Héctor Díaz-Polanco

Autonomía regional
La autodeterminación de los pueblos indios

Siglo XXI Editores, México, 1991

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Índice

Prólogo

PRIMERA PARTE
LAS IDENTIDADES EXCLUIDAS

CAPÍTULO I
FORMACIÓN NACIONAL Y CUESTIÓN ÉTNICA

1. La Heterogeneidad Étnico-nacional en Europa; 2. Formación Nacional y Grupos Étnicos en Hispanoamérica; 3. Integración Nacional contra Pluralidad Sociocultural; 4. Las Élites, el Estado y las Etnias; 5. Del Nacionalismo Criollo al Centralismo Liberal.

CAPÍTULO II
POLÍTICA COLONIAL Y ESCLAVITUD

1. La Esclavitud de los Indios; 2. El Requerimiento y la "Justa Guerra" contra los Indios; 3. La Abolición de la Esclavitud India; 4. El Descalabro de la Población India.

CAPÍTULO III
EL MUNDO DEL INDIGENISMO COLONIAL

1. Los Intereses Encontrados; 2. Las Sediciones de los Criollos; 3. Encomienda, Repartimiento y Servidumbre por Deuda; 4. Segregacionismo y Asimilacionismo; 5. El Papel Ideológico y Político de la Religión; 6. Pueblos de Indios y Nueva Identidad.

CAPÍTULO IV
EL INDIGENISMO DE LA VIDA INDEPENDIENTE

1. El Indigenismo Liquidacionista de los Liberales; 2. El Indigenismo Integracionista: del etnocidio a la etnofagia; 3. El Etnicismo: fundamento de un nuevo indigenismo; 4. Cuestión Étnico-nacional y Cambio Social.

SEGUNDA PARTE
POR LOS CAMINOS DE LA AUTONOMÍA

CAPÍTULO V
LAS NUEVAS LUCHAS ÉTNICAS Y LOS CAMBIOS
TEÓRICO-POLÍTICOS

1. Las Nuevas Luchas Nacionales de los Grupos Étnicos; 2. Los Cambios en la Perspectiva Teórico-política; a) La crítica a partir de los aportes de Gramsci; b) Los efectos del objetivismo; c) La dialéctica de los sujetos; d) El hecho popular-nacional; e) La cultura como política; f) La cultura popular: hegemonía y crítica; 3. El Replanteo de la Cuestión Étnico-nacional y la Autonomía.

CAPÍTULO VI
FUNDAMENTOS DEL SISTEMA AUTONÓMICO

1. Autonomía y Estado; 2. Autonomía y Derechos Étnicos; 3. Autodeterminación y Autonomía; 4. La Base Territorial; 5. El Carácter Legal y Constitucional; 6. Las Competencias Autonómicas.

CAPÍTULO VII
TRES CASOS DE RÉGIMEN AUTONÓMICO: URSS, ESPAÑA Y NICARAGUA

1. El Régimen de Autonomía en la URSS; 2. Las Comunidades Autónomas en el Estado Español; 3. Las Regiones Autónomas en Nicaragua.

CAPÍTULO VIII
PERSPECTIVAS DE LA AUTONOMÍA REGIONAL

1. Un Caso de Reforma Legal; 2. Una Reorganización Territorial Aplazada; 3. Un Caso de Lucha por la Autonomía: el Istmo de Tehuantepec; 4. Autonomía: mito y realidad; 5. Perspectivas.

Siglas y abreviaturas

Bibliografía

Ana K. Ona

 

Anna Pi i Murugó

 

Prólogo


A Consuelo Sánchez


“Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es generalmente que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se había desechado o estimado sólo negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. Se olvida entonces que la crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el solo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior.” E. ZULETA, 1980.

“Me consta que muchos la invalidan, pero sospecho que esta desordenada revisión de sueños difuntos puede admitir también la de un sueño que no sabemos si habitó en soñador alguno.” J.L. BORGES.


