Abetos 50, Pinar de la Venta, Zapopan, Jalisco, México actualizada 30/04/07
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PASEO DE LOS ABETOS 50
Emilio Vega Martín
106, 54, 42, 6A, 115, 51, 33 67, 60, 70, 72, 96, 74, 100, 50, 57. ..... esta serie numérica podría parecer, para alguien experto en estadística, algo cercano a una serie de números de Random, la que se utiliza para muestreos al azar, pero en malhecho.
Pero no, no se trata de nada de eso; es ni más ni menos......!Asómbrese usted¡, la serie de los números oficiales asignados a las viviendas existentes en Paseo de los Abetos aquí en Pinar de la Venta. Y hemos podido saber, según buena fuente, que ésta situación no es privativa de este inocente e inerme Paseo.
Al saber que se nos asignaba el número 50, procedimos a manifestar nuestra extrañeza, dado que habíamos proporcionado para el trámite - cual se debe - los números existentes en las construcciones cercanas: el 70, el 72 y el 100. Pero fueron en vano nuestros pareceres; tal se diría que para las autoridades en cuestión sigue vigente aquélla opinión del eximio virrey de la Nueva España, el Marqués de Croix, que decía que los mexicanos habíamos nacido para "callar y acatar", sin manifestar desacuerdo en modo alguno.
Por otra parte es comprensible. Embarcadas las sucesivas autoridades en esta especie de síndrome de caos numérico, a las siguientes, adoptando la línea del menor esfuerzo, no les ha quedado sino seguir con esta especie de lotería. Ellos se van, y a nosotros nos queda, de por vida, la asignación de un número oficial perdido en el limbo de la matemática aleatoria.
A nuestro juicio, pueden formularse varias hipótesis para explicar el origen de tal situación:
La primera, es de que tal vez, hace tiempo - casi 3 décadas ya - el municipio contrató para la azarosa tarea de asignar números oficiales a un ciudadano japonés anteriormente avecindado en Tokio, que siguió los mismos criterios de numeración que rigen allá; al parecer la numeración en este caso, les importa un rábano y los lugares se ubican con el sistema de puntos centrales, haciendo referencia a cercanía respecto a una plaza, un mercado, un templo o algún elemento natural digno de interés. Siguiendo este criterio nuestra dirección podría ser: sobre Paseo de los Abetos, desde el entronque con Paseo de los Fresnos, casi en la primera curva, a mano derecha, entre los Portillo y casi enfrente a los Santa Ana.
Una segunda posibilidad que a la vez explicaría lo exorbitante del costo del alineamiento y número oficial, es de que tengan dedicado a esta azarosa tarea, a un astrólogo especializado en numerología, para el cual, el número a asignar tiene que ver con las características de nombre, sexo y edad de los moradores - en este caso Raquel y Emilio - y sobre la base de que tienen todos los datos asentados en la profusa documentación que exigieron para la presente asignación numérica, el astrólogo creador de números oficiales, decidió que el número 50 les vendría de perlas, aunque este número, a las víctimas de esta asignación, les parece chato, cuadrado, más relacionado con denominación de billetes, lustros o cosas por el estilo.
En resumen, el hecho es que en este caso, considerando que el municipio no parece atribuir importancia al orden numérico, será entonces esencial iniciar al visitante primerizo, al novicio, en el complejo arte de localizar un número oficial en Pinar de la Venta y no se diga ya para los servicios de emergencia, policía, médicos, bomberos. Para estos, debería de existir un manual y cursos de capacitación, aunque estos cursos no deberían ser impartidos por la autoridad municipal; en todo caso, podría invitarse a un funcionario-historiador que adentrara a los alumnos en los orígenes de tamaño desgarriate numérico, que siempre tendría a mano la posibilidad de exonerar a la presente Administración, presentándola como víctima inerme, condenada a seguir en el relajo, por extrañas prácticas numerológicas de sus antecesores.
Pero nosotros, los colonos siempre tendríamos una alternativa, una solución nuestra, autogestionada, para resolver - como sucede frecuentemente - los desvaríos gubernamentales. Se trataría de crearnos un alias (¿quién no tiene un alias desde su mas tierna infancia?). Ese alias sería producto de que los colonos nos reuniéramos y ordenáramos la numeración, agregando letras para el caso de que un predio se subdividiera. Así, el nuestro sería no. 50 (alias 76) y ya entonces podríamos olvidarnos de los aberrantes juegos numéricos en los que se encuentra enfrascada la Autoridad en sus afanes toponímicos. Lo arreglaríamos aplicando una solución del México "informal" (el autogestivo, el ciudadano), ese que resuelve todos los "cuellos de botella" (así les llaman los economistas), del México "formal" y que permite que este perviva, sobreviva y hasta se pare el cuello en foros internacionales, no obstante que aquí entre nos, en lo interno, todos sabemos que el México "formal" no es más que una fachada, que se ve muy bien de frente, pero que visto de lado está bastante desordenado.
             

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