Héctor Díaz-Polanco y Consuelo Sánchez

México Diverso

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ÍNDICE

Presentación

Autonomía y democracia

I. Derechos indígenas en el tercer milenio
La libre determinación en el debate internacional; El doble rasero de la autodeterminación; La autonomía en México.


II. Autonomía, diversidad y democracia

Diversidad cultural; El espíritu de las luces y el volksgeist; Autonomía y democracia; Las vicisitudes de la autonomía.


III. Pueblo, democracia y Autonomía
La autonomía como virtud de la democracia; Democracia y libertad de autodeterminarse; México diverso; Autonomía, democracia, justicia e igualdad.

Los sujetos en acción

IV. Los senderos del EZLN
Origen del movimiento; Construcción del sujeto político; Propuesta política; Propuestas de organización; Significado de la rebelión zapatista.


V. Las autonomías: una formulación mexicana
Consideraciones generales; El modelo de autonomía; Las reformas constitucionales; Los fundamentos de las regiones autónomas; Participación y representación política.


VI. Indigenismo o autonomía: mujeres insumisas
El debate por la autonomía; El indigenismo simulador; Mujeres indígenas: derechos y retos; La virtud de la necedad.


VII. El México Acteal: autonomía o barbarie
Una contrainsurgencia en aprietos; Los gobiernos autónomos: ¿revolución soterrada?; Los Acuerdos, la sangre y la legalidad.

El debate autonómico

VIII. Propuestas de autonomía en pugna
La propuesta del movimiento indígena y el EZLN; Acuerdos y compromisos de San Andrés; El proyecto de la COCOPA y la iniciativa del ejecutivo.


IX. Avatares de la reforma constitucional
El arreglo constructivo; Pueblos y comunidades: diferencias de fondo; El dictamen esperado; El desenlace de abril.

Bibliografía

 

 

 