En trabajos anteriores, hemos abordado diversas problemáticas teóricas en torno a la naturaleza del fenómeno étnico-nacional y a la compleja inserción de éste en la estructura de la sociedad. En esos ensayos procuramos poner de relieve los vitales asuntos políticos que involucra la composición plural de la mayoría de las naciones latinoamericanas. Asimismo, con tal perspectiva en mente subrayamos un tema que nos parece importantísimo para el futuro de estos países: los retos y las dificultades que plantea la búsqueda de una solución a la cuestión de la desigualdad sociocultural —herencia del largo período colonial y de una vida independiente insensible a la diversidad— como parte de los esfuerzos que realizan los pueblos por el logro de la democracia nacional.
En la presente obra se examina el esquema sociopolítico que, en diversos contextos nacionales, se ha mostrado como el medio más adecuado para dar arreglo a los conflictos, y a las condiciones de opresión, discriminación y desigualdad real, que en la vida social latinoamericana caminan asociados con la heterogeneidad étnico-nacional. Nos referimos al régimen de autonomía regional. El análisis pone el énfasis en la problemática de las etnias indígenas, aunque resultará evidente que muchas de las cuestiones que se postulan para estos grupos son también aplicables y atañen de manera directa a otras colectividades con identidades propias, como es el caso de las comunidades negras o creoles que abundan en la región.
La historia de los pueblos latinoamericanos involucra unas políticas explícitamente encaminadas a negar los derechos específicos de colectividades consideradas inferiores e incapaces de manejar sus propios asuntos, por el solo hecho de ser socioculturalmente diferentes de los grupos dominantes. Detrás de esta caracterización de lo diferente se encuentran, en realidad, los intereses del despojo de recursos, de la explotación de la fuerza de trabajo, del control ideológico y de la dominación política. De ahí que los diversos proyectos clasistas que se concretan desde el primer contacto de los invasores europeos con los pueblos aborígenes de América, supongan excluir cualquier posibilidad de autodeterminación para las etnias, colocadas así en situación subordinada. En la primera parte de la obra se estudian los rasgos centrales de las condiciones históricas--desde el régimen colonial hasta los Estados independientes--en las que se establecen las políticas indigenistas como negación de cualquier autonomía para los grupos diferentes con identidades propias.
A pesar de los acciones planeadas y de las sutiles fuerzas disolventes que se han puesto en juego en Latinoamérica durante siglos con el objeto de esfumar a los grupos étnicos del horizonte social, el hecho es que en el último tramo del siglo XX los pueblos indígenas siguen siendo una porción importante de la población de numerosos países. En cuatro de ellos (Bolivia, Guatemala, Perú y Ecuador) los indios constituyen más del 40% de la población nacional, alcanzando en el caso de los dos primeros cerca del 70%. En una docena de países, entre los que se cuentan Belice, Honduras, México y Chile, la población indígena es del 5 al 20% del total. Se trata, en suma, de alrededor de 50 millones de personas empeñadas en mantener los modos de vida de sus respectivos pueblos. Y esta población finisecular no sólo sigue en aumento en términos absolutos, sino que en algunos espacios nacionales parece aumentar aún en términos relativos.
Aun cuando el criterio cuantitativo permite tener una idea de la magnitud étnica, éste es insuficiente. Se debe tomar en cuenta también la importancia cualitativa que reviste la población indígena en algunos países, no obstante que se trata de una clara minoría demográfica (como el caso de Nicaragua, Brasil, etc.). Esta dimensión cualitativa deriva de consideraciones económicas (los recursos que contienen las etnorregiones), geopolíticas (la ubicación de las poblaciones en zonas estratégicas, como fronteras y costas), socioculturales (en tanto son referencia histórica y materia de la cohesión nacional), etc. El peso que pueden ejercer las comunidades étnicas en los procesos nacionales, a pesar de su carácter minoritario desde el punto de vista demográfico, puede ilustrarse con la reciente experiencia de Nicaragua durante los años ochenta.
Dado que ninguna admisión de derechos podía provenir graciosamente de los grupos dominantes--interesados por razones muy terrenales en mantener a los grupos étnicos como verdaderas "colonias internas"--las premisas sociopolíticas de tal reconocimiento sólo podían emerger de las luchas de los propios pueblos indios, una vez que éstos lograran aprovechar las mismas contradicciones y la dinámica de la sociedad nacional para acumular suficiente fuerza política. Esta parece ser la situación general por la que se atraviesa actualmente en varios países de América Latina, con las comprensibles disparidades según las diferentes matrices nacionales. Los estados particulares en que se concreta tal tendencia van desde la conquista de un régimen autonómico que las etnias pugnan por realizar plenamente (caso de Nicaragua) hasta los primeros intentos por convertir el orgullo étnico reconstituido en claridad de metas y fuerza organizada en numerosos países. De este modo, quizás por primera vez en la historia del continente, la utopía autonómica de los pueblos indios y de otras comunidades étnicas aparece como socialmente viable. Así las cosas, los esfuerzos encaminados a esclarecer los rasgos y las implicaciones de eventuales regímenes de autonomía en las difíciles condiciones latinoamericanas, considerando la vasta experiencia mundial acumulada, se vuelven más urgentes y necesarios. Aspectos de estos temas son abordados en la segunda parte del libro.
Algunas precisiones adicionales. En la presente obra se evita la tentación de considerar a la autonomía como fórmula mágica que vendría a resolver, sin más ni más, innumerables problemas. Por el contrario, se pone el énfasis en su estricta determinación histórica. En rigor, el régimen de autonomía no es la solución; más bien es un instrumento o un medio que busca alcanzar soluciones en condiciones precisas. Por lo demás, que la autonomía se pueda convertir en un arreglo adecuado no depende de algún misterioso imperativo categórico o de un designio teleológico, sino de la acción concreta de fuerzas sociopolíticas que, al asumirla como proyecto, la hagan realidad. En este sentido, la autonomía es sólo posible, no necesaria.
Por razones que pueden resultar obvias, los temas se abordan--en términos del proceso histórico y particularmente de las perspectivas--con acento especial en el caso mexicano, aunque a menudo se adopta un enfoque más amplio. De cualquier manera, se espera que las ideas y conclusiones que puedan derivarse de este trabajo sean de algún provecho para los pueblos indios y los colegas interesados de otros países latinoamericanos.
La materia misma de este libro y muchas de sus tesis básicas están inspiradas por la rica experiencia del pueblo nicaragüense durante diez años de revolución popular. El hecho de que el primer régimen de autonomía con rango constitucional en Latinoamérica haya arrancado en la Costa Atlántica de Nicaragua no es, por cierto, ninguna casualidad. El proceso autonómico impulsado por el gobierno sandinista es un experimento cargado de enseñanzas trascendentales. Queremos dejar aquí testimonio de nuestra gratitud hacia el pueblo nicaragüense por su demostración práctica de hasta qué punto la viabilidad de la autonomía depende de la activa participación popular.
En nuestra calidad de profesor-investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), dispusimos de las facilidades y el tiempo necesarios para elaborar este estudio. Reconocemos el estimable apoyo recibido por parte de las autoridades académicas de la institución. Asimismo, resultaron de gran provecho las generosas observaciones y recomendaciones que, en el curso de varios seminarios internos, nos hicieron los compañeros del área III del CIESAS.
Personalmente, también estamos en deuda con varios colegas y amigos. Ante todo, el estímulo intelectual de Pablo González Casanova fue muy importante para la consecución del estudio. Queremos agradecer igualmente las apreciaciones y comentarios de Felipe Bate, Diego Iturralde, Sergio de la Peña, Enrique Semo y Roberto Varela. Araceli Burguete, Julieta Haidar y Gilberto López y Rivas nos brindaron una útil ayuda bibliográfica. En los momentos claves de la investigación, el constante apoyo y las opiniones críticas de Consuelo Sánchez fueron de enorme valor. Desde luego, la concepción y el contenido de la obra son íntegramente responsabilidad del autor.

