INTRODUCCIÓN  Bienvenidos al Québec - México - Guadalajara de Raquel Carrera y Emilio Vega.

actualizada 17/09/03

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INTRODUCCIÓN

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1. Introducción    2. Québec, un lugar singular.

Los textos incluidos forman parte de una serie de impresiones de viaje escritas entre los años 1987 y 1990 a las que se han agregado en fechas posteriores elementos fruto de informaciones diversas emanadas de contactos frecuentes con amigos quebequenses.
Es cierto que contempladas a la velocidad de cambio de los tiempos que corren, estas notas pueden parecer pertenecientes al ámbito de la crónica histórica. En estos momentos, 10 o 15 años equivalen a la eternidad. Sin embargo, hemos podido constatar que la mayor parte de lo consignado en ellas, sigue siendo vigente.
Obviamente, estas notas están preñadas del subjetivismo connatural con nosotros los humanos. Se incluyen - al decir de algún amigo quebequense que se ha tomado la molestia de leerlas - dentro del campo de la crónica "naive" (ingenua). Al respecto, en nuestro descargo, debemos de comentar que nuestro amigo es una persona sumamente seria y previsora - como lo son muchos quebequenses - cualidades humanas apreciables en todo sentido pero que nosotros mexicanos no poseemos en modo alguno.
Agreguemos finalmente que es gracias a la Internet que estas notas pueden finalmente exponerse a la luz pública, a salvo de la actitud inquisidora de algunos políticos mexicanos que tuvieron conocimiento previo de ellas y a los que los textos referentes al ámbito político no complacieron en ningún sentido, señalando que contribuían a enturbiar su imagen ante los ojos de extranjeros, vía nosotros, mexicanos deslenguados y anarquistas.
Vayan pues estas notas para aportar nuestro granito de arena - repetimos, obviamente subjetivo - a la comprensión de esa Nación especial, original, que es Québec.


Raquel Carrera Contreras y Emilio Vega Martín. 
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QUÉBEC, UN LUGAR SINGULAR.

Para muchos mexicanos, es lugar común el creer que Canadá es un país exclusivamente anglosajón y angloparlante. Solo de vez en cuando se escucha por ahí que existe una provincia donde se habla el francés, pero se hace tal mención cual si se tratara de una mera curiosidad lingüística similar a la que se observa en minorías étnicas de otras latitudes, sin que ello implique diferencias notables en otros aspectos de la realidad - política, económica y social - con las mayorías que conviven con ellos en un mismo territorio. En una visión burda - desgraciadamente bastante generalizada entre nosotros - Canadá es una especie de prolongación de los EE.UU., que en poco se diferencia de éste. Dentro de esta óptica pedestre, el saber que existe dentro del Canadá una provincia franco parlante - Québec - provoca desconcierto: ¿Qué clase de provincia puede ser ésta que se mantiene aferrada al francés y a una cultura de origen francés y que ha ido evolucionando dentro de cauces propios durante más de 3 siglos, apegada a sus raíces a despecho de los embates - tanto bélicos como económicos y culturales - de los grupos anglosajones que los rodean y que se presenta como una economía importante, de alto grado de desarrollo tecnológico y altos índices de bienestar? 
La respuesta, evidentemente, no es sencilla. Para encontrarla, los libros y todo el material de que dispongamos, sirven de poco. Solamente yendo a Québec podremos encontrar cuando menos un atisbo de esa singularidad que solo Québec posee.
Las notas de viaje que aquí se presentan son fruto de ese deseo de entender el fenómeno Québec. 
Vaya lo siguiente como reflexiones previas a estos periplos: 
Ante todo, debo de comentarles que desgraciadamente no pertenezco a esa especie de seres humanos que logran, mediante concienzudo estudio de los elementos que brindan enciclopedias, guías y medios de comunicación, tener previamente a una visita, una imagen bastante clara de un país o una región.
En lo personal, prefiero la vivencia - de facto, cualquier descripción preliminar es necesariamente esquemática. Prefiero la vivencia porque creo que hay tantas visiones de un lugar como personas que lo visitan. Creo de hecho, que cada uno de nosotros construye su propio país.
Así pues, yo tengo mi propio Québec - necesariamente parcial, preñado de subjetivismo, de mi formación y deformaciones, de mis fobias, amores y ternuras. Un Québec, por otra parte, enriquecido al entrelazarse con el Québec de mi compañera mientras compartíamos ámbitos y experiencias. Estoy creando ya mi propio Québec; éste me enriquece, me otorga un nuevo punto de referencia.
Tal vez a través de conocernos directamente, sin intermediarios, podríamos eliminar en gran medida las guerras, dado que en muchos casos aceptamos que se agreda a aquél que nos es extraño, aquél con el cual no hayamos compartido alegrías, dolores, vida. El convivir nos acerca, nos hace hermanos. 

Durante años, pregunté a aquellos que visitaban Québec su opinión: es bonito, es agradable, hace mucho frío, me contestaban.
Pero en todas estas respuestas no lograba encontrar esas palabras, esos mensajes que en nuestro interior tocan una fibra gemela desencadenando imágenes vinculadas a nuestra propia vivencia. Tener mi propio Québec, así como voy teniendo palmo a palmo mi propio México, se trocaba en algo importante.
Los datos estadísticos que hasta ahora había recabado no eran sino grandes abstracciones:
· Provincia de Québec, formando parte del Canadá.
· Seis y medio millones de habitantes, concentrados principalmente a lo largo del valle del río San Lorenzo.
· Superficie de 1 y medio millón de kms. cuadrados: evidentemente un gran país.
· Una economía provincial - considerándola por separado de la economía de Canadá - superior por su producto interno bruto a la de varios países europeos de talla no desdeñable.
· Un elevado ingreso por habitante.
· Población francófona en un 85 por ciento, rodeada por angloparlantes.
· Un clima de verano corto y caluroso - alcanza los 34 grados centígrados - y un invierno duro y prolongado, descendiendo el termómetro hasta los 40 grados bajo cero.
Aparte de estos datos, algunas informaciones sobre su organización sociopolítica y lo que se dio en llamar "La Revolución Tranquila". Y como complemento, fotos y más fotos, edificios y campiñas de buen ver, con mucho de europeo antes que de estadounidense.
Toda esta información semejaba piezas inconexas de un enorme rompecabezas: no me otorgaban una imagen clara de la que pudiera apropiarme.
Y así, en ese estado general de ignorancia ilustrada emprendimos el viaje a tierras ignotas. Un mejor nivel de información me habían sido dados por el contacto y la convivencia con quebequenses en nuestro país. México ocupa un lugar especial en el interior de muchos de ellos que lo aman entrañablemente: han dejado parte de sí aquí con nosotros. Y regresan al parecer fascinados por este nuestro país que está por hacer, nación que está por nacer en la que se mezclan lo mágico, lo imprevisto, lo bello y lo explosivo en dosis que sólo nuestro México puede proveer.

Emilio Vega Martín.

 

 

 

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