FORO CHIAPANECO DE LIBERTAD Y EXPRESION

Solo Algo Personal... Intentos y tentativas de algo parecido al  verso

(D.R) 

Escribe: Gustavo Hernández Larrauri

 

 

"CHIAPAS VIVE"

 

Cada palabra que me arrancas, una a una,

es como un verso en que me alumbras,

como el tiempo de mil lunas y entre soles.

 

Haces de tu suelo el suelo fértil de mis sueños,

inspiras con tu aire a más de uno en un sueño de mil sueños,

enamoras con tu tierra y tus cielos  corazones de otros suelos.

 

Insigne, perenne, magnánima, convergente, divergente,

gran cultura étnica de amalgama en un  mosaico y universo,

pinceladas de tu pueblo en trazo exacto sembrado en un juego de colores.

 

Artesana que tejes con tus hilos bordando una a una tus estrellas,

madre eterna de vidas, en madres que cultivan la semilla en su cuerpo,

tejedora de aventuras, de cultura, de grandezas naturales y de historia.

 

Pasajera  en el mismo tiempo de un destino, nuestro México,

compañera de historias forjadas con momentos de vida y alianza,

madre e hija de los pueblos emanados en raíces precolombinas.

 

Arquitecta de estructuras conformadas en ciudades mágicas, místicas,

experta de barroco, de mudéjar, alumbrada de farol y tapada con la teja,

labrada en  ríos, selvas, cañones, lagunas, mares,

montañas, manglares, ámbares y jaguares.

 

Silente soñadora eres de un pueblo grande como el reflejo de su tierra,

soñadora silenciosa  de los sueños de quien sueña  en ti,

madre que cobija con sus alas a gente buena de tierra buena,

en el Chiapas, en el Chiapas, que se vive en ti?

 

Para Chiapas, como agradecimiento por haberme recibido en sus brazos desde 1982.

 

GUSTAVO HERNANDEZ LARRAURI

 

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NO ES POSIBLE CALLAR VERDADES

 

No es posible callar verdades,

Imposible disfrazar sentimientos,

Insensible desdeñar ansiedades,

Increíble olvidar efectos.

 

Hoy le pregunte a la noche

Son tiempos de camino diferente

Tiempos para enmarcar destino,

Momentos de sueños intestinos.

 

Ayer pregunte inquieto a la alborada,

Es momento de insistente demorada,

Quizá espacio de almas encontradas,

O espasmos de locuras pernoctadas.

 

Anteayer divise alboradas en las noches,

La vida esta llena, repleta de vertientes,

El corazón en las estrellas es latente,

El alma reflejo de los sueños insistentes.

 

Quise acabarme el alma en tus labios,

Beberme tus cantos sonoros en silencios,

Ser piel  infinita de tu cuerpo recurrente,

Latido palpable de tañidos evidentes.

 

Sacie mi sed  en el seno de tu pleno,

Bebí gota  a gota cada gota de cuerpo,

Probé de tu lágrima salada,

De tu risa de lágrima  encontrada.

 

Por ti Mujer no es posible callar verdades

No es posible enmarcar ansiedades,

Siendo posible crear castillos,

En algo tan simple como construir verdades.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

Solo algo personal?.

D.R

 

Website:

 

www.paginasprodigy.com/forochiapaneco

 

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UN DIA TUVE UNA QUIMERA

 

 

Un día tuve una quimera,

Envuelta en el silencio,

Quise retenerle como agua,

Se evaporo entre mis dedos.

 

Memorias olvidadas,

Lagrimas del pasado,

Miradas en entrañas.

 

Un día finque un castillo,

Lo construí de sonidos,

Lo labre entre susurros,

Ensordecía, solo a veces.

 

Una vez, otra vez, y...

Intente, pretendí,

Nuevamente, y...

 

Un día tracé un camino,

Lo construí de ilusiones,

Le fui arrojando flores,

Una a una al fijar destino.

 

Alegrías destellantes,

En un día hermoso,

Y entre anocheceres.

 

Un día hilvane al viento,

Lo tejí de ilusiones,

Lo retuve en un espacio,

Lo silbé entre mis labios.

 

Tiempos hilarantes,

Caminos recorridos,

Ilusiones pasajeras.

 

Un día pude pintar el cielo,

Lo formé de brillos de arco iris,

Desencajando algunas lagrimas,

Use pinceles de brillo de gaviota.

 

Solo algunas veces,

No siempre, a diario,

En sitio, en espacios.

  

Un día retoque a la noche,

Profane una a una sus memorias,

Taladre la suerte en las estrellas,

La mire en polvos de cometa.

 

Nunca, nunca, nunca,

Siempre, siempre,

Por momentos.

 

Un día  toque los rayos del sol,

Logre hacerlo sin calcinarme,

Alcance enfrascarlos en tinieblas,

Pude regirlos de universos.

 

En destinos, en destinos,

Entre espacios, entre incógnitas,

Hacia donde, hacia donde.

 

Un día germine a la tierra,

Aboné  la semilla de la vida,

Escuche latidos, sus latidos,

Vislumbre una a una sus entrañas.

 

Ilusiones, desilusiones, creciendo,

En distancias, en partidas, en...

Quisiera saberlo una vez, una vez.

 

Un día tuve una quimera, solo una,

Alguna vez tuve una quimera,

Se evaporo en el cielo, en infinito,

Como si mi ser no hubiese existido.

 

Un día tuve una quimera,

Se perdió en el tiempo,

Se fue lentamente, en sombras,

Enmarcadas en aletargada muerte.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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QUISIERA ACARICIAR TU ALMA

 

Quisiera  acariciar  tu alma,

Aspiraría rozar  tu espacio infinito,

Quisiera palpar tu olor en calma,

Perseguiría tu más  íntimo deseo.

 

Idolatría de un periodo eterno,

Pedestal forjado en el momento,

Castillos cimentados en el tiempo.

 

Perturbaría por siempre tus sentidos,

Navegaría por siempre en tus latidos,

Intentaría volar  tu pensamiento,

Escribiría en el enigma de tu cuerpo.

 

Pasión volcada en desenfreno,

Nostalgia del fin del momento,

Añoranza perdida en tiempo.

 

Plasmaría de colores tus sonidos,

Llenaría tu mente de recuerdos,

Forjaría uno a uno tus gemidos,

Adularía tus más íntimos deseos.

 

Fantasía envuelta en misterio,

Destello del esfuerzo insistente,

Laberinto en recoveco permanente.

 

Quisiera acariciar tu alma,

Codiciaría el poder mirarla,

Se me iría mi espacio en intentarlo,

Dando mi vida si pudiese descifrarla.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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A VECES, LAS PALABRAS BASTAN

 

A veces, las palabras no bastan,

para expresar lo necesario,

la vida responde en lapso,

lapso sin respuesta irremediable.

 

A veces, las palabras no definen rumbos,

rumbos, fríos e incompletos de existir,

vertientes llenas de espasmo y nódulos.

 

A veces, las palabras no bastan,

para decirle al tiempo lo que siento,

lo que pienso, lo que existo, lo que creo,

en lo que sueño, lo que amo y lo que tiento.

