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Página en memoria de Jorge Ibarguengoitia actualizada 19/03/09
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Página en reconstrucción...

"En México, todo es posible y nada es probable": Jorge Ibarguengoitia.

"Si Kafka hubiera nacido en México, probablemente sería un escritor costumbrista": Carlos Monsiváis

Texto de un aprendiz en la escuela de Jorge Ibarguengoitia.

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LA SICOLOGÍA DEL E- MAIL MEXICANO

Un estudio de caso ( o más bien, un caso para estudio)
Taller de Terapia de Grupo Villamorena1.

Con el advenimiento de la era cibernética, los investigadores de la sicología del mexicano se han topado con un nuevo campo de estudio; el relacionado con los correos vía e-mail.
Como antecedente, actualmente en México, para quién tiene los recursos necesarios, tener su cuenta de correo e-mail está de moda, da estatus y tener más de una cuenta es algo normal, aunque por extrañas razones, el e-mail mexicano sigue siendo tan ineficiente como su pariente el servicio postal.
Antiguamente, cuando solo existía el servicio de correos tradicional, el mexicano podía atribuir a éste la lentitud de sus respuestas o en el caso de que no contestara siempre podía alegar que escribió pero que "seguramente el correo la extravió" En resumen, el Servicio Postal Mexicano como chivo expiatorio.
Pero ahora con el e-mail, los sicólogos han descubierto que el SePoMex, al parecer, no tenía nada que ver con las anomalías reseñadas. Que más bien se trata de un problema especial que tiene el espécimen humano en cuestión (nosotros, los mexicanos) en torno al uso del e-mail. Que mientras en otras latitudes las personas han incorporado el correo electrónico normalmente a su vida cotidiana, en México ha sido sumamente difícil el proceso, en muchos casos traumático. Que la autonomía que otorga el e-mail en gestión de la correspondencia, ha puesto en evidencia que aquellas fallas que el mexicano atribuía a otros ( la sirvienta que iba a depositar la carta, los empleados de la oficina de correos que son unos haraganes, el transporte que es lento, el cartero, al que le caemos mal porque no le dimos su Navidad, etc, etc, etc,.) no tenían nada que ver en todo ello.
Retomando el punto: Acabándose entonces con el uso del e-mail la posibilidad de encontrar a quién echarle la culpa, solo nos ha quedado como pretexto el achacar las deficiencias al servidor de correos. Se escucha: " Oye, te envié un e-mail ¿qué pasó?. ¿Me enviaste un e-mail? No, no lo recibí. Seguramente habrá sido problema con el servidor de correos"
Esa es la respuesta usual, no obstante que el servidor no haya enviado de regreso un mensaje de correo no entregado.
A partir de este punto, el mexicano queda inerme, atenido a su propio comportamiento, desvalido, sin tener a quién echarle la culpa.
1Ah¡ pero también se ha detectado que aunque no conteste los e-mails, el mexicano es proclive a enviar a diestra y siniestra (sin siquiera ponerles un encabezado) correos en cadena que transportan algo que pudiéramos catalogar como " 100 miserables chistes para hacerle perder asquerosamente su preciado tiempo" y que versan invariablemente sobre los mismos temas: gallegos, argentinos, regiomontanos, políticos, género contra género o de humor negro.
No pretendemos aquí erigirnos en sicólogos que analicen esta nueva veta que aflora en estos tiempos cibernéticos de la compleja alma nacional. Esperamos que surjan nuevos Octavio Paz, Samuel Ramos, Francisco Ramírez o León Portilla para abordar tan abstrusa materia. En todo caso, sería cuestión de ver si Nayef Yehya, Trejo Delarbre, Jorge Ramos, Juan Villoro o Flores Olea (si no están muy ocupados) pueden encargarse del punto.
Queremos analizar también otro enfoque que nos ayudaría a refinar el análisis: el referente a la relación entre nuestros nombres y las características atribuibles a ellos. Ya ven que en esta época de incertidumbres (como al parecer lo han sido todas) los humanos nos aferramos al tratar de encontrar significados ocultos en los astros, los números, la ouija, la cábala y en este caso en los nombres para que nos ayuden a entender cómo somos y que nos depara el futuro.
Al respecto, hemos ido recabando algunos datos sobre la relación entre nombres y su actitud respecto a contestar los correos e-mail que reciben, información que transmitimos aquí a los especialistas en la materia:
Los nombres Carmen, Joaquín, Lilian, Adriana, Laura, Alex y Salvador, corresponden a personas que si contestan los e-mail puntualmente.
Otros nombres como el de Hugo y Jorge, manifiestan un comportamiento errático.
Tenemos en estudio otros como los de Julieta, Norma, Daniel, David, Luz Elena, Álvaro, Miguel, Alfonso y Juan José. Por lo pronto, se están manifestando lentos ( muy lentos, lentísimos) en la respuesta.
Tenemos otros como el de Víctor (en especial si se apellida Ruiz Regalado) que son una verdadera calamidad: nunca contestan.
Así que ya saben: mucho ojo con el nombre que le vayan a poner a sus futuros retoños, si quieren que medren con bien en este complejo universo del e-mail mexicano.
Aunque por otra parte, las nuevas generaciones de mexicanos están siendo bautizadas con nuevos nombres autóctonos: Carla, Cindy, Vanessa, Tess (que no Teresa) o Christian y no cuento entre mis conocidos con nadie que responda a tales apelativos a los que enviar un e-mail y estudiar su comportamiento para que pueda ser agregado a nuestra galería de especimenes - nombres.
Hasta aquí por ahora. Esperamos seguir indagando en este curioso tema que vincula e-mail, mexicanos y nombres propios.
Los tendremos informados.
Emilio Vega Martín.

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