 

Los perfiles de la nación pluriétnica

Ana K. Ona



El florecimiento y aun la supervivencia de los indígenas, como pueblos con identidades diferenciadas del resto de la sociedad, dependen del establecimiento de nuevas relaciones entre las etnias, el Estado y la nación en su conjunto. Si ello se posterga, la existencia de los pueblos indios estará seriamente amenazada. De ello están conscientes muchas organizaciones indígenas de América Latina, las cuales están demandando el establecimiento de un régimen de autonomía dentro de los respectivos Estados nacionales en los que las etnias se encuentran incluidas.

La autonomía --en tanto fundamento de un nuevo régimen democrático que deberá basarse en la tradición histórica y las condiciones de cada país-- se vislumbra como el medio más adecuado para romper con la secular asimetría entre las etnias indias y otros sectores de la sociedad, y como el cimiento para construir una nueva nación asentada en el efectivo reconocimiento de la diversidad sociocultural y la armonía entre todos sus componentes.

La comunidad internacional registra ciertos avances en materia de reconocimiento de derechos colectivos a los pueblos indios. Varios comités o grupos de trabajo respaldados por las Naciones Unidas y el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), han recogido derechos específicos de las etnias del mundo. Dichos derechos se fundan en la conformación histórica de la población indígena y su relación con el resto de la sociedad.