 

A veces, las palabras no bastan,

para pedir perdones,

para expresar deseos,

para tener temores.

 

A veces, las palabras no bastan,

para llorar recuerdos,

para jugar el juego,

para crear destinos.

 

A veces, las palabras no bastan,

para crear espacios,

para amar en pleno,

para seducir los cuerpos.

 

A veces, las palabras no bastan,

para amar desnudos,

para acariciar los sueños,

para saciar el alma.

 

A veces, las palabras no bastan,

al encontrar sonidos,

al reconocer las voces,

al reír despiertos.

 

 

A veces, las palabras no bastan,

al silbarle al viento,

al decir te quiero,

cuando los labios cansan.

 

 

A veces, las palabras no bastan,

en los términos de un camino

en la encrucijada del destino,

en el final del momento.

 

A veces, las palabras no bastan,

en el cansancio de los cuerpos,

pero al instante de decir a dios,

a veces las palabras bastan.

 

A veces, cuando el tiempo pasa,
cuando se suspira, la vida empieza,
la vida acaba, sólo a veces a veces pasa.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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VOLVERE EN LO PROFUNDO DE TUS SUEÑOS

 

Volveré en lo profundo de tus sueños,

Viviré en el espacio de tu cuerpo,

Soñare en los sueños de tus sueños,

Creeré en los motivos de tu pleno.

 

Llenaré el momento de tu vida,

Pensaré la existencia de lo incierto,

Fecundaré el ser de tu existencia,

reclamé el por que de tu destino.

 

Sentí el por que de nuestro tiempo,

Regrese al espacio sin espacios,

Necesité  de  lo frágil del recuerdo.

 

Pedí al destino tus memorias,

Ofendí la suerte del destino,

Pagué el dolor entre las sombras.

 

Creí en un instante poder parar el tiempo,

No supuse del entronque del camino,

Hoy navego entre sombras del ensueño,

Pero vuelvo a lo profundo de tus sueños.

 

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

 

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ESTUVE FRENTE Y CERCA DE LA MUERTE

 

Estuve frente y cerca de la muerte,

Disfrazada en alterada locura,

Investida en amnésica postura,

Se que ronda y busca  plenamente.

 

Pasó rozando la punta de mis dedos,

Caminó quebrando uno a uno mis sentidos,

Voló  minando con fuerza mis esfuerzos,

Pasó llorando y recogiendo los recuerdos.

 

Estuve enfrente de la muerte, impotente,

No cesará, es inexorable, la cita llegará,

No pude luchar con ella, no era el momento,

Incapaz, estéril sentí el ímpetu de su embate.

 

La sentí en carne propia, la sentí,

La palpé en las entrañas, la palpé,

Quiso alejarme en mi pasado, mi presente,

 Mi progenie, ascendencia y descendencia.

 

Embistió en segundos, fui simple espectador,

Lacero a un más  en carne propia,

Entendí la fuerza hereditaria de la sangre,

No quiso, no pudo o tal vez fue benévola.

 

Estuve cerca y frente de la muerte,

Me miró, sin verme fijamente,

Me hizo ver mas cerca el pasado,

Intentar entender al presente.

 

Mirar  el por que de mi existencia,

El reír en el sentir de la tragedia,

Amar a lo que siempre he amado,

Buscar la belleza del pasado.

 

Aceptar el fin, el miedo y  desenlace,

Perdonar al perdón del camino transitado,

Mirar frente a frente al espíritu trastocado,

Amar y comprender la descendencia.

 

Estuve cerca y de frente de la muerte,

Fue segundos en etérea y oscura envoltura,

Se acerco, me rozó,  arrogante, silente,

Mirándome en pasmada y merodeada postura.

 

Oscura, incorpórea, tenebrosa, incomprensible,

Por destellos su presencia fue insistente,

Por espacio infinito en tiempos infinitos,

En lóbrega apariencia escudriñando mis latidos.

 

Buscando el sueño eterno en sueño sumergido,

Callando ensueños aun sin sueños no vividos,

Quitando vida siendo parte y esencia de la vida,

Muriendo lento  al ir viajado al lado de la vida.

 

Sé que tuve suerte ver al espejo a la muerte,

Sé que el alma busca espacios remanentes,

Sé que retumban  tambores de fin de trance,

Sé que puedo ver ya frente a frente y muy cerca,

En su momento a la muerte...

 

Gustavo Hernández Larrauri

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS A 6 DE NOVIEMBRE

 

HOY

 

Hoy cumplo un año mas de existir,

No lo digo para que me feliciten,

Ni le pido al tiempo que vuelva,

 

Lo grito al mundo, le grito al mundo

Tan solo por una sencilla razón,

Por que día a día cumplo años.

 

Por que no me importa el qué,

Cada vez me haga mas viejo,

Más nunca de vida y corazón.

 

Le doy gracias a la vida por aceptarme,

Le doy gracias al tiempo por perdonarme,

Le doy gracias al amor por creer en mi.

 

Le pido perdón a la vida de lo que no viví,

Le prometo, sí me acepta un tiempo más,

Le prometo que lo viviré, no defraudaré.

 

Día a día se forjan razones,

hoy simplemente es una de ellas,

El poder existir, renacer nuevamente.

 

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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QUISIERA RETENER DESTINOS

 

Quisiera retener  destinos,

Quisiera romper  imposibles,

Quisiera encriptar la vida,

Quisiera tener señuelos.

 

Desearía poder cambiar el rumbo,

Daría vida por ver pleno el mundo,

Retendría el espacio en el espacio.

Crearía, incógnitas del cansancio.

 

Señalaría, qué, qué señalaría,

No sé, tal vez  señalaría,

Vida, muerte, vida perdiendo vida,

 

Quisiera poder parar el tiempo,

Quisiera  sosiego un momento,

Quisiera tal vez , crear destino.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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HOY TE PUDE VER ENTRE LAS SOMBRAS

 

Hoy te pude ver entre las sombras

Ya pude soñar entre tus sueños

Hoy pude vivir entre penumbras

Ya siento el aroma de tus besos

 

Siento las penumbras del espacio

Pienso esconder  el deseo escaso

Siento el color de un ocaso

Pienso en la ocasión en el espacio

 

Busco navegar entre tu vida

Existo en la vertiente de tu mano

Busco tu alma y cuerpo celestina

 

Detesto la incertidumbre de tenerte

Aborrezco el  no encontrarte

Pero añoro el retenerte sin tenerte

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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CERTIDUMBRE

 

No creo en cuentos pasajeros,

Ni en tiempos de antaño,

Ha de ser por su tamaño,

Que correr del viento es mensajero,

 

No se si la vida escoja,

No se si el camino es corto,

Ha de ser por ser angosto,

Que la vida se acongoja,

 

Creo en el destino incierto,

Al igual que la certidumbre pesa,

Es que el color de los sueños tienta,

Por eso el camino andado es cierto.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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INOCENCIAS...

 

Cadenciosos pasos sonaron.

acompasados, solo cadenciosos,

ruidos quejumbrosos increparon,

Taconearon, del salón en salón.

 

En rumbos lejanos,  zapatearon,

pasos lejanos, retumbaron, en...

Tumbos de  tubo en tubo, soñaron.