Presentación

La presencia de pueblos con identidades propias y diferenciadas en el marco de los Estados-nación contemporáneos constituye un espinoso desafío político, especialmente para las llamadas “democracias emergentes”. Merced a complejos procesos históricos, a menudo dichos pueblos han quedado como apresados en estructuras estatales que, según el punto de vista de los grupos identitarios correspondientes, no le hacen justicia.
Inconformes con su situación económica, social, política y cultural, los pueblos reaccionan de dos maneras: declinan permanecer en la sociedad política que los sujeta y, en consecuencia, procuran constituir su propio “hogar público”; o reafirman su pertenencia al Estado-nación, mientras reclaman el reconocimiento de derechos —en tanto colectividades— que entrañan algún grado de transformaciones del arreglo sociopolítico en vigor. El primer camino lleva al separatismo; el segundo conduce por los senderos de la autonomía. Esta es la opción que, como regla, han escogido los pueblos indígenas de América Latina.
Aunque en apariencia menos radical que el separatismo, al igual que éste la opción autonómica suscita resistencias enormes por parte de los grupos que controlan los aparatos estatales, que son el reflejo, a su vez, de la renuencia de poderosos sectores —liberales ortodoxos, en primera línea— a considerar cualquier cambio que se traduzca en fórmulas de pluralidad multicultural. En esa circunstancia, es común que se desate una fragorosa contienda en torno a la legitimidad, conveniencia o viabilidad de la autonomía. El debate autonómico, que a veces rebasa la intensidad de las palabras, ocupa entonces parte de la atención pública. Su desenlace es imprevisible.
Pero casi de modo inevitable la discusión sobre las pretensiones socioculturales y políticas de los pueblos, traducidas inmediatamente por éstos al lenguaje de los derechos, pone sobre el tapete un conjunto de cuestiones de vital importancia, que van más allá de los temas de interés local y de las reivindicaciones particulares de uno o más grupos. El debate, ante todo, enfrenta las posiciones de liberales y pluralistas, quienes se ven obligados a presentar sus respectivos argumentos; y así se exponen al escrutinio público las visiones individualistas y comunitaristas de la sociedad. Muy pronto es posible que, por encima de los detalles, asome el verdadero problema de fondo: la cuestión sobre el valor moral y social de la diversidad. A su vez, ello conduce al análisis de la conveniencia de reformular los términos del arreglo socioeconómico sobre principios multiculturales, lo que lleva finalmente al punto político crucial: la naturaleza de la democracia en un contexto diverso. El desarrollo no es lineal: todo ello puede agolparse en momentos decisivos.
No sólo se trata de explorar el modelo autonómico compatible con las instituciones reputadas como “democráticas”, sino además de puntos medulares que tienen que ver con la propia naturaleza del poder; las alternativas a la democracia formal o representativa desde principios y prácticas de democracia directa o participativa; la salvaguarda de las identidades y los derechos socioculturales en el seno de la sociedad global; la construcción de la ciudadanía multicultural, y la protección de derechos comunes, convenidos como fundamentales, incluso de los grupos política y socialmente minorados (mujeres, grupos religiosos y otros disidentes) en el seno de las mismas comunidades identitarias.
En suma, el debate autonómico implica forzosamente los pormenores en torno al rango y los alcances de los derechos de determinados grupos y también los detalles sobre técnica jurídica. Pero va más allá. Lo que se discute, en resumidas cuentas, es el carácter del modelo democrático, el alcance de la autodeterminación como facultad de los pueblos, la diversidad como modo de vida, el multiculturalismo como arreglo sociopolítico y, en fin, temas tan enjundiosos y antiguos como la libertad, la igualdad y la justicia.
Esos son los ejes esenciales que atraviesan este libro, aunque se centra básicamente en el peculiar desarrollo del debate autonómico en México y sus peripecias.
La obra consta de nueve capítulos agrupados en tres partes. La primera aborda el debate en los foros internacionales sobre la autodeterminación y la autonomía, así como los términos en que se han planteado, sobre todo en el ámbito interno, la diversidad y la pluralidad, la equívoca disyuntiva universalismo-particularismo y la relación entre autonomía y democracia. En la segunda parte entran a la escena los sujetos o actores sociales que han sido protagonistas centrales del drama multicultural mexicano: el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, las organizaciones indias, el Gobierno Federal, los aparatos indigenistas, el Congreso de la Unión, las mujeres indígenas, los gobiernos autónomos de facto, la contrainsurgencia y los grupos paramilitares. Finalmente, la tercera parte examina las propuestas de autonomía en pugna, los acuerdos y compromisos de San Andrés, así como la discusión del tema en el seno del congreso de la república y el desenlace que allí alcanza en abril de 2001, en la forma de una controvertible reforma constitucional sobre derechos y cultura indígena.
El propósito del libro es presentar, en lo posible de un modo metódico y según el punto de vista de los autores, los grandes momentos del debate autonómico potenciado por el alzamiento neozapatista, considerando la sinuosa trayectoria de los sucesos. Pero también busca preservar la memoria de los episodios centrales que han acompañado el debate sobre la democracia y los derechos de los pueblos indígenas durante estos años; especialmente, de los significados que otorgaron los propios protagonistas a los temas en discusión. De ordinario, la memoria (“ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”, como la llamó Borges) es más frágil y inasible de lo que quisiéramos. Con el paso del tiempo, los puntos importantes van perdiendo su contorno y pueden diluirse las implicaciones exactas que en su momento tuvieron. Conservar el registro del camino recorrido y de su sentido —en la media en que ello es hacedero— es tanto más importante, cuanto que trata de líneas de reflexión, de discusión y de luchas que, como comprobará el lector, en lo esencial aún no llegan a un punto concluyente. El debate autonómico, en efecto, sigue vivo y abierto.

Enero de 2002.

   

México diverso. El debate por la autonomía

Rosalba Zambrano Velasco


[Revista Bajo el Volcán, núm. 6, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), Puebla, México, 2003, p. 273-278].

