desde Pinar de la Venta, Zapopan, Jalisco

 

DE LA DENOMINACIÓN DE "CIBERCAFÉS" Y OTRAS INEXACTITUDES.

Se les denomina cibercafés como bien pudieran haberse llamado cibercantinas, ciberbares o cibertugurios.
El hecho es que a los cafés - institución que ya cuenta con más de dos siglos de existencia - le ha salido una especie de familiar bastardo, hijo de la frivolidad mercadotécnica contemporánea, y que, al parecer es al igual que la mayor parte de sus frutos, desechable y provisional.
En todo caso, el huérfano cíber necesitaba de algún apellido que le diera legitimidad, con tan mala pata que le tocó a la respetable familia de los cafés darle cobijo, aunque creemos que ésta anómala situación no se prolongará por mucho tiempo.
El cibercafé es lo más alejado que pudiera concebirse de la familia de los cafés: allí, no puede tomarse buen café; en el remoto caso de que pudiera disponerse de éste, no hay tiempo ni el lugar físico adecuado: la computadora y sus aditamentos se cobran por tiempo de uso y se señorean del espacio, vedando la proximidad de café caliente, refrescos, humo del cigarro y sus cenizas que pudieran afectarlos.
El ambiente de los cibercafés se antoja monacal, casi de hospital siquiátrico: carente de estímulos visuales y sonoros.
Los seres humanos que a ellos concurren, escasamente charlan entre sí; las pocas palabras o interjecciones que farfullan tienden a ser dirigidas - con mentalidad animista - a los equipos que se encuentran frente a ellos.
En resumen, lo más alejado que puede concebirse de un café normal, lleno de estímulos visuales y olfativos, buen café, humo de cigarros, charlas y todo el tiempo del mundo.
Cibercafés: locales a la baja - al menos en los países desarrollados - acosados por la merma de clientela resultado de la expansión de las computadoras caseras y por disposiciones gubernamentales (España) que los califican de lugares dudosos donde se propicia el juego de apuestas. Parece ser que su futuro se encuadra en el servicio a viajeros usuarios del correo electrónico y del chateo. En sí, estos establecimientos cumplen una función necesaria; pero, por favor, que no los asocien con la cultura cafetera; que se busquen otra familia de establecimientos que los acoja.
Bueno; pero para aquéllos que siguen siendo afectos a semejantes tugurios, les proporcionaremos en fecha próxima, una lista de enlaces con guías de cibercafés y otras curiosidades propias del tema en la página de CAFETEANDO.
Pero, ¡ Cómo estoy diciendo todo esto si este texto lo estoy pergeñando desde mi propio cibercafé casero! Claro que este cibercafé propio está totalmente libre de todas las restricciones que aquejan a esos pobres cibertugurios.

Emilio Vega Martín

   

la cultura tiene aroma de café