 

Volando cuerpos de increpé,

pistas alumbradas de sonidos,

tragedias en violines del desecho,

Pasiones repletas de cohechos.

 

Retumbos en los tumbos...

percales inocentes en tamaño,

son los pasos de la historia,

En un mundo mudo de la historia.

 

Gustavo Hernández larrauri

 

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CAMINANDO ENTRE LAS NUBES

 

Te vi venir caminado entre las nubes,

Sentimientos flotando en  estrellas,

En tu rostro una lagrima de lumen,

Te vi venir enlazada en las querellas.

 

Llantos  infinitos en el aire,

Flotaste cual hoja al viento,

Imposible descifrar tu pensamiento.

 

No pude retenerte entre mis dedos.

No pude sostenerte entre las flores,

No pude, no supe, nunca pude.

 

Vi venir al despertar incierto,

Cegado frene  mi movimiento,

Solo sé, que tuve algo de suerte,

El verte en el regreso de esa nube.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS A 17 DE ENERO DEL 2006

 

SUEÑOS

 

Eres como el mejor de los sueños,

Eres como mi dedo meñique,

Tan grande, tan frágil, tan pequeño.

 

Naciste en  momento difícil,

La fortaleza de tu alma,

Lleva la vida a un mundo fácil,

Tú ser, fortalece a quien te ama.

 

Ese soy yo, un Dragón Booster,

Ese soy yo, un Súper Héroe,

Ese soy yo, un inocente,

Ese soy yo un Dragón Booster.

  

Ese eres tú, un gigante,

Ese eres tú, un Cachorrino,

Ese eres tú, un Luchador,

Ese eres tú, un Pupi pú.

 

Quique, eres un gran impulso,

Tu alma inocente reclama,

Que los sueños, sueñen incluso.

 

Quique, que los grandes sueños,

Se conviertan en el tiempo,

En el futuro del mañana.

 

No sé que nos depara el destino,

No sé, a que nos conduce el camino,

Solo sé que saldré avante,

Con tu gran e inmenso cariño.

 

A mi hijo Luis Enrique, al cumplir hoy cinco años.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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ESPEJOS

 

Espejos en el alma que nos miran,

Reflejos dichosos que detienen,

Creaciones dichosas que entretienen,

Es el alma que refleja y que camina.

 

Esperanza que espera la esperanza,

Sentimientos que trastocan un camino,

Sueños que sueñan un suspiro,

Añoranzas que reclaman añoranzas.

 

Son el sueño de los sueños más cercanos,

Son castillos envueltos en creaciones,

Son espasmos de destellos ya lejanos.

 

Es la mente que trasmite y que extrañas,

Es el cuerpo que refleja sus acciones,

Son espejos que reflejan las entrañas.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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ILUMINASTE UN DIA MI VIDA

 

 

Iluminaste un día mi vida,

Navegaron  lapsos  luz crecida,

con tu vida llenaste mi existencia,

con tu brillo llenaste mis creencias.

 

En tu albor percibí alguna vez  latidos,

corazones luciendo en espacios debatidos,

fuegos, fuegos entre el fuego de las nadas,

entre tu y yo  historias del tiempo de hadas.

 

Con tu luz pude ver a mis entrañas,

solo huecos de la vida  simplemente,

en tu luz vi plenamente a las sombras,

volaste entre tus sueños a mi mente.

 

Camine hacia tu luz al ver el rumbo,

tu presencia ilumina  insigne mundo,

solo tu alma, pensamientos y tu cuerpo

Iluminaron solo un día, un día mi vida.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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UN DESTINO EFIMERO

 

El sentir un destino,

El llorar un tiempo,

El amar amargo,

El querer sin tiempo.

 

La pasión por ser pasión,

La razón sin cerrazón,

La añoranza del recuerdo,

La nobleza del destino.

 

El dañar callado,

El dolor amado,

El esperar sentado,

El despertar llorando.

 

La escritura del alma,

La ponzoña del destino,

La maldad del la vergüenza,

La maldad por la maldad.

 

El ver sin ver,

El lograr logrando,

El callar gritando,

El vivir pensando.

 

La salida del camino,

La salida de una vida,

La transición del alma,

La pequeñez de un destino.

 

El añorar pasados,

El escapar pensando,

El no ver lo creado,

El no sentir lo deseado.

 

La fragilidad del acero,

La sensatez de un error,

La capacidad del objetivo,

La madurez del desconcierto.

 

El vivir por vivir,

El mirar arriba,

El pensar soñando,

El amar creando.

 

La tristeza de la risa,

La alegría del espíritu,

La fuga de lo incierto,

La evasión del desconcierto.

 

El amar soñando,

El amar viviendo,

El dar vida amando,

El color del amor.

 

La visión de la ceguera,

La esperanza del camino,

La simiente de algo incierto,

La creación de lo correcto,

 

El pensamiento eterno,

El cuento de la vida,

El reflejo del recuerdo,

El cambio de un momento.

 

La frustración frustrada,

La pasión desenfrenada,

La ambición lograda,

La niñez amada.

 

 

El destino efímero,

El amanecer soñando,

El sabor de la alegría,

Es el soñar de un sueño.

 

Es  vivir despierto

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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ESTA NOCHE TE AMARIA

 

Esta noche te amaría,

esta noche te creería,

esta noche te tendría,

esta noche, esta noche.

 

Sonidos huecos en distancia,

ecos de un espacio incierto,

retumbos en la estancia,

distancia reflejada en lo cierto.

 

En el día acompañaría,

en el día, en el día,

en el día, día, a día.

 

Placeres detenidos por el tiempo,

amares en momento a momento,

desearse como gotas de agua,

seducirlos cuerpos en quimera.

 

En la tarde, te vería,

en la tarde, reflejaría,

en la tarde, en la tarde.

 

Caricias envueltas en gemidos,

suspiros enlazados en el cuerpo,

rasgaduras cadenciosas en el nido,

pasiones envueltas en  suspiros.

 

Sería en las noches, en las noches,

entre lunas, en penumbras,

moriría, moriría sin reproches,

si esta está noche te amaría.

 

Gustavo Hernández Larrauri.

 

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ESCRIBISTE EN LAS SOMBRAS MI DESTINO

 

Escribiste en las sombras mi destino,

Destilamos  cuerpos entre  vientos,

Enseñaste el temor hacia el momento,

Afrontamos  resultados del camino.

 

Plenos brillando en las estrellas,

Sollozos en lágrimas de vagidos,

Pálpitos en llantos de alegrías,

Sedujeres oportunos sin miedos.

 

Llegaste en la ruta del señuelo,

Amores cual aves del estero,

Espasmos fuertes en el  cuerpo,

Rupturas de gotas en el suelo.

 

Inquebrantables lazos sumergidos,

Caricias, roces, repletos de gemidos,

Pasiones envueltas de suspiros,

 

Una noche soñé el ver despierto,

En un día quise caminar sin tiento,

Sentí llorar sombras  del tiempo.

 

Destinos repletos de destino,

Atares de flores con los mimos,

Mundos de susurros de los trinos.