 

 


Este libro representa un esfuerzo por conjuntar las diversas reflexiones y enfoques sobre el derecho a la autonomía y la libre determinación de los pueblos indios. Centrándose en el caso mexicano, el texto ofrece una mirada amplia desde cada uno de los actores implicados en esta discusión: organizaciones indígenas, pueblos indios y gobierno, así como las variadas posturas académicas y sociales asumidas al respecto. El análisis hace énfasis en que la diversidad étnica contenida por los Estado-naciones contemporáneos, representa un reto político para las “democracias emergentes”, sobre todo en América Latina.


Héctor Díaz-Polanco y Consuelo Sánchez ponen sobre la mesa de discusión el debate en torno a la legitimidad, conveniencia o viabilidad de la autonomía de los pueblos indios. Analizan aspectos de vital importancia, como son las posiciones liberales ortodoxas y pluralistas que –según los autores– en el fondo expresan el valor moral y social que anula o reconoce, según el caso, la diversidad étnico-cultural existente en nuestras sociedades.
La obra está compuesta por nueve capítulos que han sido organizados en tres grandes apartados, mismos que buscan dar coherencia a una serie de enfoques surgidos en México. En la primera parte, se da cuenta del “estado del arte” sobre la problemática étnico-nacional en los umbrales del tercer milenio, tomando como referencia dos tipos importantes de documentos: el marco jurídico internacional sobre los derechos de los pueblos indígenas y los planteamientos esenciales del movimiento indígena mexicano en los últimos años. Respecto a los primeros, los autores nos muestran los aportes significativos en favor de los pueblos indios, fundamentalmente el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, el cual aun con algunas limitaciones, representa un aporte significativo al proporcionar a los pueblos indios un instrumento para exigir sus derechos frente al enfoque integracionista y etnocéntrico del Estado.

Parte del valor del libro consiste en que aborda aspectos centrales de las acaloradas discusiones que se han dado en el ámbito internacional respecto al reconocimiento de los derechos de los pueblos indios, esto es, la noción de autonomía y autodeterminación, si el ejercicio de ésta abarca el ámbito externo o interno, si el reconocimiento de los derechos indígenas es de “pueblos” o poblaciones. Debate que ha incidido de manera importante en los documentos que en México se discuten, fundamentalmente, en los Acuerdos de San Andrés, firmados por el EZLN y el gobierno nacional.

El resultado de estas discusiones, aún no acabadas, tendrá serias y profundas consecuencias para el futuro de los pueblos indios. Autonomía, diversidad y democracia, son nociones inseparables en un mundo globalizado que ha provocado el renacimiento de las identidades y los movimientos que reivindican la particularidad, sobre todo en una sociedad multicultural como la nuestra; “la diversidad sociocultural o étnica no puede ser suprimida y debemos acostumbrarnos a vivir con ella... lo racional es encontrar su acomodo en el arreglo social acordado” (p. 30).
Desde el punto de vista de los partidarios de la pluralidad, autonomía y democracia están íntimamente relacionadas, puesto que se parte de la premisa de que los Estados nacionales tienen una composición étnica heterogénea, por lo que el régimen de autonomías es un acuerdo entre el Estado, la sociedad y los pueblos indios que permite asegurar la unidad y la diversidad, garantizando una plataforma mínima de convivencia democrática.

De manera contraria, “el estado que nace como exaltación de la homogeneidad universal fundada en la razón, generalmente lleva en su seno el germen del conflicto que brota de su propia composición diversa” (p. 35). El análisis de los autores es sugerente, puesto que abren la posibilidad a la participación de los diversos actores sociales nacionales, al suponer:


[...] la posibilidad real de que cualquier minoría pueda convertirse en mayoría y viceversa. Esto implica que no existan obstáculos puestos expresamente para que un grupo o sector pueda procurar el acceso al poder y a las instituciones, así como hacer propaganda a favor de sus propuestas y proyectos. También entraña que los que constituyen mayoría en un momento dado no puedan usar su posición ventajosa (por ejemplo la fuerza o los recursos del poder) para cerrar el paso a los otros. En suma, ni las mayorías ni las minorías permanentes están permitidas (p. 36).
No podemos dejar de reconocer que el planteamiento de este libro resulta sumamente relevante en el contexto político actual, puesto que la autonomía como virtud de la democracia es de “complementariedad, interdependencia y retroalimentación” (p. 43), sobre todo en México, en donde la relación entre el Estado y los pueblos indios ha sido de corte “asistencialista y paternalista”.


