LA COMIDA Bienvenidos al Québec - México - Guadalajara de Raquel Carrera y Emilio Vega.

actualizada 17/09/03

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LOS QUEBEQUENSES Y LA COMIDA.

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Comer es tan esencial como el respirar; así que si van ustedes a Québec y considerando lo importante, lo vital que es el comer, lo primero que les recomendamos es no dejarse atrapar por la nostalgia gastronómica, que en nuestro caso mexicano pasa por el recuerdo de unas tortillas calientitas, de unos tacos de carnitas, de unas rajas de chile jalapeños, de una pechuga en mole poblano, de unos chiles en nogada y en el caso de que seamos tapatíos, de unas tortas ahogadas. Todos estos alimentos resultan de difícil adquisición aquí, aunque existen algunos restaurantes que se anuncian como “de comida mexicana”, pero siempre les falta algo que pudiéramos calificar como “el sabor del terruño”.

Recomendamos como alternativa adoptar un espíritu aventurero y dejarse llevar por lo que nos ofrece el lugar. De hecho, en Québec coexisten comunidades de los cuatro confines del orbe con sus respectivas cocinas, pero les recomendamos empezar por la quebequense, que es, de facto, cocina francesa a la que se han agregado nuevas recetas propias de esta tierra.

Y si amamos el cocinar, mercados y supermercados ofrecen una variedad de productos que difícilmente puede encontrarse en otro lugar del Mundo.

Recordemos que junto con el idioma, la comida de un pueblo expresa más que lo que puede encontrarse en 100 doctos tratados sobre sus integrantes y su cultura.

Para empezar, una primera recomendación esencial: dispongan de tiempo: dos horas pueden no ser suficientes, dado que según los amigos quebequenses la comida es “un pretexto para la charla”. De lo anterior se deduce que la comida no puede hacerse en solitario. En nuestra experiencia personal, un “tout petit repas” (una comidita) quebequense puede prolongarse por más de diez horas, con lo que el evento adopta un carácter total de “slow food”. En resumen, todo lo contrario al “fast food”, que se efectúa a toda prisa, en solitario, como mero acto de supervivencia biológica.

En Québec la gente se sienta para comer; nada de comer parados – como lo hacemos nosotros – unos tacos de carnitas, buche, trompa o maciza en un puesto callejero. Nada de comidas de nómadas en las que las tortillas hacen de platos. Simplemente no es posible comer charlando durante 10 horas como lo hacen los quebequenses sin sentarse, sin mesa, sin cubiertos y demás adminículos que usualmente se estilan en los eventos gastronómicos de por acá.

La segunda recomendación: no esperen encontrar grandes porciones en cada plato. Los platos son numerosos, servidos con porciones pequeñas. Así, en ese “tout petit repas” se empieza con entradas diversas pasando a una sopa, de allí a una ensalada a la que siguen uno o dos guisados para pasar después a los postres que se rematan con quesos y frutas, café o té. Todo ello acompañado por un aperitivo, vinos blanco o tinto – dependiendo del tipo de guisado – y un digestivo.

Contra lo que pudiera suponerse, tal comida – que suena como algo pantagruélico – no es indigesta en modo alguno: las pequeñas porciones y la variedad de alimentos se combinan con la charla en un largo lapso con un resultado etéreo, grácil que nos permite levantarnos al día siguiente con un ánimo fácil, liviano.

Y ahora los dietistas descubren que este tipo de comida, al “estilo mediterráneo” es el mejor antídoto contra la obesidad que rampante se desarrolla entre los adoradores del “fast food”.

Y a propósito de éste – “fast food” o “comida rápida” – en Québec también hay MacDonald´s – el de las hamburguesas – pero aquí es como cualquier hijo de vecino expendedor de comida. Ir a MacDonald´s no es símbolo de estatus ni de nada; el de la rue Saint Jean es un local desangelado con una fachada que hubo de adecuarse a las normas edificatorias prevalecientes en el centro de Québec, con lo que perdió totalmente ese carácter de tendajón de feria barata al que nos tiene acostumbrados, convirtiéndose en un inmueble mediocre que en nada rivaliza con la calidad edilicia de sus vecinos. Además, para garantizar su supervivencia hubo de ampliar su menú, agregando numerosas variedades de alimentos de los que es estilan aquí, entre los que las famosas hamburguesas pasan prácticamente desapercibidas. El asunto es que por lo visto a los de MacDonald’s nadie les explicó que el quebequense medio considera sus hamburguesas como un alimento deleznable, propio de los más bajos estratos sociales canadienses, de jóvenes incultos y descarriados y de desempleados y vagabundos neoyorquinos. Parece que este espinoso asunto gastronómico también lo ignoran ciertos grupos de turistas estadounidenses que a ratos invaden este comedero, actitud que los quebequenses se explican pensando que estos turistas, abrumados por la variedad de menús desconocidos que ofrecen los restaurantes aquí, se refugian en aquello de “ más vale malo conocido...” y con un suspiro de alivio le hincan el diente a sus infaltables hamburguesas (que dicho sea de paso no son de Hamburgo), con lo que se sienten como en su propia casa.

Por último, lo que sí debo de recomendarles en el caso de ir a Québec y probar su comida, es que al regresar a nuestras tierras nos centremos en paladear la nuestra; no vaya a ser que nos atrape la nostalgia de todo aquello que provee la cocina quebequense.

 

 

 

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