EL SEÑOR CLIMA  Bienvenidos al Québec - México - Guadalajara de Raquel Carrera y Emilio Vega.

actualizada 17/09/03

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EL SEÑOR CLIMA Y EL VERANO DE LOS INDIOS.

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El clima es un tema vital en la vida quebequense. Tema permanente y esencial. Aquí puede hablarse del SEÑOR CLIMA, con mayúsculas.

Aquí, el SEÑOR CLIMA es un  dictador vitalicio. Impone, sin posibilidades de apelación, sus condiciones. Al respecto, debo de comentarles que no hay quebequenses exiliados por razones políticas o económicas. Aquí, los que optan por el exilio lo hacen por motivos climáticos: hay muchos exiliados en Florida, California o en nuestro México.

El verano aunque cálido, puede ser más bien corto. Tan corto puede ser que los quebequenses dicen que el año pasado, aunque no se crea, sí hubo verano: fue un miércoles.

El pronóstico metereológico es cotidianamente la noticia más importante. No haberlo escuchado desde temprano nos sumerge en la incertidumbre: no saber cómo vestirnos, cómo planear las actividades del día. En el pronóstico, se nos informa detalladamente respecto al día de hoy. Inclusive existe un canal de TV dedicado exclusivamente al tema. Aparte de la información concerniente al día, se nos proporcionan algunos datos sobre el día siguiente y para pasado mañana el pronóstico más parco que puede uno escuchar es el de beau (bello) o ensoleillé (soleado). El problema es que en estos días, sin ir más lejos, el jueves pasado, anunciaban para el sábado, beau. El viernes corrieron el beau para el domingo y hoy sábado, lo trasladan al lunes. Total que el beau siempre está presente en el pronóstico pero únicamente como promesa inalcanzable, salvo en el período que se denomina “ L´eté des Indiens” (el Verano de los  Indios)

El Verano de los Indios: fenómeno metereológico especial, días mágicos y febriles para los quebequenses. Entre los meses de Octubre y Noviembre, cuando parecería que el invierno sentó sus reales, irrumpen pocos días – a lo más una decena – en los que el clima retoma un calor y cielos despejados propios de los mejores días de Septiembre: es “El Verano de los Indios”. Se le denomina así porque los antiguos pobladores indígenas del país los aprovechaban para regresar en su migración desde el inhóspito norte hasta el cobijo de los bosques antes de que el invierno se prolongara sin interrupción durante largos meses. Verano de los Indios que nadie sabe con certeza cuando llegará ni por cuantos días se prolongará. Por ello hay que aprovecharlo con el frenesí de alguien que recibe un regalo inesperado, sabiéndose condenado irremediablemente a sufrir posteriormente el frío.

Así, en esta sociedad marcadamente organizada y politizada, donde la colectividad actúa hasta en asuntos que en otras latitudes se consideran pequeñas molestias irremediables, como las que atañen a facilidades para peatones, basura o iluminación urbana, el SEÑOR CLIMA añade un elemento perturbador, aleatorio y permanente, que impregna toda la cultura quebequense, la vida familiar, la música, la literatura, la filosofía de la vida misma. Preguntándole a un amigo su opinión sobre el frío, partiendo de nuestro supuesto de que a la larga los quebequenses se adaptan a convivir con él, nos responde que no, que no hay manera de adaptarse al frío.

Tan previsores y organizados son respecto a los efectos del clima que cuando en la prensa internacional se nos anuncia que el nordeste estadounidense está sufriendo calamidades sin cuento merced a un invierno particularmente riguroso, Québec, no obstante encontrarse aún más al norte no parece acusar problemas similares. Siguiendo la frase de un magnate de los medios estadounidense de que en la prensa “good news, no news” ( las buenas noticias no son noticia), en Québec no hay malas noticias en este tema y por lo tanto no hay nada que capte la atención de los medios. Simplemente en Québec no pasa nada. Y esto puede hacerse extensivo a numerosos aspectos de su realidad.

Y aparte, resulta que en Enero, en lo más riguroso del invierno, se les ocurre festejar, ¡Dígame usted¡, nada menos que un Carnaval. Nosotros, latinoamericanos, asociamos la idea de un Carnaval a la Habana, Río de Janeiro u otros lugares tropicales. Calor y ropas ligeras, casi inexistentes. Pero aquí, ¡un Carnaval frío¡. Vaya que se requiere sentido del humor... Al respecto, una respuesta quebequense: “ Si no lo puedes vencer (al frío), únete a él”. 

Esperamos, en un futuro próximo, vivir un invierno quebequense (aunque nuestros amigos quebequenses, en Enero, sentados con nosotros en una terraza de Puerto Vallarta, nos hayan dicho que estamos locos) Para nosotros, habitantes de un país cálido donde las estaciones son sólo la de lluvias y la de secas, con solo pequeñas variaciones de temperatura alrededor de los 21 grados centígrados, el sólo pensar en un invierno riguroso de 5 meses de duración, que obliga al confinamiento, es asunto infame, aunque interesante para enriquecer las vivencias personales (sólo para masoquistas, se apresuran a agregar nuestros amigos quebequenses)

Es lógico entonces entender la euforia, la desesperación con que muchos quebequenses se entregan al disfrute del sol, del calor. Y nos consideran, de paso, a los mexicanos, como seres dichosos porque vivimos en una tierra eternamente soleada. Al respecto, cuando nosotros nos quejamos de todos los lastres políticos y sociales que arrastramos en nuestro país de origen, los quebequenses nos enmudecen diciendo: “¡Ah¡ pero ustedes tienen un clima perfecto”. Al parecer, para ellos, nuestro clima compensa con creces todas las miserias de nuestra vida nacional.

 

 

 

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