¿La propiedad humana de la tierra? ¿Acaso la tierra es nuestra? actualizada 30/04/07  
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"La tierra no es nuestra; nos la prestaron nuestros hijos": Proverbio Keniano.
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 ¿La tierra que compramos es nuestra para uso y abuso?
Emilio Vega Martín.

Digamos que nos hemos refugiado aquí en el bosque, en este reducto que conserva vida natural. Y al comprar el terreno, más que adquirir derechos legalmente sancionados, lo que tenemos es la responsabilidad humana sobre una comunidad de entes naturales: suelo, rocas, plantas, árboles y animales: y pretendemos coexistir con ellos - hasta donde esto es posible - en paz. Debemos de velar por ellos, nosotros, recién llegados a esta comunidad que existe desde tiempos inmemoriales. Debemos cuidarlos de la depredación que asola el planeta. Y esta coexistencia con pocos seres humanos e inmersos en la comunidad de entes naturales, necesariamente nos otorga una perspectiva diferente de la vida. Como diría el jefe Seattle, no podemos considerarnos dueños del medio natural que nos rodea; somos simplemente avecindados en él. Al vivir aquí, nos damos cuenta que los humanos estamos aquí de paso; que nuestras muertes serán insignificantes, hechos elementales si lo comparamos con la tragedia que supondría la extinción de este bosque. Porque con la desaparición del bosque, toda vida humana sería imposible: seríamos borrados de la faz de la tierra mientras que en el área que ahora ocupa el bosque la naturaleza empezaría su tarea de reconstrucción desarrollando nuevas formas de vida; porque a ésta poco le importaría nuestra extinción con todo su bagaje de sueños malogrados y estupidez depredadora; seríamos una especie de plaga de éxito efímero en la eterna vida del planeta.
Ante todo lo anterior, en la humana preocupación por la ecología se evidencia que en el fondo el asunto - dado que al planeta le tenemos sin cuidado - es relativo a la supervivencia de la especie humana y parece que no nos hemos dado cuenta de ello. Seguimos siendo egoístas: la sobrepoblación, el efecto invernadero, la extinción de especies animales y vegetales, si bien afectan al planeta en su conjunto son en esencia, preocupaciones por el género humano. El resolver esta problemática está en cambiar nuestra forma de vida; está en nuestro actuar cotidiano. No puede haber crecimiento infinito en un planeta finito.
Por ello, no hay actualmente forma más elevada de la política que la referente a lo ambiental. Pero en este aspecto parece que somos idiotas (en el sentido que le daban los antiguos griegos, que era el del individuo que no se preocupaba por la cosa pública), máxime en nuestra sociedad mexicana actual, en la que sus arquetipos reales son por esencia, personajes depredadores, dedicados a la acumulación de bienes materiales: el arquetipo del rico ocioso.
Esperemos que los esfuerzos actuales en educación relativos a formar en las nuevas generaciones una conciencia ecológica logren transformar nuestro comportamiento colectivo.

             

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