El mencionado Convenio 169, "sobre Pueblos Indígenas y tribales en Países Independientes", fue aprobado por la Cámara de Senadores de México el 11 de julio de 1990 y la ratificación correspondiente fue depositada el 5 de septiembre del mismo año. Por tanto, desde septiembre de 1991, las prerrogativas del convenio son parte de la legislación mexicana. Pero en nada han cambiado las condiciones de vida de nuestros pueblos indios. Al contrario, las reformas y adiciones que se hicieron al artículo 27 constitucional a principios de este año, a iniciativa del Poder Ejecutivo, son el preludio de nuevas amenazas para la base de subsistencia y el modo de vida de las comunidades étnicas del país. Todo indica que el "indigenismo neoliberal" afila sus garras.

El reconocimiento de la "composición pluricultural" de la nación es un primer paso. Pero es a todas luces insuficiente para anular las relaciones de opresión y discriminación, y las condiciones de miseria, que sufren millones de indígenas. Se requiere de un conjunto de medidas que garantice a los pueblos indios sus derechos como ciudadanos y como colectividades con características socioculturales propias. Ello sólo podrá lograrse mediante el establecimiento de la democracia nacional y de un sistema autonómico que la sustente. Por consiguiente, la solución a los problemas de los pueblos indios no incumbe sólo a éstos: es una cuestión de interés para toda la sociedad, una cuestión nacional que involucra la lucha por la democracia, la justicia social y la soberanía popular.

El vínculo entre la democracia nacional y el régimen de autonomía para los indígenas es precisamente el tema central del libro del antropólogo Héctor Díaz-Polanco: Autonomía Regional. La autodeterminación de los pueblos indios, publicado recientemente por Siglo XXI Editores. El autor muestra cómo históricamente (en el proceso colonial y en la formación nacional hispanoamericana) los grupos étnicos han sido excluidos y negados sus derechos específicos como colectividades. Apenas en los últimos años, señala Díaz-Polanco, "la gradual nacionalización de los movimientos indígenas en Latinoamérica" y el nuevo contenido de sus luchas han conducido a "replantear los fundamentos socioculturales de la formación nacional".

El reconocimiento genuino de la diversidad étnica de la nación requiere necesariamente la democratización de la sociedad, lo que supone "la participación de los grupos étnicos en la vida sociocultural, económica y política del país", y también la transformación de "patrones nacionales que permitan efectivamente dicha participación en condiciones de respeto a la pluralidad." La democracia pues, como condición para el establecimiento de un régimen autonómico en el que los pueblos indios puedan realizar en la práctica sus derechos históricos y, en el marco de la unidad nacional, se sienten las bases para "anular las relaciones de opresión y discriminación, resanando y solventando los rezagos acumulados en el disfrute de prerrogativas socioculturales".

En suma, Díaz-Polanco plantea como solución al conflicto étnico-nacional el establecimiento de un régimen de autonomía para los pueblos indios, excluyendo separatismos estériles, sueños autárquicos o proyectos excluyentes que resultan de un etnocentrismo invertido. La autonomía no es una propuesta populista de vuelta al pasado, sino el "marco jurídico-político" de una utopía histórica. En la obra se examinan los fundamentos generales del sistema autonómico, se analizan tres casos históricos de régimen de autonomía bajo sistemas políticos diferentes (la ex URSS, España y Nicaragua) y, finalmente, las perspectivas de la autonomía en América Latina.

El libro se presentó en la ciudad de México en el salón de "El Juglar" y en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). En la primera presentación, organizada por el Consejo Mexicano 500 Años de Resistencia India, Negra y Popular, los participantes de diversas organizaciones indígenas de México y la candidata al premio Nóbel de la Paz, Rigoberta Menchú, destacaron los aportes que hace el texto al movimiento indígena latinoamericano. En el segundo debate--con intervenciones de intelectuales e investigadores como Eraclio Zepeda, Francisco Javier Guerrero y Hermann Bellinghausen--se subrayó la importancia del tema y la necesidad de abrir un debate nacional en torno a la autonomía para los pueblos indios. En este sentido, el escritor E. Zepeda anticipó que el siglo XXI se perfila como "el siglo de las autonomías".