La segunda parte de este trabajo está centrada en el interés nacional que despertó el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, fundamentalmente por los reclamos políticos y éticos de dimensión nacional y universal. Demandas étnicas vinculadas a aspectos tales como libertad y justicia, democracia e igualdad de derechos individuales y colectivos, cuestionan de manera profunda las prácticas homogeneizadoras del Estado nacional mexicano. El planteamiento de la defensa de la diversidad dentro de la unidad nacional y la posibilidad de convivencia entre las diversas identidades étnicas, bajo principios de respeto e igualdad de derecho, abre un preámbulo básico para la construcción de relaciones de respeto e igualdad en el ejercicio de los derechos de las diversas culturas que integran nuestras sociedades.

En esta parte del libro se aborda el origen del movimiento indígena en Chiapas, los procesos de organización social de los pueblos indios, su lucha por los derechos agrarios y la democratización de los espacios rurales. Se pone en evidencia el modelo económico vigente, como fuente del origen de serios conflictos sociales y agrarios, particularmente a partir de los años sesenta, cuando se dio mayor impulso a la ganadería en ese estado.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional aglutina sus fuerzas en un contexto social altamente afectado por las acciones de autoridades estatales y federales, como la colonización de la Selva Lacandona, la represión contra militantes de organizaciones campesinas independientes, las reformas al Código Penal de Chiapas en donde se tipificó “a variadas formas de lucha social como delitos de motín, sedición, asonada y daño al patrimonio estatal penados con cuatro años de cárcel” (p. 65); además, de las reformas salinistas al artículo 27 de la Constitución de la República.
Es así como surgen una serie de instancias de organizaciones indígenas campesinas que, al no encontrar respuesta a sus necesidades e intereses, se incorporan al EZLN. Este trabajo aborda, de manera bastante ilustrativa, la forma en que se constituye el EZLN, el vínculo entre los indígenas chiapanecos y otros sectores de la sociedad mexicana, como grupos maoístas y la diócesis de San Cristóbal. Mediante un acuerdo tácito crearon el compromiso de respeto mutuo y establecen un diálogo intercultural que “supuso transformaciones tanto en los indígenas como en los mestizos” (p. 68). Otro aspecto importante fue el vínculo de la evangelización con aspectos de la vida cotidiana de los indígenas, que procura la toma de conciencia de su dignidad y de las causas de sus condiciones de miseria y sufrimiento, las que podrían ser modificadas a través de acciones liberadoras. Este tránsito “favoreció el desarrollo de una subjetividad colectiva y la construcción de un nuevo sujeto social empeñado en dirigir su propio destino” (p. 68). De manera paralela se desarrolló la organización política de las comunidades de la selva.

La revaloración de las identidades étnicas; la reflexión crítica sobre las condiciones sociales y económicas del país; el conocimiento del sistema político, social, económico y cultural de Chiapas y del país; la conciencia de pueblo explotado, llevaron a que las comunidades indígenas elaboraran su propia aportación en una propuesta política en la que manifestaron que no deseaban apropiarse del poder; que la lucha armada no era su propuesta única, que estaban abiertos a otras formas de lucha; que deseaban un proyecto de nación distinto al sostenido por el entonces partido oficial (PRI) y el de la derecha tradicional, el PAN.

