LA LENGUA FRANCESA  Bienvenidos al Québec - México - Guadalajara de Raquel Carrera y Emilio Vega.

actualizada 17/09/03

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QUÉBEC Y LA LENGUA FRANCESA.

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QUÉBEC Y LA LENGUA FRANCESA.    

UN TRATADO MALTRATADO.     

LAS LENGUAS FRANCESAS DE QUÉBEC.

Probablemente en ninguna otra parte del Orbe se observa una lengua – en este caso la francesa - con tales implicaciones en lo político, lo económico y lo cultural de una nación. Mientras en el resto del mundo las lenguas se fusionan, amalgaman y transforman – sobre todo ante el embate del inglés – sin que el tema inquiete particularmente más allá del ámbito de los intelectuales y especialistas, en Québec la lengua francesa está vinculada al sentimiento nacional, se encuentra en el centro del debate sobre el separatismo quebequense y tiñe todos los aspectos de la existencia colectiva, bajo el mandato de la llamada Ley 101 (que ahora a partir del año 2000, se encuentra sujeta a revisión), que define al francés como lengua oficial de Québec y todo ello generado en vinculación con la pugna con los grupos anglófonos que desembocó en la llamada “Revolución Tranquila”. Agreguemos a esto el flujo de inmigrantes – auspiciado por el Gobierno quebequense – para compensar la baja tasa de crecimiento demográfico de la población local, los denominados “alófonos” (que tienen como primera lengua otra diferente del francés) que se pretende asimilen el francés como segunda lengua, que obviamente seguirán usando simultáneamente su lengua de origen y el caso entre estos de los que pretenden aprovechar las facilidades migratorias que brinda Québec para de allí trasladarse al Canadá anglófono por lo que en el fondo desean aprender inglés, antes que el francés. Vaya complicación con la lengua.

Así, llegar a Québec es sumergirse en la lengua francesa. Si bien el quebequense está acostumbrado a su babel propia, donde etnias de los 4 confines del Globo han sido bien acogidas estableciendo allí su segunda Patria, esto no disminuye el papel del francés como lengua base.

Para el quebequense, que se siente rodeado de angloparlantes, el ejercicio cotidiano del francés es afirmación de la propia identidad. La defensa del idioma, la práctica cotidiana de este idioma-identidad, lo lleva a no aceptar fácilmente el uso de expresiones tomadas de otros idiomas: toda idea, situación, objeto que genere una expresión ideomática que provenga de otra lengua – en especial del inglés, es automáticamente traducida al francés. Aquí no hay week-ends, hot-dogs ni sleeping-bags. Aquí no nos proporciona estatus ni nada positivo el salpicar nuestro lenguaje con expresiones en inglés. En Québec se acaba hablando un francés mucho más puro que en el propio París.

A pesar de encontrarnos a escasos kilómetros de la frontera con los EEUU y cercanos a Boston y Nueva York, nadie parece sentir un impulso especial por cruzar la frontera. Inclusive no se han generado a lo largo de la línea fronteriza – en la forma en que acontece en la frontera méxico-estadounidense – centros comerciales de importancia. Los EEUU bien podrían encontrarse en otro continente.

Por contrapartida, son turistas provenientes del nordeste de los Estados Unidos los que abarrotan Québec en los largos fines de semana estivales, cargando el ambiente con la tensión que los caracteriza al seguir un programa estricto de uso del tiempo (“1 minuto para ver la Citadelle, 2 minutos para ver el Frontenac, etc. etc.”)

Québec - a donde vienen a comer como salvajes ( asunto que trataremos en otro apartado) – según el decir de un amigo quebequense – y a tomar o retomar, según el caso, contacto con la cultura francesa-quebequense. Estos angloparlantes aquí batallan con el idioma. Sólo en los establecimientos turísticos de tipo internacional se les habla en inglés. Cuando incidentalmente abordan a algún transeúnte nativo en busca de información, frecuentemente tropiezan con un interlocutor reacio a admitir que entiende el inglés - hay que pensar que en general sí lo domina porque éste es obligatorio como segunda lengua en la enseñanza del nivel equivalente a lo que para nosotros es la escuela secundaria.