Indigenistas e indianistas

Anna Pi i Murugó

Memoria, No.. 116, CEMOS, México, octubre de 1998


Henri Favre: El indigenismo, Fondo de Cultura Económica. México, 1998
Héctor Díaz-Polanco: Autonomía regional. La autodeterminación de los pueblos indios, Siglo XXI Editores. México, 1996 (1ª edición 1991).



Los libros que presentamos tienen una línea de pensamiento y análisis que posiblemente pueda unirse o, al menos, uno puede devenir la continuación del otro. El indigenismo, de Henri Favre, es un texto teórico y básico para entender el origen, evolución e historia de las teorías que impulsaron y concretaron la práctica indigenista.
En este libro, el lector podrá conocer los distintos principios y acontecimientos políticos o sociales que convergieron en la concreción de la teoría del indigenismo y cómo éste se ha desarrollado en los distintos países. Asimismo, el libro de Favre nos aproxima a los teóricos básicos que uno debe conocer para entender esta corriente antropológica-práctica.
Al analizar el indigenismo, Favre declara que éste "arrastra la mala conciencia que los conquistadores europeos, los colonos criollos y los mestizos sienten frente a los indios, sin lograr tranquilizarla" (p. 7).
La fuerte relación que existe entre el nacionalismo y el indigenismo es otro de los puntos que el autor reitera en esta obra. El movimiento indigenista alcanza su auge durante los años 1920-1970, pero sus restos se mantienen en la actualidad. La definición introductoria de Favre sobre la nula participación indígena en el movimiento indigenista y el posterior movimiento indianista que nos describe -y que Díaz-Polanco concreta en su texto- es clara y válida para entender su función en la actualidad. "El movimiento indigenista no es la manifestación de un pensamiento indígena, sino una reflexión criolla y mestiza sobre el indio. De hecho se presenta como tal, sin pretender en absoluto hablar en nombre de la población indígena. Esto no impide que tome decisiones acerca de su destino en sus propios lugares, según los intereses superiores de la nación tal y como son concebidos por los indigenistas. Esto es precisamente lo que le reprocha el indianismo, desarrollado a partir del decenio de 1970, el cual pretende ser la expresión de aspiraciones y reivindicaciones auténticamente indias" (p. 11).
En un breve apunte histórico sobre los antecedentes coloniales que impulsaron el movimiento indigenista, el lector puede conocer los grandes momentos que en este periodo influyeron en los movimientos indios y su situación. Posteriormente, durante el proceso de Independencia que "se traduce en todas partes en una degradación sensible de la condición del indio, el régimen republicano refuerza el sistema de explotación en el que España había hecho entrar a la población indígena, despojándola de sus defensas mediante la intensificación de sus aspectos feudales. El colonialismo externo es reemplazado por una forma brutal de neocolonialismo interno que se mantendrá localmente en algunos países de América Latina hasta la mitad del siglo XX, sin experimentar entre tanto considerables modificaciones estructurales" (p. 35).
Entre las corrientes de pensamiento que conforman el movimiento indigenista están el culturalismo, el marxismo y el telurismo. Favre cita a distintos autores, entre los que cabe señalar a Vicente Lombardo Toledano, José Carlos Mariátegui, Gonzalo Aguirre Beltrán y Moisés Sáenz, entre otros. El predominio de autores mexicanos demuestra, una vez más, que en México el indigenismo ha tenido mayor influencia y desarrollo.
El tercer capítulo del libro es ciertamente interesante ya que abarca algunos aspectos poco conocidos, como las distintas artes que pueden ser calificadas de indigenistas. Así, si bien el estudio de la literatura indigenista ha sido ampliamente desarrollado por distintos autores, no ha sido el caso de la pintura o las artes plásticas, la música, el canto o la danza. Favre describe estas artes de manera profunda, lo que hace posible una visión más amplia de las concreciones del indigenismo.
En el apartado de la política indigenista el autor describe ciertas acciones políticas en distintos países. El caso mexicano es, otra vez, el más extenso. En este capítulo podemos conocer algunos aspectos de la política indigenista concretada en la legislación, la importancia de la educación en su desarrollo, junto con una breve evaluación de lo que ha sido la política indigenista en su inevitable relación con "el proyecto nacional, formulado un siglo antes, y que está a punto de cuajar a finales de los años sesenta" (p. 125).