 

Simplemente, simplemente,

Marcaste con tu vida mi camino,

Sin piedad, sin piedad, sin piedad,

Escribiste en las sombras mi destino.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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ILUMINA

 

La noche sin estrellas aparece,

hay luciérnagas que alumbran sin derroche,

son destellos que clarean ya la noche,

Es lo oscuro que el tiempo desvanece.

 

Son instantes de la vida pasajera,

es la vida que anochece sin ser noche,

es el brillo que destella con reproche,

es destino que ilumina mensajera.

 

Vive instantes de noches sin estrellas,

camina rumbos que ilumines con destellos,

siente vida de lo oscuro sin reflejos,

ilumina el tiempo con el rumbo sin estrellas.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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DONDE PODRE BUSCARTE

 

Donde podré buscarte, no se,

no se si podría encontrarte,

quizá en  lagrimas desgarradas,

tal vez en sueños de quimeras.

 

Donde empezaré a añorarte,

no sé, en, en infinito instante,

quizá en noches de misterio,

tal vez encriptada en monasterio.

 

No escuchan las voces silentes,

no oyen los ruegos entre dientes,

palabras frágiles que no oyen,

ilusiones débiles que  escuchen.

 

Fantasías borradas por espacios,

barreras imposibles de cansancios,

desvaríos del tiempo imperdonable,

llamados ciegos inquebrantables.

 

Un sin fin de ráfagas de estrellas,

seguiría mil estelas al buscarte,

caminaría en sueños de centellas,

navegaría  infinitos , si supiera,

Solo, si  pudiese un día encontrarte.

 

Gustavo Hernández Larrauri.

 

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NADA

 

Que te podría decir

No se, quizá, tal vez

Que podría hacer, tal vez,

Podría, no sé, existir.

 

Que suelen ser las sombras

Podrían ser ,  tal vez, quizás

Que podría sentir, a veces

Tal vez, tal vez, no sé, a veces.

 

Entre Noches sin estrellas

Entre días en penumbras

Entre anocheceres sin estrellas

Entre amores en las sombras.

 

Amargas claridades, sonámbulas

resplandecientes  quehaceres, desdén

la sombras fijan, fijan las sombras

a veces, replicas emulas de edén.

 

Soñar en el intento, soñar,

Que podría decir, amar

Tal vez, es tiempo de pasado

Son espasmos  del antaño.

 

Quehacer olvidado, que diría

Nada , simplemente nada,

Incoherencias, de la nada

Eso y mas que eso haría.

 

 

La vida hoy reclama, nada

El amor, la suerte, el destino

futuro destino, nada, amarte

seducirte eternamente nada.

 

Eres como el viento eterno,

Es como el ahogado canto,

Es como el anonadado llanto,

Eres como el fuego enfermo.

 

Siempre en la pasión mezclada,

Tal vez en la vida de la noche,

Tal vez con el tiempo sin reproches,

Quizás con la lágrima cansada,

 

Hoy que te encuentras en la nada,

Vives con el rumbo desatado,

Sientes la lujuria pernoctada,

 

Crees que el tiempo es una nada,

Piensas en el espacio incomprendido,

Pero vives el amor en tu morada.

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

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LLENAN TIEMPOS DE DOLOR

 

Llena el tiempo del inmenso dolor,

crea la vida de un momento de pasión,

épocas inmensas de un llenado de ocasión,

claroscuros nacidos en nidos sin razón.

 

delirios enclavados en  martirios,

caminos entre abrojos y las flores,

lisonjas marchitas por los sueños,

notas de trinos en truenos sepulcrales.

 

destellos en vida de un período mejor,

cirios derretidos por el fuego y el calor,

voces hermosas que claman el salir,

llantos derramados en líquidos por gemir.

 

alegría en los cantos por vivir,

sabores de los sueños de existir,

armonías que contrastan el dolor,

son los vientos que entonan el color.

 

cantos entre llantos  que mezclan el estar,

añoranzas que empiezan a empezar,

vivencias de la vida por nacer,

presagios del contraste al crecer.

  

Gustavo Hernández Larrauri

 

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El Suspiro de un instante

 Escribe:

 

Gustavo Hernández Larrauri

 

 A veces

         Cuando el tiempo pasa

      Cuando se suspira

      La vida empieza

      La vida acaba

        Sólo a veces

          A veces pasa



 La vía rápida

La vía rápida para suspirar un instante, es él poder respirar, se decía así
mismo Virgilio, envuelto en un mundo de borrosas visiones, en un mundo líquido
de transformaciones radicales. ¿cómo poder suspirar en un instante? Sí el viento
es demasiado fuerte y aun no estoy preparado ¿Cómo enfrentarme a un espacio de
gravedad?, Sí, precisamente, esa pueda ser la gravedad de la caída, se
preguntaba una y otra vez Virgilio, Como empezar a emprender el vuelo si aun no
sé volar, ni mucho menos planear ni navegar, como poder respirar sólo, tan sólo
un instante. Uno a uno llegaban los pensamientos que aterraban la mente de
Virgilio y comprendió tal vez lo mejor era empezar a existir.


Poco a poco empezó a salir del cascarón y respiro aire puro en un instante, más
en otro  una borrasca fétida asqueó su primerizo sentido del olfato, el viento
que soplaba con fuerza a veces, con debilidad de vez en vez y no en una sino en
varias direcciones, fue el momento donde comprendió que a veces el aire no es
tan puro y la corriente sopla no en una, sino en  muchas direcciones y cada una
lo llevaría a rumbos diferentes, esos que debería tomar uno a uno a fin de
comprender cual sería el mejor, pero para poder volar, primero tenía que caminar
y por primera vez sintió la textura de la tierra y comprendió que al igual que
el aire, la tierra lo podía llevar en infinidad de direcciones. Miro al
horizonte y pudo ver que esa estructura se transformaba en subidas y bajadas, en
pendientes muy sinuosas, en precipitaciones escabrosas y en planicies sin rumbo
fijo.


El acercamiento


Virgilio, se aterró aun más, dudó y exclamó,  ¡ por que salí del huevo ¡ y por
primera vez sintió la necesidad de algo superior a él, cual luz de sendero le
iluminara su camino. Y así, envuelto en sus temores, comenzó el rumbo sin aún
tenerlo. Caminó y Caminó para comprender cómo volar, alzó su mirada y fijo la
vista en muchos objetos luminosos, objetos que alumbraban la penumbra, pudo
comprender que en la oscuridad la luz de esos astros, unos tenues, otros vivos y
otros más vivos, le podrían servir como guía para en encontrar un camino.


El rumbo sin rumbo


Prosiguió el rumbo sin rumbo y de pronto divisó algo radiante cual resplandor
inmenso  se perdía en el horizonte, iluminaba poco a poco la oscuridad y en una
gama de diversas tonalidades mezclaba la oscuridad con lo luminoso, pudo
entender que existe un amanecer y entre lo oscuro y lo luminoso existen miles de
tonalidades cada una de ellas diferentes y que en el rumbo no todo es oscuro y
claro, sino que al igual que el amanecer existen miles de posibilidades de
rumbos y que no todo es blanco, no todo es negro, que algunas iluminan más que
otras y otras oscurecen más que otras, que unas queman más que otras u otras
enfrían más que otras, comprendió  que existía un sol y una noche y que entre
esa noche y ese sol existen millones de variantes que estaban ahí, sólo bastaba
alcanzarlas y   poder comprenderlas.