El libro narra los diversos intentos del EZLN de buscar un acercamiento con la sociedad civil. El primero fue la Convención Nacional Democrática (CND), “espacio de participación para los sin partido” (p. 77), mismo que se desvaneció debido a diversas dificultades como la heterogeneidad de las organizaciones, la variedad de enfoques e intereses de los directivos, la incapacidad de asumir y promover metas concretas, los intentos de controlar e imponer puntos de vista. El segundo fue el Movimiento para la Liberación Nacional (MLN), que fue concebido como “la organización de los militantes de organizaciones de oposición” (p. 77), mismo que también se quedó en el camino. El tercer intento fue el Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN), “que sería la organización política, civil e independiente del movimiento zapatista” (p. 78). Una de sus virtudes consistiría en no aspirar a desempeñar cargos de elección popular, lo que desanimó a algunos de sus integrantes. Resulta indiscutible que los planteamientos éticos y políticos del EZLN aportaron elementos sólidos para la formulación de la propuesta autonómica en México. Esto, sin dejar fuera la participación femenina y de organizaciones indígenas como la Asamblea Nacional Indígena Plural por la Autonomía (ANIPA). Todos estos actores tuvieron un impacto sumamente relevante en la realidad político-social mexicana, que son abordados con suma destreza por los autores.

La tercera parte de este libro presenta un panorama general sobre las diversas interpretaciones e impacto que los Acuerdos de San Andrés tuvieron en el discurso político nacional. Además, a partir del análisis de las diversas propuestas, nos muestra las diferentes lógicas e intereses que están detrás de cada una de las iniciativas; la COCOPA, el Ejecutivo federal y los partidos políticos de mayor representación.

Otro elemento de interés abordado profundamente por los autores es el estudio de la propuesta autonómica generada a partir de las necesidades manifestadas por el mismo movimiento indígena, “fruto de un arduo consenso labrado por numerosas organizaciones, pueblos y dirigentes indígenas de todo el país, antes y durante el proceso de diálogo” (p. 137), que manifiesta, de manera importante, la necesidad de una nueva distribución territorial del poder, de la descentralización político-administrativa, de establecer relaciones de equidad política, económicas y sociales, de construir relaciones interculturales de respeto y tolerancia. Para que esto se lleve a cabo, es menester establecer soluciones de fondo, “es preciso que la autonomía implique un empoderamiento de los sujetos”. Es decir, que las colectividades beneficiadas con un régimen de autonomía asuman plenamente los derechos mínimos que supongan, a su vez, adquirir el poder imprescindible para que sus miembros se conviertan en verdaderos ciudadanos: para que germine lo que se ha llamado una “ciudadanía multicultural” o “multiétnica” (p. 153).

Finalmente, estamos ante una obra que resulta muy enriquecedora, pues no es fácil encontrar trabajos que aborden de manera profunda y detallada, desde los diversos actores implicados, el debate y la discusión sobre la autonomía de los pueblos indios en México. La pertinencia de esta temática está estrechamente relacionada con la vida de los pueblos indios, por tanto, con nuestro interés por la búsqueda de formas de convivencia más justas y humanas entre todos aquellos que integramos el Estado mexicano; nos convoca a comprender, desde la innovadora propuesta indígena “que la pluralidad no es sólo un asunto de éstos, sino que compete a todos los partidarios de la democracia” (p. 167).


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Héctor Díaz-Polanco y Consuelo Sánchez, MÉXICO DIVERSO. EL DEBATE POR LA AUTONOMÍA, México, Siglo XXI Editores, 176 pp.


 
 

México diverso: los senderos de la autonomía

Xóchitl Leyva

 