Por otra parte, el uso del francés, derecho arduamente ganado por el quebequense, no da lugar a claudicaciones. El idioma inglés tiene para él demasiadas connotaciones emotivas, culturales y económicas conflictivas como para aceptarlo fácilmente.    regresar

UN TRATADO MALTRATADO.

Un ejemplo claro de la forma en que valora su lengua, lo constituye la forma en que negociaron para que en el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), el francés fuera incluido como tercera lengua junto con el inglés y el español. Según la información de que disponemos, las autoridades estadounidenses no tenían en mente que hubiera que negociar la inclusión del francés dentro de los acuerdos del NAFTA: su primera reacción fue de molestia. Las negociaciones subsecuentes se prolongaron por más de un año.

Es de considerarse la firmeza quebequense en este tema: a grosso modo, los franco parlantes son apenas 5 millones sobre un total de 400 millones de habitantes de los 3 países signatarios del Tratado ( Canadá, EEUU y México), poco más de un 1%. ¡Pero que uno por ciento más decidido a hacer sentir su presencia!

Dicen las malas lenguas que a partir de esta eventualidad, los funcionarios estadounidenses están enfrascados en descifrar – sin conseguirlo – el porqué el uso del francés es tan importante para los quebequenses ahora que – según ellos – hay que hablar inglés si se quiere lucrar en esta vida.    regresar

LAS LENGUAS FRANCESAS DE QUÉBEC.

Debemos de advertir al visitante que en Québec no se habla un francés sino varios: aparte del que podemos llamar internacional, existe un francés que podemos denominar quebequense y dentro de éste una variante – una especie de caló o lunfardo – que es el “joual”. Acostumbrados al francés internacional, el “joual” es inentendible aún para los propios quebequenses de clase media. Y cada región de Québec tiene su propio acento.

Y lo verdaderamente especial en materia de idioma se da cuando hablamos con aquellos para los que el francés es su segunda lengua – inmigrantes en su gran mayoría. Entonces, la diversidad de acentos se torna asombrosa. Así, se puede escuchar a un español de origen, radicado allí desde largo tiempo, hablando un francés gramaticalmente perfecto pero con acento y entonación del más puro castellano. Y qué decir de los haitianos que se expresan en una especie de francés tropical caribeño.

Pero las que resultan verdaderamente espeluznantes son las ensaladas lingüísticas que se generan cuando un inmigrante latinoamericano de extracción popular se enfrenta con objetos y situaciones que desconoce, para las que no tiene palabras en su lengua materna que las denominen. Entonces, al retomar el español, lo salpica y complementa con expresiones francesas que él castellaniza: por ejemplo, si en su país de origen no nevaba, los copos de nieve no existían en su vocabulario. Entonces los flocons (copos) de nieve se tornan flocones. Magasiner, término quebequense que se utiliza para designar el acto de ir de compras, se convierte en magasinear. En concordancia con lo anterior, el inmigrante expresa: “cuando empiezan a caer los flocones de nieve, no me gusta ir a magasinear”, que traducido al castellano sería: “cuando empiezan a caer los copos de nieve, no me gusta ir de compras”

Asistimos aquí al nacimiento nuevos híbridos lingüísticos: el fragnol (frañol) y el franglish que afortunadamente no parecen tener muchas posibilidades de desarrollo, dado que las autoridades quebequenses desean y se esfuerzan porque el inmigrante pula su propio idioma de origen y a la vez aprenda el francés.

Concluyamos con estas ideas que son moneda corriente por estas tierras:

La pérdida de la lengua propia es el principio de la pérdida de la identidad; el perder las raíces.

Lengua: el fruto más completo de la cultura. La principal herramienta del pensamiento: pensamos con palabras. Nos apropiamos de los objetos denominándolos. Lengua en constante evolución, interpretando, moldeando nuestra visión de la realidad.

 

 

 

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