Virgilio, retomó el rumbo sin rumbo ya con un principio de visión. Caminó y
Caminó  con el sol a cuestas. Por primera vez sintió algo que le atosigaba la
garganta, le atormentaba todo su ser, por primera vez sintió lo que es la sed,
más buscara lo que buscara no encontraba como calmarla, entendió que para
calmarla tendría que encontrar la forma de saciarla. Prosiguió su rumbo sin
rumbo, sintiendo en todo su ser que le imploraba calmarla. En su corto entender
no comprendía como apaciguarla. Miró en su entorno y buscó en las piedras, en la
tierra, en el aire, en la noche, en el sol, en las estrellas, en el camino que
había dejado atrás, escudriño en sí mismo, nunca consiguió saciarla. Tal vez un
poco, sólo un poco de calma. Retomó el rumbo sin rumbo y otra vez en el
horizonte, observó un resplandor cual bruma etérea salvadora se suspendía en el
aire entre la tierra y el sol,  se elevaba cual visión efímera incomprensible
para él, corrió sin saber por qué, con las últimas fuerzas que le quedaban tenía
que llegar a esa visión. Al acercarse poco a poco, paso a paso, vio su reflejo
en algo a veces  limpio,  a veces turbio a veces cristalino, algo líquido que le
golpeó su mente cual vago recuerdo de su corta existencia, recuerdos no natos de
su ser, visiones líquidas de vida y fue ahí donde comprendió que el agua es
fuente de la vida y que para  saborearla hay que entenderla  y que para calmar
la sed hay que saciar el alma. Bebió, bebió por horas y horas hasta saciar su
sed, poco a poco todo su ser se calmaba de esa sed inmensa, tal vez por vivir,
quizás por reír, tal vez por llorar, quizás por gemir, o tal vez simplemente por
saciar su sed, quizás simplemente quizás.


Cuerpos etéreos


Se levantó, volvió a ver el horizonte, descubrió que esa bruma suspendida entre
el sol y el agua se aferraba a un espacio invisible, a veces de un inmenso azul
celeste, por momentos de un color grisáceo, a veces lleno de inmensos cuerpos
etéreos suspendidos en el aire con formas caprichosas, tan caprichosas cual
reflejo en su interior, que por medio de la vista llegaba a su pensamiento.
Comprendió que en aquellos cuerpos de formas volubles que reconfortaban su
interior se podría dejar volar algo jamás experimentado por él. La imaginación,
esas nubes podrían tener la forma que él quisiera, formas que sólo él podía ver
e interpretar, así también a través de ellos pudo levantar la vista y ver que se
desprendían  gotas de agua, a veces muy Pequeñas, a veces con gran
precipitación, a veces en formas de copos blanquecinos e inmensamente fríos, a
veces esas gotas de agua se juntaban con el viento y arremetían con inmensa
fuerza en contra de la tierra y lo que estaba a su paso. Volvió a sentir miedo,
de la fuerza de la imaginación pasó al gran temor de sentirse inmensamente
pequeño hacia algo que él no comprendía y que por vez primera sentía,
experimentó dentro de su ser una gran incertidumbre, un torbellino de emociones,
ya que, después de la inmensa sed, paso a verse sumergido en una inmensidad de
agua y en un torbellino líquido de confusiones.  Ahora le faltaba la
respiración,  sentía desesperación al ver que con sus pasos no podía caminar, ni
sus ojos podían enfocar, y sus pulmones no podían respirar, ya que ese
torbellino era un inmenso océano.  Pudo observar dentro de la inmensidad del
mar, dentro de la inmensidad de ríos y lagos la profundidad de su alma que tal
vez no alcanzaría ver jamás.


Una de esas gotas de agua lo sacó del mar, lo paseó por la inmensidad, una de
esas gotas de agua de blanquecino frío lo transportó por veredas y senderos
hasta llegar a una cúspide, una inmensa cúspide tan alta, tal alta que sólo él
podía ver, una cúspide tal alta que en ella podía ver pequeño el mar, que en
ella se podía acercar, tan cerca de esos astros que lo orientaron en la
oscuridad. Desde esa cima logro palpar cuán es tan grande el poder mirar tan
pequeñas las cosas, como tan grande es el poder caerse sin tocar fondo jamás. En
esa cúspide sintió por vez primera el inmenso  frío, no el frío de los copos de
nieve, sino de la frialdad de las cosas, de esas cosas que a veces, ni con los
pies sobre la tierra, ni con la visión en profundidad, ni el olor de los
vientos, ni  el color de los tiempos él podría sentir jamás.


El frío en la distancia


Virgilio, se sentó a esperar sin detener el tiempo, ya con la experiencia de
algo del vivir,  razonó detenidamente y fijo la vista hacia el firmamento. Miró
hacia el infinito, comprendió que arriba de esa cúspide se podía ver
infinitamente  la distancia pero entendió que con levantar la mano no la podía
alcanzar jamás. Razonó con la sed de la distancia, con el frió de lo distante y
con el correr del viento, esforzándose tal vez alcanzaría ese punto que  con su
vista podía ver. Se levantó y se lanzó al abismo, cuando una ráfaga de viento lo
elevo por los aires y  lo llevó dando tumbos de cúspide en cúspide, de barranco
en barranco, de subidas y bajadas. Sólo Pensó que no podría bajarse de esa
ráfaga de viento, que al igual que como una ola, tal vez dando tumbos lo
llevaría o lo alejaría de ese punto distante que divisó,  por   momentos quiso
evadir a  esa ráfaga, quiso salir de ella, pretendió evadir el rumbo sin rumbo,
porque talvez  no lo podría transportar a ese punto que él se fijó en el
infinito y el cual como ave empezaría  a volar. Sin querer abrió las alas y
intentó aletear. Entre la fortaleza del viento y el frío del tiempo no lo
dejaban empezar a volar. Comprendió de golpe que aún no estaba preparado para
poder volar, que cualquier ventisca lo tumbaría y cualquier helada mañana lo
haría desistir. Se dejó llevar por esa ráfaga sin importarle si al punto fijo en
la distancia él pudiese llegar. Y así de tumbo en tumbo ésa ráfaga de aire le
fijó el rumbo sin rumbo que él aún no podía determinar.

Virgilio, confundido con los tumbos y más tumbos perdió el rumbo sin rumbo, y
así tirado entre la tierra,  así empolvado y en el fango volvió a ver hacia el
horizonte, lo fijó detenidamente dándose cuenta que no podía avanzar, volvió a
sentir otra vez un inmenso miedo, ahora no lo comprendía, talvez no un recelo
que el no hubiera sentido al intentar volar, fue un miedo inédito, fue una duda
incomprensible, fue un miedo que en su corta existencia no había sentido jamás;
Talvez temor a la soledad, entendió que ni la ventisca, ni la sed, ni estar bajo
del mar, ni el subirse en una cúspide podría acabar con algo adentro, muy
adentro de su ser, comprendió que en sus aciertos y fracasos en alguien el
podría descansar. Por primera vez en su pequeño mundo, en el corto tiempo de
existencia, sin poder recurrir a las estrellas y sin alcanzar a comprender que
existía un ser superior, por vez primera necesito alguien igual, alguien con
quien compartir el olor y el correr del viento, la textura de la tierra con
subidas y bajadas, la incertidumbre de la sed, el agobiante frío de la cúspide y
de quién aferrarse al dar tumbos la ventisca.