El libro México diverso, de Héctor Díaz-Polanco y Consuelo Sánchez, desde un principio enuncia su propósito de “conservar el registro” de los grandes momentos del debate autonómico en cuanto que éste trata de “líneas de reflexión, de discusión y de luchas” y es un litigio social aún “abierto y vivo”. Integran la obra nueve capítulos, agrupados en tres secciones: la primera está dedicada a la autonomía y la democracia; la segunda, al estudio de los sujetos en acción, y la tercera al mismo debate autonómico, esto es, a la revisión de las actuales propuestas de autonomía y al devenir reciente de las reformas constitucionales. Todo ello ligado a tres fenómenos sociopolíticos nodales de la historia mexicana reciente: el indigenismo, el zapatismo y la masacre de Acteal.
Los autores parten de las identidades propias y diferenciadas de “pueblos” enmarcados en los Estados nacionales y apresados en estructuras estatales “injustas”. Señalan que, en particular, los “pueblos indígenas” de América Latina han reclamado el reconocimiento de sus derechos por los senderos de la autonomía (obviando el separatismo). Esto obliga a la sociedad en su conjunto a lidiar con temas que rebasan a grupos particulares y que terminan enfrentando las posiciones de liberales y pluralistas, de individualistas y comunitaristas. Todo ello en el fondo nos lleva –dicen los autores– a dos cuestiones centrales: “el valor moral y social de la diversidad” y la “naturaleza de la democracia en un contexto diverso”. Para Díaz-Polanco y Sánchez no cabe la menor duda de que el debate autonómico remite directamente a una discusión sobre el carácter del modelo democrático, “sobre el alcance de la autodeterminación como facultad de los pueblos, la diversidad como modo de vida y el multiculturalismo como arreglo sociopolítico”. Para los fines de esta reseña y por cuestiones de espacio tomo sólo un hilo que cruza todo el libro, de los muchos que los autores tejen en él.
Autonomía, “pueblos” y democracia
Los autores se preguntan cuál es el estado actual que han alcanzado las formulaciones sobre los derechos de los pueblos indígenas. Para responderse, atienden el marco jurídico internacional y a los planteamientos del movimiento indígena mexicano. Con relación a lo primero encuentran en los convenios internacionales vigentes una navaja de doble filo: por un lado admiten que hay un avance en el reconocimiento de los derechos y, por el otro, encuentran en ellos serias limitaciones. Por ejemplo, citan el Convenio 169 de la OIT, que si bien, por una parte, ha proporcionado a los pueblos indígenas un instrumento útil para pelear sus derechos (culturales, sociales y económicos) y ha contribuido a desarrollar la “conciencia indígena”, por otra, no incluye el reconocimiento de derechos políticos vinculados al ejercicio de la libre determinación. Esto, dicen, nos obliga a poner especial atención a la discusión que aún está viva en la comunidad internacional y que, según sus resultados, podría limitar los alcances de los regímenes de autonomía por venir y de los que ya están en marcha.
Íntimamente ligado con los convenios internacionales y la autonomía, está el concepto de “pueblo”, es decir, ¿quiénes son los sujetos de derecho y qué derechos se les puede reconocer? Aunque hoy en día el único instrumento internacional que reconoce a los indígenas como “pueblos” es el Convenio 169 de la OIT, los autores señalan que su formulación ha dado pie a crear categorías como pueblos de “primera” y de “segunda”. Los de “primera” son aquellos que constituyen Estados nacionales, quienes tienen pleno derecho a la autodeterminación. Los de “segunda” son los llamados indígenas y las comunidades de afro-descendientes o de creoles, quienes sí son reconocidos como “pueblos”, pero sin derecho a la autodeterminación, es decir, son pueblos acotados. Acotados en gran medida como resultado del temor mismo de los Estados y sus gobiernos, quienes pugnan y han pugnado ante la ONU y otros organismos internacionales por elaborar convenios, declaraciones y otros instrumentos que definan “a priori y arbitrariamente” la autonomía como libre determinación sólo “interna”.