El último capítulo de la obra de Favre narra la evolución del indigenismo al indianismo. Y en un avance prospectivo del futuro cercano expresa que: "Hoy en día, la globalización del mundo y su tribalización hacen caduco cualquier proyecto nacional. La mundialización hace pasar al indigenismo a la historia. En cuanto a la tribalización, ésta garantiza, dentro de las sociedades fragmentadas, el renacimiento de la indianidad; o más exactamente, el nacimiento de una nueva indianidad" (pp. 149-150).
El libro de Díaz-Polanco, Autonomía regional. La autodeterminación de los pueblos indios, da seguimiento a lo narrado por Favre. El autor concreta de qué modo se ha llevado a cabo la política indigenista en México.
En primer término cabe mencionar, como escribe Díaz-Polanco, que "aunque los hombres se han asociado siempre en algún tipo de unidades localizadas, su agrupamiento en estados naciones es una característica moderna cuyo pleno desarrollo es ciertamente un fenómeno esencialmente contemporáneo" (p. 16).
Otro de los temas que apunta el autor es la problemática de concretar la creación y constitución de los estados nación en las sociedades de Latinoamérica, siguiendo el modelo europeo, que obviamente se desarrolló de acuerdo a la idiosincrasia y características de las poblaciones europeas. "En Hispanoamérica, pues, se lleva a cabo la tarea de constituir el Estado nacional sin que en las sociedades que se proponen tal empresa exista una burguesía suficientemente conformada, como expresión de una lógica capitalista que hubiera prendido en los fundamentos del sistema" (p. 25).
La problemática indígena, como ha sido reiterado, sólo se dio dentro de una visión gloriosa de la historia de las grandes culturas prehispánicas. Esta recuperación del pasado indígena "era un arma poderosa contra el dominio español. Pero no incluía, como queda dicho, ninguna reivindicación del indio vivo" (p. 37). Este fenómeno se seguirá desarrollando a lo largo de la historia del indigenismo y se plasmará en muchas de las actuaciones de las instancias oficiales. Un caso ya conocido y debatido sobre este hecho es la propia construcción, adecuación y presentación al público del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México (Para ampliar sobre este caso en concreto ver Néstor García Canclini: Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, CNCA. México, 1991). Díaz-Polanco confirma la diferencia entre la problemática europea y la latinoamericana y, ante todo, la influencia que esto ha tenido en la evolución del indigenismo propiamente mexicano. El antropólogo escribe: "En Europa, las condiciones económicas, políticas y socioculturales que acompañan al desarrollo capitalista (en especial, la conformación de múltiples nacionalidades en el interior del Estado nación), determinan que el liberalismo asuma cierta tolerancia hacia la diversidad nacional interna, justamente para contrarrestar las desintegradoras tendencias de un fuerte nacionalismo cultural (de raíz relativista e historicista) que acariciaba la idea de un Estado para cada nacionalidad. La alternativa era clara: o se acomodaba tal diversidad en el interior de cada Estado nacional, o se corría el riesgo real de una lucha inmediata de las nacionalidades por la autodeterminación que conduciría a una organización estatal según las identidades culturales" (p. 39).
En oposición, el caso mexicano -o más ampliamente americano- muestra notables diferencias y por ello: "A diferencia de Europa, en Latinoamérica la nacionalidad dominante criollo-mestiza se enfrenta no a otras nacionalidades con capacidad para disputar el control del Estado o para negociar sus posiciones, sino a un archipiélago de comunidades políticamente desarticuladas y con escasa perspectiva nacional (grupos étnicos). Es en este contexto histórico que, ideológicamente, unidad nacional y pluralidad sociocultural devienen antitéticas" (pp. 39-40). Fruto de estas primeras consideraciones históricas el autor reconoce y analiza el justificado reclamo de autonomía de los pueblos indígenas de México. Ahora bien, "esa autonomía no puede resultar de una concesión, sino como una conquista del sujeto étnico (necesariamente articulado a otros sujetos populares) cuya constitución y desarrollo han tratado de impedir a toda costa los diversos indigenismos que en Latinoamérica han sido" (p. 41).
En un estudio de las corrientes indigenistas implementadas se afirma que: "Las diversas políticas indigenistas que han operado a lo largo de nuestra historia son el reflejo -y en varios sentidos la causa- de tal heterogeneidad no resuelta. Los indigenismos implican políticas concebidas y diseñadas por los no indios, para ser aplicadas a los otros; no suponen una consideración del punto de vista y los intereses de los otros, sino una negación rotunda de que éstos tengan algo que opinar sobre sus propios asuntos. Los indigenismos reúnen así la doble cualidad de ser inorgánicos (respecto a los grupos étnicos) y extremadamente homogeneizadores" (p. 42).
