Abrumados de actividades
+ Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar de San Cristóbal de las Casas
En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”.
El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”. (Lc 10,38-42).
Una verdadera fuente
La comunidad indígena pidió la bendición del manantial donde se abastecería de agua. Después de haber recorrido un buen tramo a través de la montaña, llegamos a una lagunita preciosa y yo me dispuse a hacer la bendición. Pero pronto me detuvieron: “No, jTatic, aquí no es. Vamos más adelante”. –Pero esta laguna es preciosa, ¿por qué no tomaron el agua de aquí? –les repliqué-. “Porque no tiene ni entrada ni salida”. En efecto, seguimos caminando todavía un rato más y encontramos un manantial, ciertamente más pequeño y menos vistoso, pero donde brotaba un agua clarísima que después, convertida en un pequeño arroyuelo, iba fertilizando toda su ribera. “Si la laguna no tiene su fuente, pronto se va a secar. Y si no tiene salida, se pudre y huele mal”, me explicaron antes de hacer la bendición.
Fuente o espejismo
¡Cuánta razón tienen nuestros campesinos y cómo en la vida práctica llevan enseñanzas tan profundas! No es lo vistoso ni lo apantallante lo más importante, pero tampoco lo es el aislamiento y el bienestar egoísta. Nos cansamos de ver grandes espectaculares anunciando obras rimbombantes, y las comunidades siguen con sus mismos problemas. Se anuncian programas fantásticos que sacarán al país de su atraso y que darán empleo a todos y todas, y vemos deambular por las calles nuestros jóvenes en busca de míseros empleos, pagados ridículamente. Se cacarean los logros y las enfermedades de la pobreza, y los terribles embates de la miseria atacan nuestras comunidades. No es el mucho hacer sin ton ni son, es el hilito de agua constante lo que da vida. No son las obras espectaculares, sino las más sencillas, las más necesarias: el agua, la educación, la salud, el trabajo.
A nivel de relaciones interpersonales y a nivel familiar pasa lo mismo: no se puede comprar la felicidad de los hijos, se construye con el cariño diario, con atención constante, con la palabra oportuna. Hacemos mucho ruido, pero damos poco espacio para la intimidad, para el diálogo, para construir el amor en la familia y en la sociedad. Dejamos lo más importante por lo más urgente o lo más popular. ¿Cuánto tiempo dedicamos a “estar” con la familia, con los hijos, con los papás? Pero verdaderamente estar presente en cuerpo, espíritu y sentimientos.
Actividad u oración
El Evangelio de este día se ha utilizado con frecuencia para contraponer la vida activa o apostólica con la vida contemplativa o la vida de oración. Pero nada más equivocado que hacer estas disyuntivas. Lo que Jesús le dice a Martha no es que esté equivocada al hacer sus quehaceres, sino en la forma de hacerlos y en querer que María también se ponga en actividad frenética. El caso de Marta y María es aprovechado una vez más por San Lucas para resaltar el valor de la escucha de la Palabra de Dios. Sin entrar en la teoría del valor de la contemplación sobre la acción, que se ha querido ver en las dos actitudes opuestas de Marta y María, lo cierto de la anécdota es que el Reino de Dios no puede dejarse distraer por una preocupación demasiado exclusiva por las realidades terrenas. Por otra parte, escuchar la Palabra de Dios es todo, menos ocasional.
El Maestro no aprueba el afán, la agitación, la dispersión, el andar en mil direcciones “del ama de casa”. ¿Cuál es, pues, el error de Marta? El no entender que la llegada de Cristo significa, principalmente, la gran ocasión que no hay que perder y, por consiguiente, la necesidad de sacrificar lo urgente a lo importante. Marta se precipita a “hacer” y este “hacer” no parte de una escucha atenta de la Palabra de Dios y, consiguientemente, se pone en peligro de convertirse en un estéril girar en el vacío. Marta se limita, a pesar de todas sus buenas intenciones, a acoger a Jesús en casa. María lo acoge “dentro”, se hace recipiente suyo. Le ofrece hospitalidad en aquel espacio interior, secreto, que ha sido dispuesto por Él, y que está reservado para Él. Marta ofrece a Jesús cosas, María se ofrece a sí misma.
Activismo vacío
Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los modernos medios para ahorrar tiempo acaban ahogándonos en un activismo inútil. El exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental .Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Buscamos a todas horas ser eficaces y competitivos. Corremos desesperados tras el tiempo y el tiempo deja atrás nuestro verdadero ser de personas. Hoy, junto a Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la "opción por lo fundamental": ponernos a sus pies y escuchar su Palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.
Oración y acción
¿Cuánto tiempo hace que no le dedicamos un espacio con calma, sin otras preocupaciones que atender “la Palabra de Jesús”? Así, a pie descalzo, despojados de todo lo que tenemos, sin máscaras, con sencillez, poniéndonos en manos de quien nos ama tanto. Escuchar su Palabra entrando en lo desconocido, experimentando su ternura, con el corazón desnudo. No, sin caer en intimismo que nos aísle de la realidad o nos torne indiferentes ante los problemas del prójimo. Está demasiado cercana la narración del buen samaritano como para que este pasaje nos hiciera olvidar que el amor a Dios se manifiesta en el amor al prójimo. Pero atención, nuestro corazón debe tener una fuente, si no, se seca. También debe tener una salida expresada en el amor al prójimo; si no, se pudre y huele mal. ¿Cuál es nuestra fuente interior y cómo se manifiesta equilibradamente en buenas obras?
Padre Nuestro, que en Jesús nos has mostrado "el camino": mira cómo nos atoramos entre tantas actividades y nos vamos a los extremos. Ayúdanos a encontrar como Jesús, la síntesis armoniosa entre la oración y la acción, entre contemplarte y obedecerte, entre servirte a Ti y servir a los hermanos. Amén.