La silueta de su ser


Virgilio, volvió a mirar hacía el horizonte, miró y escudriño, al igual que la
sed su cuerpo un día sintiera, buscó sobre la tierra, buscó entre las piedras,
buscó en el olor del viento, buscó en el correr del tiempo, buscó y buscó en la
inmensidad del mar. Miro desde la cúspide, se tiró hacia el abismo, y se dejó
llevar por la ventisca, escudriño y escudriño, más no pudo saciar su soledad.
Indagó dentro de sí mismo, levantó su vista a las estrellas, más no   podía
acabar con esa la soledad. Se sentó, volvió a levantar la vista. Fijó su mirada
en el horizonte, y en lo lejano de la distancia una silueta pudo divisar, con lo
poco o mucho de su existencia no alcanzaba a ver a la distancia, más de una
forma lenta, poco a poco se acercaba más y más, poco a poco y con prudencia se
allegaba, sin entender lo que encontraba, si bien sabía lo que buscaba, a veces
saltaba, a veces gritaba, a veces caminaba o a veces rodaba, solo sabía que poco
a poco se aproximaba. Así dando tumbos  se acercaba y al estar frente a frente,
comprendió que ni con él brillo de las  estrellas, ni la inmensidad del mar, ni
la altura de un abismo, ni  la profundidad del mar, entendería en plenitud lo
que se postraba frente a él, solamente entendió que nunca más estaría  solo.



Virgilio, levantó la vista, miró hacia el horizonte. Comprendió que nunca más
caminaría en soledad; Sin embargo logró entender que su andar no sería para él
mismo. Se sentó, levantó la vista y miro hacia el horizonte, por segunda vez
volteó hacia atrás, volvió la vista al frente, miró sin rumbo fijo. Suspiró por
un instante, por vez primera  se dio cuenta que el transcurrir el tiempo, su
infancia, al igual que un rayo pasó, volvió la vista nuevamente hacia el
horizonte, por más que avanzó y avanzó se percató que con el instante de un
tiempo su vida transformó. Cerró los ojos poco a poco y al abrirlos se vio
inmerso en mundo que a pesar de lo vívido no reconocía, era un mundo  que como
aquellas nubes y las olas del mar se mecían con el viento, estaba inmerso junto
aquella silueta en un campo lleno de flores que se mecían al compás del viento,
era un mundo multicolor, con aromas y figuras que exacerbaban sus sentidos, era
un mundo maravilloso donde sólo con el bálsamo de  lisonjas embriagaba sus
existencia, junto  aquella silueta, cual sombra y reflejo de su ser, corrían una
y otra vez sin rumbo fijo en aquel campo inmenso. Corrían durante días, durante
noches, a veces fijaban la vista en las estrellas, a veces contemplaban
amaneceres, a veces escuchaban el susurro del viento cual murmullo cómplice, a
veces admiraban la gama multicolor  de las flores, cerraron los ojos y al
abrirlos un instante, el viento los elevó.


El murmullo del viento


Virgilio, por segunda vez voló, se vio dentro en un ángulo igual al de aquellas
flores, durante días, durante noches volaron cual insectos, se dejaron llevar
por el murmullo del viento que cuchicheaba con ellas, volaron y volaron
libremente sin más límite de lo que su vida vivía, cerraron una vez más los ojos
y al abrirlos un instante elevaron su vista al cielo, juntos por primera vez
vieron las gotas de agua caer, una a una se mezclaban con las flores, una a una
se posaban poco a poco sobre la tierra, una a una, poco a poco a las plantas
reverdecía, Virgilio, miró hacia el cielo, bajó su mirada al suelo, fijó su
vista en el horizonte y por vez primera  volteó a ver a su mano derecha, en
ella, aferrada dentro de aquella silueta cual viva imagen de su propio ser algo
reverdecía, no alcanzaba a comprender por qué su propio ser se conmovía, echó
mano del viento, echó mano del tiempo, echó mano de las estrellas, echó mano del
mar, echó mano de las cúspides, echó mano de su propia sed, echó mano de los
ríos, echó mano de los lagos, echó mano del camino andado y tal vez poco
entendió del porqué de su ser se estremecía, fijo la vista al rumbo sin rumbo y
al voltear a su derecha, vio que aquel ser al igual que él un retoño cual flor
de su vientre reverdecía.


El miedo


Virgilio, por  volvió  ha sentir un miedo aterrador hacia la vida, elevó la
vista más allá de las estrellas, sin saber por qué, al igual que en sus primeros
pasos elevó sus pensamientos a alguien muy superior a él, le pidió por vez
primera que le ayudara a entender el porqué de las cosas que aun no comprendía,
lloró, suplicó, reclamó, y no encontró contestación, tal vez la tuvo pero aun no
podía entender la armonía de las cosas, aún no estaba preparado para poder ver,
ni mucho menos el poder volar. Cerró los ojos, los abrió, volteó a su derecha y
divisó una silueta, al igual que la propia, estrechaba la mano de   aquella
silueta que llenó su soledad, corrían  y corrían por montes y valles aferrado de
la mano de aquella silueta, cerró los ojos y miró por un instante sólo para
sentir que aquellas gotas de agua ya no caían de aquellas nubes, sino que
rodaban sobre sus mejillas al salir de sus propios ojos, aquellos que por vez
primera viera a la oscuridad y a las estrellas; aquellos ojos que ni el miedo,
ni la incertidumbre los hicieron por vez primera llorar, los volvió a cerrar y
esta vez no los abrió, lo que quería es ver sin ver, suspirar sin poder llorar y
así caminar y caminar, sin abrir los ojos podía ver a esas siluetas cual reflejo
y semejanza  de su propio ser, el poder correr y correr entre nubes, entre
estrellas, entre mares, entre toda la gama de colores, entre ríos y lagos, entre
vientos y entre el murmullo de las flores.


El sueño


Virgilio, esta vez no fijó el rumbo sin rumbo hacia el horizonte, esta vez no
abrió sus ojos ni en un instante, los dejó cerrados por un tiempo, soñando y
soñando cual sueño embelesado, con el sueño que por vez primera su alma
experimentara,  y así poco a poco, paso a paso, entre lágrimas de felicidad poco
a poco, paso a paso los fue abriendo, levantó la vista y fijo el rumbo sin
rumbo, miro hacia el horizonte con un brillo intenso sobre sus ojos, emprendió
el rumbo sin rumbo, esta vez volteo a su costado y aferrado de las manos
aquellas siluetas emprendieron el rumbo, entre llantos, entre desenfoques, entre
ilusiones y desilusiones, caminaron y caminaron, durante días, durante noches,
entre estrellas, entre mares, arriba de montañas, entre la ventisca, entre todo
lo soñado junto aquellos de su lado. Por un momento a lo lejos pudo ver
siluetas, siluetas y más siluetas, aquellas que nunca había visto jamás. Caminó,
poco a poco, paso a paso se acercó.