Se pueden delimitar "tres fases de las políticas indigenistas que pueden discernirse entonces: a) la que corresponde a las más de tres centurias de régimen colonial; b) la que se aplica, luego de la independencia, durante el siglo XIX y parte del actual (preconizada y llevada a la práctica especialmente por los sectores liberales), c) finalmente la que desarrollan los modernos estados latinoamericanos, en particular a mediados del siglo XX" (p. 43).
Otro aspecto que -afirma Díaz-Polanco- es importante señalar es cómo la política segregacionista implementada desde la Colonia ha contribuido en buena medida a la constitución de las actuales identidades y nacionalidades indígenas. Es en este sentido que puede decirse con propiedad que el sistema colonial creó al indio. "En efecto, la estrategia de diferenciación y su concomitante régimen de trabajo (de un modo u otro coercitivo), determinaron relaciones de subordinación, de control social y político, que marcaron profundamente a los indígenas. Por ello, puede afirmarse que las características que en adelante distinguen a los grupos étnicos no provienen del mundo prehispánico, sino que en su mayor parte se gestan durante el periodo colonial [...] la misma política colonial determinó en Hispanoamérica una configuración étnica caracterizada por la atomización casi infinita de pueblos y comunidades" (p. 84-85).
De la política segregacionista se pasó a otra tendencia, impulsada por el Estado, mediante la cual "Se busca ahora convertir al indio en un miembro más de la sociedad nacional, eliminando cualquier fuero o privilegio. En el terreno jurídico-político, se proclama la calidad de ciudadanos de los indios y la igualdad formal ante la ley. Ello expresa en verdad el sostenido esfuerzo por esfumar al indígena del horizonte nacional: en adelante existen ciudadanos, no indios" (p. 89).
Así, "El indigenismo contemporáneo, de carácter 'integracionista', es bautizado y formalizado en el Primer Congreso Indigenista Interamericano, que tuvo lugar en México (Pátzcuaro, Michoacán) en 1940" (p. 91).
El nuevo proceso de inclusión nacional que se propone, ya no habla de compulsión ni de hacer tabla rasa de la cultura autóctona; ahora el procedimiento implica una moderación que expresa la nueva astucia del indigenismo: se muestra respecto hacia las culturas indígenas y, al mismo tiempo, "las comunidades son incitadas a invertir sus propios esfuerzos para lograr su propio mejoramiento y su integración a la nación, para que efectivamente se conviertan en partes integrantes de la misma". (p. 92).
La definición del autor sobre el indigenismo es suficientemente clara y sirve como final de este tan encendido debate: "Considerando esta alquimia, el indigenismo no se conformó como una teoría antropológica propiamente dicha, sino con una síntesis ecléctica, aunque con un perfil peculiar, de elementos tomados del evolucionismo, el relativismo cultural y el estructural-funcionalismo, con todo lo cual intenta proponer una solución a la indeseable heterogeneidad étnica de numerosos países latinoamericanos. Así constituido, el integracionismo se convirtió oficialmente en la política indigenista de los estados nacionales latinoamericanos" (p. 96).
En los últimos capítulos del libro, Díaz-Polanco presenta las perspectivas de la autonomía regional que se sucederán en México y, de este modo, describe "el fantasma de la autonomía [...]. A finales de los ochenta [del siglo XX], la meta autonómica surge ya como la principal bandera de lucha de los pueblos indios en todo el continente" (p. 200).
El autor analiza el caso de los proyectos autonomistas del Istmo de Tehuantepec, así como los más recientes reclamados del EZLN en Chiapas. Para el antropólogo existe, frente a la legislación actual, "la necesidad de crear un nuevo piso en la organización político-territorial, con el doble objeto de que puedan constituir entidades regionales (que agrupen a varios municipios, cuando sea el caso) y se acceda a la autonomía, en especial por parte de aquellas regiones en donde exista una apreciable o mayoritaria presencia de pueblos indígenas" (p. 224). En el último capítulo del libro, titulado "Post Scriptum", podemos conocer las reformas que los distintos países latinoamericanos han realizado a sus constituciones para atender las demandas regionales de autonomía y las posibilidades que el propio autor prevé para cada uno.
El caso de la insurrección en Chiapas, profundamente analizado por Díaz-Polanco, es básico, según él, para el desarrollo autonómico en otras regiones dentro del país y en el continente.