Enseguida, los autores pasan al ámbito nacional mexicano y dejan claras las influencias que han tenido los convenios internacionales sobre, por ejemplo, los Acuerdos de San Andrés, sin dejar de mencionar las definiciones adoptadas casi mecánicamente y las tensiones que esto provocó. Pero a la vez señalan el interés del gobierno mexicano en entender “pueblos” como “poblados o comunidades dispersas con ciertas características socioculturales pero sin posibilidades de constituirse en sujeto político”, así como su ánimo de vaciar a la autonomía de su contenido esencial, a fin de reducir sus alcances, anular los derechos de los pueblos o hacer imposible su ejercicio.
Para mostrarlo de manera concreta y fehaciente, Díaz-Polanco y Sánchez (en la tercera parte del libro) revisan documentos, acuerdos, declaraciones, pronunciamientos y las iniciativas presidenciales de 1998 y de 2000. En ésta última, la autonomía se redujo al ámbito de la comunidad, pretendiendo así dar respuesta a las demandas zapatistas y de las organizaciones indias “independientes”, cuando en verdad el ejecutivo llevaba a cabo un doble juego político. Esta tercera parte de la obra es de gran utilidad para el debate político-académico actual al permitirnos ir, casi párrafo por párrafo, desmenuzando el contenido de los discursos autonómicos coyunturales.
Para los autores, a mediados de los años noventa lo que estuvo sobre la mesa de discusión con el zapatismo, los Acuerdos de San Andrés y el “Proyecto de Iniciativa para la Creación de Regiones Autónomas” de la ANIPA, fue el carácter multicultural de la sociedad y la posibilidad de considerar el valor de la diversidad como un elemento estratégico para reconstruir nuestra sociedad. Una sociedad en la que conglomerados como los indígenas latinoamericanos, puedan “acogerse a una ciudadanía diferenciada o multicultural”.
Una ciudadanía de este carácter conlleva un tipo de autonomía que nos habla del desarrollo de promisorias metamorfosis en el programa liberal, al que los autores llaman liberalismo pluralista, vinculado a pensadores como Taylor, Sandel, Walzer y Kymlicka. En este tipo de liberalismo ya se habla de derechos colectivos (complementarios de los individuales) y de autonomía territorial como componentes básicos de los regímenes democráticos. Para nuestros autores, tales cambios en la tradición liberal son prometedores. Aunque no acaban por completo con las tensiones de fondo de los Estados étnicamente heterogéneos, autorizan a pensar que el régimen de autonomía “es el arreglo que permite asegurar unidad y diversidad y, al mismo tiempo garantizar una plataforma mínima de convivencia democrática”.
Buena parte del libro que nos ocupa señala las virtudes que un régimen autonómico implica. Por ejemplo, que contribuye a desarticular tensiones interétnicas y las fricciones nacionales; armoniza las partes componentes del cuerpo social; hace posible que grupos étnicos o nacionales asuman a plenitud derechos democráticos; permite la alternancia entre grupos mayoritarios y minoritarios, y favorece la solidaridad y fraternidad entre los diversos grupos étnicos que componen el país. Para Díaz-Polanco y Sánchez, en resumidas cuentas, la autonomía debe conducir a la búsqueda de formas de compensación, de contrapesos, de descentralización, debe convertirse en una “virtud de la democracia”.
Para ello la autonomía tiene que enfrentar ciertas vicisitudes, unas relativas a las cuestiones de escala y otras relativas al reconocimiento de la misma como un orden de gobierno que se agrega a los preexistentes en el marco de un sistema federal o unitario. Díaz-Polanco y Sánchez nos muestran cómo en México la autonomía y la democracia constituyen ya un binomio que orienta los reclamos de amplios sectores de la sociedad. Se habla así de autonomías universitarias, sindicales, municipales y regionales en un afán de favorecer la participación más directa y activa en la toma de decisiones y en el propio control del poder local. Pero en el caso de la autonomía indígena esto no podrá alcanzarse –dicen los autores- si no hay en México transformaciones a tres niveles: en la organización del territorio nacional, en el ámbito de las esferas político-administrativas y por lo que hace a la participación de los indígenas en las instancias de decisión local y nacional. Todo ello sólo es posible en el marco de una expansión democrática que, al mismo tiempo, fortalezca a los entes autónomos.
Un breve comentario para cerrar
