¿EL FIN DEL MUNDO?

XXXIII Domingo Ordinario

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+ Enrique Díaz Díaz

Obispo Auxiliar de San Cristóbal de las Casas

 

“En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: "Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido".

 

Entonces le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?" El les respondió: "Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: 'Yo soy el Mesías.  El tiempo ha llegado’.  Pero no les hagan caso.  Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin".

 

Luego les dijo: "Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.

 

Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán: los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía.  Con esto darán testimonio de mí.

 

Grábense  bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.

 

Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida". (Lc 21,5-19).

 

 

La tragedia de Chiapas y Tabasco

Los desastres escatológicos anunciados por la lectura de este domingo los hemos experimentado crudamente  en estos días en nuestros estados de  Tabasco y Chiapas. Todos hemos sido testigos de un territorio devastado, inundado y destruido por las torrenciales aguas, por los ríos desbordados y por derrumbes insospechados. Una gran catástrofe: carreteras que se despedazan, comunidades que quedan sepultadas, familias dispersadas, hombres y mujeres desaparecidos.  “El mundo se nos vino encima. Creí que  se había terminado todo, se me oscureció todo y por momentos sentí muy cerca la muerte” comentaba uno de los sobrevivientes de un derrumbe de montañas. “Lo he perdido todo: la casa, mis animalitos, mi milpa… pero gracias a Dios estamos vivos tanto mi esposa, como mis hijos. Las cosas de algún modo se recuperarán. Claro que no será fácil, pero estamos todos vivos”, nos comentaba otro hermano. “¿Qué sentido tiene seguir viviendo? Lo que había conseguido con mucho trabajo, lo que había ganado con el sudor de frente, todo se ha ido. Ahora sí, como dicen me quede sin nada. ¿Qué sentido tiene seguir viviendo?”, decía uno más. Cada persona reacciona muy diferente frente a la tragedia.

 

La solidaridad de todos los mexicanos se ha hecho presente a través de muchos modos. La tragedia ha sido tan grande que nadie puede permanecer indiferente. A través de la  Iglesia, se han canalizado muchísimas de las ayudas y no deja uno de sorprenderse que los más pobres, con frecuencia son los que más comparten. Ha habido hombres que a pesar de ser damnificados, se aprestan a ayudar, a rescatar y en sus mismas acciones encuentran motivos para seguir resistiendo. Ciertamente vendrá lo más difícil que es reconstruir. Es difícil levantarse de los escombros, pero hemos sido testigos de la grandeza de corazón, a veces de personas pequeñas y débiles, para sostenerse con gran fe frente a las dificultades. Gracias a todos por su apoyo y generosidad.

 

Un Evangelio actual

De esta realidad  nos habla hoy Jesús. "Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido" Dice al iniciar su discurso, frente a aquellos que  se sorprendían por la belleza y grandeza del templo. El templo era el orgullo del pueblo de Israel, en él ponían su seguridad, sus ofrendas les aseguraban la salvación. Podremos imaginarnos la sorpresa que causarían estas palabras de Jesús cuando les dice que de eso no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido. Los está llamando a no poner su fe y su esperanza en cosas materiales, así sea el templo, sino toda su confianza y toda su esperanza en el Dios vivo.  El desastre deja al descubierto las verdaderas intenciones del corazón. Mientras unos que han perdido todo, se disponen a reconstruir, paso a paso, dando gracias por la vida, hay otros que se aprovechan de la situación para llevar el agua a su molino, o mucho  se desmoralizan por haber perdido las cosas materiales.

 

Es la primera enseñanza de este domingo: este mundo pasará, junto con sus conquistas, su tecnología y su desarrollo científico, del que tanto presumimos. Todas las cosas, por las que nos afanamos a veces en exceso, se acabarán. Nuestra existencia en esta tierra concluirá, aunque no sabemos cuándo ni cómo. A veces cuando más seguros nos sentimos, es cuando sobreviene la desgracia ¿Estamos preparados para el final? Necesitamos reflexionar dónde estamos poniendo el corazón y qué importancia le estamos dando a las cosas, a las personas y a Dios.

 

Un final desconocido

Pero, si bien San Lucas habla de un inminente desastre sobre el templo, no puede decirse que hable de que ya se acerca el fin del mundo. Cuando le preguntan a Jesús si ya será el fin del mundo, su respuesta es clara: no tengan miedo, estén preparados. En tiempos de San Lucas se había vivido con la expectativa de que la parusía; la segunda venida de Jesús ya estaba próxima. Sin embargo, aunque para unos era aliciente y esperanza, al dilatarse su llegada, se iban produciendo reacciones contrarias. Unos pensando que ya estaba próxima, se desentendían y olvidaban seguir construyendo el Reino; y a otros, al posponerse indefinidamente la llegada, les creaba confusión y desaliento. Por eso San Lucas nos alienta con estas palabras. Nos asegura la presencia de Jesús en medio de las dificultades pero debemos vivir en continua espera para llegar a la plenitud; es trabajar viviendo la salvación, pero seguirla construyendo cada día.

 

Lo dice de un modo muy fuerte San Pablo en su lectura: El que no quiera trabajar, que no coma. Y ahora vengo a saber que algunos de ustedes viven como holgazanes, sin hacer nada, y además, entrometiéndose en todo. Les suplicamos a esos tales y les ordenamos, de parte del Señor Jesús, que se pongan a trabajar en paz para ganarse con sus propias manos la comida” Duras palabras pues aún en nuestros días hay quienes viven como zánganos, sin trabajar, aprovechándose injustamente del sudor y esfuerzo del prójimo.

 

Firmes en la esperanza

La última frase del Evangelio viene a darnos la actitud del verdadero cristiano: “Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”  La construcción del Reino de Dios, no es de un momento, nuestra esperanza será para toda la vida y más allá. En la primera lectura el profeta Malaquías al mismo tiempo que amenazaba a los malvados daba esperanza a los justos: “Ya viene el día del Señor, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados serán como la paja… Pero para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia, que les traerá la salvación en sus rayos” La actitud que Jesús nos propone en este día es levantar la cabeza, no tener miedo, trabajar con perseverancia y mantener viva la esperanza. Cristo Resucitado nos llena de fortaleza frente a las incertidumbres del momento final.

 

¿Cómo miramos nosotros el fin del mundo? ¿Qué sentimientos suscita en nosotros? ¿Somos hombres de esperanza que generamos una sana esperanza?

 

Concédenos, Señor, tu ayuda para entregarnos fielmente a tu servicio, porque sólo en el cumplimiento de tu voluntad podremos encontrar la felicidad verdadera. Amén

 

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