La ilusión de sincronía ante el tiempo se desploma. El control es una broma para drenar energía.

No existe en el caos idioma que la conciencia comprenda ni verdades que trasciendan la corrupción de su axioma.

Para que la vida encienda su complicada armonía hay que buscar la valía en lo que poco se entienda, dejando que el mundo extienda sus caprichos aparentes en sistemas coexistentes que desmientan lo aleatorio en el caos contradictorio, donde todo es consecuente.