El libro reseñado se suma a la historia del pensamiento crítico latinoamericano, al debate que empezaron tiempo atrás algunos marxistas en el marco de lo que se dio en llamar “la cuestión étnico-nacional”. Por este simple hecho, México diverso nace con su propio lugar. Habrá colegas que tengan otras perspectivas distintas a las de Héctor Díaz-Polanco y Consuelo Sánchez; pero esto, en teoría, no sería un problema sino que, por el contrario, debería contribuir al debate político y académico actual de México y el mundo. Por el momento yo sólo quisiera comentar que cuando uno termina de leer el libro o bien uno se convence totalmente de los argumentos centrales por la contundencia de éstos, o bien uno se detiene críticamente a pensar varias cosas. Entre ellas puedo mencionar:
Primero. Uno quisiera saber más sobre qué entienden los autores por ciudadanía multicultural. Es claro que hay todo un debate americano y latinoamericano sobre la ciudadanía cultural y la ciudadanía étnica, al que los autores no son ajenos; pero ¿cuáles serían las diferencias sutiles entre todas estas ciudadanías? ¿Cuáles son los retos, en México por ejemplo, de la ciudadanía multicultural que va más allá de la propia autonomía?
Segundo. En el libro se habla de “los indígenas” como si éstos fueran posibles de igualar, como si todos coincidieran en la demanda de ser concebidos como “pueblos”. El libro da cuenta cabal de los diferentes tipos de autonomía que demandan los indígenas, pero no se abre para nada a la posibilidad de que existan espacios donde la categoría de “pueblo” no refleje el sentir de la gente. Se admite que puede no haber conciencia de ello, pero este enfoque asume nuevamente la carencia de conciencia como una falta de algo que debiera tenerse.
Tercero. El texto se mueve entre un discurso prescriptivo (normativo), del “deber ser”, y un discurso descriptivo del “así es”. Esta forma cambiante y combinada, me parece que impide al lector conocer cuáles han sido los problemas concretos con que las autonomías de facto se han enfrentado. Si tuviéramos ese punto de partida antropológico creo yo que la autonomía, de “virtud democrática” podría pasar a ser algo más terreno y concreto, aprehensible no por sus virtudes sino por sus limitaciones “realmente existentes”.
Cuarto. Este tipo de observaciones nos obligaría a pasar al análisis detallado, comparativo y etnográfico, de los diferentes tipos de autonomías que hay en México, América y el mundo. Esto, aunque tarea de un equipo amplio, sería muy natural de hacer si viviéramos en un país ex colonial o neocolonial; pero dado que nuestra antropología sigue siendo eminentemente nacionalista, este tipo de comparaciones etnográficas está no sólo fuera de nuestra visión sino del bolsillo de cualquier financiamiento tipo CONACYT.
Y para terminar déjenme cerrar esta reseña señalando que sólo basta leer las declaraciones del dirigente independentista vasco, Arnaldo Otegi, para ver lo actual que resulta el maridaje entre autonomía, nacionalismo, “pueblos” y democracias. En fin, de seguro el libro aquí reseñado se convertirá en lectura obligada para todos aquellos preocupados por la autonomía, la etnicidad, la “cuestión étnico-nacional”, el multiculturalismo y las políticas de reconocimiento en México y el mundo.


Héctor Díaz-Polanco y Consuelo Sánchez, México Diverso. El Debate por la autonomía, Siglo XXI Editores, México, 2002.

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Xóchitl Leyva es antropóloga y profesora-investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS-Sureste). Obra reciente: Lacandonia al filo del agua, Fondo de Cultura Económica/ CIESAS/ UNAM, 2da. edición, México, 2002 (con Gabriel Ascencio).

http://www.memoria.com.mx/171/leyva.htm


Nuevo libro sobre México

Dan La Botz

Mexican Labor News and Analysis, VOL. 7, No. 6, August 2002.

 

 

Héctor Díaz-Polanco and Consuelo Sánchez, México Diverso (Mexico: Siglo Veintiuno Editores, 2002, bibliography). Written to update the struggle of Mexico’s indigenous people for their rights, this book is one of the most thoughtful accounts of one of Mexico’s central human rights issues. With the Chiapas Rebellion and the Zapatista Army of National Liberation at the center of events, this book provides the most lucid accounts of developments in Mexico’s indigenous rights movement over the last eight years.