La mesa


Virgilio,  tocó la puerta donde veía aquellas siluetas, sin saber y poder
comprender tocó y tocó, después de un buen rato por fin alguien   abrió, alguien
al igual que su imagen y semejanza se postro frente al él, le dijo pasa hermano,
pasa, Virgilio, su mano, su imagen y su misma imagen, pasaron poco a poco, tal
vez con algo de temor, algo que ellos no podían interpretar, dentro de aquel
espacio, vieron frente así, una mesa con varias sillas alrededor , la mesa era
de piedra, adornada con estrellas, ráfagas de viento y de una azul profundo como
el mar, bordeada de azul celeste como el cielo, alrededor habían varias sillas
una era de un resplandor inmenso, dorada igual que el sol,  otra plateada cual
el brillo de las estrellas,  otra café como la tierra, otra roja anaranjada,
otra era de un color grisáceo, otra  más negra que la noche sin estrellas, otra
era de madera fresca, otra de madera podrida, otra de papel en blanco, otra de
siluetas diferentes aunque muy semejantes a la suya, otra pintada en forma
multicolor y otra que sólo reflejaba su espacio, Virgilio, por cuarta vez sintió
miedo, un pánico a lo que aún no podía comprender, su mente daba vuelcos al
igual que sus primeros pasos dentro de la ventisca. Uno a uno fueron pasando,
sin saber dónde sentarse, sin saber qué hacer,  quiso probar, tal vez por
curiosidad, tal vez por necesidad, más bien por no arriesgar, no a él mismo,
sino a su mano, a su imagen y a su mismo rostro.


Las pruebas


Virgilio, aún indeciso primero se sentó en la silla dorada, experimento un
sentimiento de inequidad, de  desigualdad, de poder, de ambición, sintió que
algo lo mareaba, que ese inmenso brillo lo deslumbraba y lo deslumbraba a tal
grado que su vista no podía ver, era algo que no  lograba comprender, después de
dar vueltas dentro de su cabeza, sintió que con el brillo de ese resplandor
podía a la desigualdad convertirla en igualdad, a la ambición en sencillez,
experimentó que esa enorme fuerza que se traducía en poder, podría usarla para
construir y al igual de fuerza para destruir, sintió que lo que lo mareaba no
era ese resplandor, sino más bien lo que el mismo sentía con ese brillo que era
tan deslumbrante, eso era lo que más lo desequilibraba. Prosiguió a sentarse en
la silla plateada al igual que las estrellas, por un momento se sintió
transportado entre astros luminosos; sin embargo algo no estaba bien dentro de
él, al igual que el resplandor de la silla dorada lo cegaba inmensamente, lo
cerraba en su visión, escuchaba un campaneo de metal en su cerebro y por más que
su mente imaginara, no lo concebía más y más, sus sueños y la imaginación poco a
poco se desvanecían, entre su mente se fijaba una imagen más y más, esa imagen
material que poco a poco acaba con ellos. Se quiso parar por un instante pero
comprendió que con ese tintineo que golpeaba su cerebro y con ese mundo
material, usado correctamente esos sueños se podrían convertir en realidad.


Prosiguió a sentarse en la silla de color café, silla de color igual al de la
tierra que un día por primera vez pisara, al sentarse en aquella silla, sintió
la misma  ansiedad que un día su ser en su garganta percibiera, se dio cuenta
que sin la tierra el no existiría jamás, que al igual que el vital líquido, la
tierra era fuente de vida, en el estaba cuidarla, conservarla, respetarla y
amarla al igual que aquellas siluetas que al igual que él era lo que más quería,
entendió  que la tierra era el inicio de la armonía de las cosas, que vivía en
un circulo de vida entre el agua, la tierra y el aire; sin embargo algo le
ofendía.


Prosiguió a sentarse  en la silla de color  rojo anaranjado, y sintió que algo
en todo su ser le quemaba, ardía fuego en su interior, ardía todo su cuerpo, se
retorcía de dolor, sintió una sed inmensa, le faltaba el aire, quería correr
sobre la tierra. El fuego ardiente que lo quemaba cedió poco a poco,  conoció la
implacable furia de dolor, entendió  que para cerrar una parte del círculo de la
vida se necesitaban de los cuatro elementos, agua, fuego, tierra y viento. El
dolor laceraba en lo interno y en lo externo, que el dolor a veces venía  de uno
mismo, a veces de algo externo y a veces por la combinación de ambos, así como
el ardor destruía las Entrañas.


Prosiguió a sentarse en aquella silla pintada de un tono grisáceo, al sentarse
su mente fue envuelta en una nube gris, como aquellas de formas caprichosas que
lo espantaban al inicio de su corta existencia, de ellas salían truenos y
centellas, relámpagos jamás antes vistos por él. No lograba concentrarse, no
podía ubicarse. Pensó por un momento que tal vez lo mejor sería dejarse llevar
por esas nubes, por momentos flotó y flotó, otra vez el rumbo fue sin rumbo, en
un abrir y cerrar de ojos,  fijó la vista en un instante, se dio cuenta que
aquellas nubes, él mismo las provocaba, que la ceguera, que la falta de visión,
que la nubosidad, que aquellas formas grises, provenían de lo más profundo de su
ser, que era él mismo quien veía las nubes de esa  forma y que estaban en él
para aclarar la visión, que sólo dependía en ver más allá de las cosas, que a
veces, los relámpagos, truenos y centellas, eran por su escasa vista, por no
lograr ver más allá de la distancia, que sí a veces  lo tocaban y lo envolvían
era por que no sabía evitarlos.


Prosiguió a sentarse  en la silla negra más negra que las noches sin estrellas,
en ella volvió ha sentir un inmenso miedo, por momentos esa negrura lo
alimentaba, por momentos esas tinieblas lo deslumbraban, empezó a inclinarse por
esa silla que le provocaba enormes sentimientos jamás experimentados, sintió una
fuerza descomunal que lo embargaba, lo que quería tocar lo alcanzaba, el fuego a
él ya no lo quemaba, la ambición a él lo llamaba, el viento por más que soplaba
no lo cimbraba, vio que innumerables siluetas a el lo adoraban, sintió que él
brillo de lo dorado a él lo iluminaba, creyó que las estrellas plateadas a él lo
buscaban; Más de pronto, sintió un inmenso golpe en su interior y vio que una
luz  deslumbrante  poco a poco se acercaba, vio una enorme lucha entre lo más
recóndito de su ser entre esa negrura de la noche sin estrellas y ese resplandor
que poco a poco avanzaba. Por momentos su corazón se agitaba, por momentos él
dudaba, sentía otra vez un inmenso  miedo, sentía que su silueta poco a poco
flaqueaba, esa lucha entre la luz y la oscuridad de su ser, duro días y noches,
noches y días, tal vez años, tal vez lustros, tal vez siempre duró, más sólo
valoró que en su corazón una enorme fuerza creció y creció, vio un rayo de luz
más blanco que la nieve, sintió que su alma se regocijaba, sintió que su
espíritu se alimentaba, sintió que poco a poco de verdad a él nada lo tocaba,
comprendió que la fuerza de su corazón, aquel que hasta este momento de su vida
conoció, crecía y crecía más alto que las nubes, más alto que la noche, más alto
que los astros y más alto que todas la negruras de todas las noches, tal vez
tocó un poco de aquel ser más grande que todo lo creado, nunca lo vio pero pudo
palpar que de ahora en adelante caminaría junto a su silueta, a su mano derecha
y a su imagen y semejanza.


