LOS NOMBRES DE QUÉBEC   Bienvenidos al Québec - México- Guadalajara de Raquel Carrera y Emilio Vega.

actualizada 17/09/03

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LOS DISLATES TOPONÍMICOS QUEBEQUENSE-MEXICANOS.

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En Québec resulta interesante y evocadora la conjunción de plazas y calles y los nombres que las designan: Porte de Saint Louis, Porte de Saint Jean, Rue de la Chevrotiére, le Petit Champlain, Place Royale, Rue de la Couronne, Rue Buade, Rue des Erables...... Nombres llenos de historia según nos explica un amigo. Aquí la toponimia parece ser asunto serio. Para nosotros, repetir estos nombres es evocar lugares, gente y rostros conocidos, imágenes vivas. 
Pero, como en todo lugar sobre la tierra, siempre existe un lunar negro y Québec no escapa a este sino.
Atravesando la Basse-Ville y cruzando la Riviére Saint-Charles, se ubica un área urbana - de cuyo nombre no quiero acordarme - donde la imaginación y sapiencia de los bautizadores de calles parecen haberse agotado siendo sustituidas por un pragmatismo estéril: entre las Avenidas Primera, Segunda y Tercera, discurren las calles uno, dos, tres, cuatro, etc. etc. Ante tal dosis de pragmatismo, nuestra pregunta es: ¿Cómo puede construirse una geografía personal, sentimental y emotiva, con semejantes denominaciones de calles?
Está bien ser pragmático, pero esto es el colmo: es muy efectivo en términos de orientación, saber que la calle objeto de nuestra búsqueda, por ejemplo, la treinta y ocho, va a ubicarse fatalmente entre la treinta y siete y la treinta y nueve. Pero, ¿qué clase de referencia geográfica podemos dar a nuestros primeros amores si estos se desenvolvieron entre las calles cuatro y cinco? No nos dice nada. Constátese la diferencia si decimos que se desarrollaron en la Porte Saint Jean o en la Rue Saint Estanislas: como de la Tierra a la Luna.
Afortunadamente, esta especie de vacuidad nominativa sólo afecta a un reducido sector de Québec. Esperamos que esta enfermedad no cunda en otros parajes quebequenses.
Y pensándolo bien, nosotros también en nuestro país, caemos, aunque por otras razones en un caso de esterilidad apelativa toponímica. Y profundizando en la materia, caemos en la cuenta de que entre nosotros esta enfermedad - ¿podrá considerársele así? - se extiende, no por limitados sectores de nuestras ciudades, sino que tiñe inmisericorde toda la toponimia nacional.
Si bien con los quebequenses la enfermedad adopta su apariencia numérica, con nosotros adopta su apariencia heroica, no porque la tarea de encontrar nombres de calles alcance los perfiles de la heroicidad, sino porque abusamos de los nombres de los héroes patrios - incluyendo a ex presidentes y líderes sindicales - para adjudicárselos a plazas, calles y demás recovecos de la geografía urbana, en forma repetitiva, monótona e inacabable .
Por ello, ya no adquiere ningún significado relevante el decir que nuestra adolescencia se inició en la calle de Hidalgo; simplemente, sin ir más lejos, si estamos refiriéndonos a la Ciudad de México, se nos preguntará que en cual de las 58 calles Hidalgo que existen en ella. Hemos abusado de los héroes; el nombre de Hidalgo ya no nos evoca al Padre de la Patria sino más bien, a un nombre de calle.

 

 

 

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