Agapito Martínez, tan servicial como siempre, no bien hubo recibido el telegrama, se puso en comunicación con el Ilmo. Sr. Alfonso Belloso, arzobispo de San Salvador, en la República de El Salvador, e intercedió a favor de las religiosas. El sr. arzobispo bondadosamente acogió las súplicas y ordenó al padre comunicara a las hermanas que estaba dispuesto a recibirlas en su arquidiócesis y a permitirles establecerse en ella. El padre Agapito Martínez participó lo anterior a las hermanas, quienes al punto se pusieron en camino hacia la República de El Salvador, y, con la gracia y bendición de Dios, fueron a establecerse en la ciudad de Zacatecoluca, en donde se encargaron de la atención del hospital de Santa Teresa y tuvieron a la vez casa religiosa donde morar. Esta última se dedicó al seráfico Padre Francisco. Copiamos textualmente el documento de contrato de trabajo que firmaron el día 30 de mayo de 1928 el Gobierno de la República de El Salvador, el Director del Hospital Santa Teresa, y en representación de la Congregación la Arquidiócesis de San Salvador. Contrata de trabajo El Supremo Gobierno de El Salvador por una parte, y las Hermanas Franciscanas representas por el Excelentísimo señor Arzobispo por otra, convienen en lo siguiente: 1º. La Superiora de las Franciscanas se compromete a mantener constantemente en el Hospital Santa Teresa de Zacatecoluca, para atender el régimen y disciplina interior del Establecimiento tres Hermanas. 2º. El Hospital Santa Teresa proporcionará a las Hermanas lo necesario para su sostenimiento, como alimentación, aseo de ropa, habitaciones etc., asignándole además a cada una de ellas, la suma mensual de doce colones. Dicha suma se pagará a la Superiora por cuenta de todas ellas. 3º. Si una de las Hermanas se enfermase será asistida por sus compañeras en su enfermería particular, costeando los gastos que ocasionen al Establecimiento. Cuando la edad o una enfermedad imposibilitare alguna de las Hermanas para continuar sus servicios en el Hospital, podrá seguir en la casa con el consentimiento de su Superiora y del Director del Establecimiento, una vez que tuviere lo menos diez años de servicio en el Hospital, pero en este caso no recibirá honorarios. 4º. En caso de fallecimiento de alguna de las Hermanas, los gastos de sepelio y rituales se harán por cuenta del Hospital. La hermana que faltare será repuesta por la Superiora para cubrir su obligación. 5º. La Dirección del Hospital por una parte y la Superiora por otra, podrían provocar el cambio de las Hermanas, pero los gastos que se ocasionen por ese motivo, se harán por cuenta de la parte que provoque el cambio. 6º. Cuando se llegue el caso de aumentar el número de las Hermanas, las que vinieren serán admitidas en las mismas condiciones que las primeras. 7º. En caso de que cualquiera de las partes contratantes quisiere rescindir de esta contrata, deberán darse aviso recíprocamente y fijar de común acuerdo la época de la rescisión que no efectuará nunca antes de los cuatro meses de la fecha de la notificación. Los gastos ocasionados con motivo de la rescisión caso de verificarse, serán pagados por la parte que haya querido rescindir la contrata. Firmado en San Salvador, en cuatro ejemplares para distribuirlos así: una para la Superiora de la Casa; otro para el Supremo Gobierno, otro para el Director del Hospital Santa Teresa, y otro para la autoridad Eclesiástica de esta Arquidiócesis el día treinta de mayo de mil novecientos veintiocho. (f) Antonio Domínguez En la siguiente fotografía la Sierva de Dios Humilde Patlán Sánchez captada cuando ejercía el segundo período de Superiora General en la Congregacion (1928 - 1933) 
 

Ante la Congregación de las Causas de los Santos se encuentra como actor de la Causa: Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción; Postulador: R. P. Giangiuseppe Califano, OFM; Vicepostuladora: Hermana Lucía Isabel Morales Escobar, HFIC. * Desde ya puede adquirir la agenda para el año 2010; el tamaño es de 10.5 X 14 cm. encuadernada con pasta dura. La ofrenda es de 100 M/N.
* Si quiere colaborar con la Causa de Beatificación y Canonización, lo puede hacer orando todos los días para que el Señor nos conceda el milagro por medio de nuestra Sierva de Dios y enviando su granito de arena para sufragar gastos.
ORACIÓN PARA PEDIR LA GLORIFICACIÓN DE LA SIERVA DE DIOS HUMILDE PATLÁN SÁNCHEZ. Dios Omnipotente y Misericordioso Padre de Nuestro Señor Jesucristo por el gran amor que nos has manifestado por tu Hijo, concédenos desear profundamente la santidad como se lo concediste a tu Sierva HUMILDE PATLÁN SÁNCHEZ DEL NIÑO JESÚS, y, si es tu voluntad, para que todos seamos pronto testigos de su glorificación concédenos alcanzar la gracia de (pídase la gracia o el favor que se necesita). Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. Se reza un Padre Nuestro, Ave María, y Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Amén. Se reuga comunicar las gracias y favores alcanzados por su intercesión a: Hna. Lucía Isabel Morales Escobar, HFIC Causa de Canonización Sierva de Dios Humilde Patlán Sánchez, La Otra Banda No. 35 San Angel - Alvaro Obregón 01000, México, D. F. Tel. 56 16 25 08; 55 50 78 56
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