Prosiguió a sentarse en la silla de madera fresca, al afirmarse, su mente viajo
por montes, valles, selvas, bosques, tundras y desiertos, al igual que con  las
flores, vio que todo reverdecía, que sólo le bastaba con levantar la mano y
agarrar el fruto que reverdecía, fruto que saciaba su hambre, no era el fruto de
su corta existencia,  era el fruto que alimentaba su cuerpo, sólo bastaba
levantar la mano recoger aquellos frutos que hasta de los desiertos y tundras
poco a poco recogía, más de pronto todo aquello que reverdecía, frente a sus
ojos desaparecía, se desconcertó por momentos no supo que hacer, sintió dentro
de su ser un voraz apetito que a su cuerpo carcomía, comprendió que sí quería
ver reverdecer los montes y valles, tenía que cuidar su ambiente, sembrar y
cosechar positivamente, pues si sembraba mal, una mala cosecha obtendría,
comprendió que tenía que trabajar duramente para conseguir el fruto de cada día.


Prosiguió a sentarse en la de madera podrida, por momentos vio todas sus
acciones, sintió otra vez un miedo incontrolable  ya que, esa madera que se
podría y podría, era la cosecha de lo que sembraría, no en la siembra de la
flora y sino en la siembra de la vida, con sus acciones erradas, la silla cada
vez se pudría  y sí no cambiaba la siembra pronto esa silla ya no lo sostendría,
entendió por vez primera que lo que siembra en la misma vida es lo que
cosecharía.


Prosiguió a sentarse  en la silla de papel en blanco, esa silla lo hizo sentir
muy frágil, tan frágil, que por más que quiso apoyarse, sentía que se
zarandeaba, sintió que al papel, lo elevaba el viento, el fuego lo quemaba en un
instante, el agua lo desmoronaría, pero había algo en el que lo llamaba, no
sabía el porqué, tomó una hoja en blanco y comprendió que en ese papel, todo lo
que su imaginación percibiera ahí lo plasmaría, que su fuerza radicaba en ese
espacio blanco donde  su mente por siempre volaría, así  en ese pequeño pedazo
de papel su vida podría escribir.


Prosiguió a sentarse en la silla de  siluetas diferentes aunque muy semejante a
la suya, al colocarse dio de brincos, dio graznidos, dio aullidos, dio de
trinos, dio bufidos, dio maullidos, dio rugidos, dio bramidos, corrió, saltó, se
arrastro, voló, nadó.  Por su mente pasó innumerables siluetas de todo el mundo
reinos que cohabitaban en existencia, reinos que representaban a la animalia, a
las moneras, a los protoctistas,  a los fungis y a los plantae, palpó  que eran
mundos paralelos a él, mundos  que al igual que el suyo, coexistían en un
círculo de vida, entre la tierra, el agua, el viento y el fuego, mundos
equilibrados, que según el camino que él tomara ellos lo acompañarían, pero
debía de entender cómo conservar ese equilibrio, buscar la armonía ya que sí él
la desequilibraba ese circulo vital él mismo lo exterminaría.


Prosiguió a sentarse en la silla pintada en forma multicolor, al colocarse cerró
los ojos y en su mente pasaron cual relámpagos y centellas, una inmensidad de
colores, sonidos, símbolos, siluetas, espacios, movimientos corporales, formas
caprichosas de vida.  Todos ellos regocijaban  su alma, se acercó a las bellas
artes, entre sus sueños conoció de arquitectura, de escultura, de pintura, de
música, de literatura. Así mismo aprendió del teatro, de la danza, de la
literatura, del cine, de la fotografía, de la poesía, de la escenografía, rió
con la comedia, sufrió con la tragedia, se alimentó de la opera, su oído se
regocijo, con las voces de sopranos, de bajos, de tenores. de barítonos. Se
deleitó con la escala de música, con la escala cromática en la pintura y con lo
sublime de la escultura. Por último se sentó en la última silla, en la que sólo
reflejaba su espacio, en esa silla se olvidó de todo lo demás y al cerrar los
ojos miró dentro de su mente una balanza. En esa balanza se representaba la
igualdad de las cosas, en cada lado, sin cargarse de uno u otro se encontraba,
la ambición, la envidia, la codicia, la soberbia, la avaricia, la ira, el
rencor, el odio, el temor, la venganza y todo lo que manchaba al ser humano. En
el otro extremo de esa báscula, se encontraba, el perdón, el honor, la dignidad,
el amor, la esperanza, la humildad, la confianza, la paz, la sencillez y todo lo
que  hacia mejor al ser humano; por momentos todo lo que se encontraba en cada
extremo de un lado al otro se mezclaban, se intercambian, uno a uno, otro a otro
se entrelazaban. Se dio cuenta que no podían existir uno sin otro, se confundía
por instantes. Por momentos su mente se nublaba, por momentos, su corazón y su
alma se aturdían  y así fue durante días durante noches, tal vez infinitamente
hasta que entendió que esa lucha en su interior él mismo la desataba, solo
comprendió que viviría con esa duda eternamente y en él estaba la balanza
equilibrarla.


La experiencia


Virgilio, cerró los ojos, los abrió fijos en el horizonte y fijó el rumbo sin
rumbo.  Su silueta, su mano derecha y a su imagen y semejanza entrelazados de
las manos caminaron y caminaron, Virgilio ya con la experiencia, de lo dorado,
de lo café, de lo gris, de las siluetas semejantes, el papel en blanco, de lo
plateado, del mundo multicolor, del papel, de la madera reverdecida, de la
madera podrida,  de la del reflejo del espacio,  la de la negrura de la noche y
del rojo anaranjado, siguieron el rumbo sin rumbo, entre estrellas, entre aires,
entre mares, entre ríos, entre lagos, entre flores, entre noches, entre
amaneceres, entre abismos y entre cúspides, Sintieron lo dorado, lo plateado, lo
café, lo gris, el sabor de la madera podrida, el sabor de la madera fresca,  lo
negro, el papel en blanco y el aprecio de las siluetas semejantes.


Las alas


Poco a poco vieron que en sus espaldas algo poco a poco crecía, era algo
blanquecino cual copo de nieve, era  frágil cual papel, era  fuerte como el
viento,  poco a poco los elevaba, eran sus primeras alas y con esas alas,
emprendieron el rumbo sin rumbo entre las estrellas, entre lo más profundo de
las nubes y en lo más sublime del cielo, volaron durante horas, durante días,
durante noches, al volar y volar sus alas se expandían al igual sus espíritus,
al igual que sus mentes, al igual que su cuerpos, volaron cada vez más, entre el
brillo tenue de estrellas, entre el brillo fuerte de los astros, se   subieron
en cometas, volaron de planeta en planeta, a veces buscando, a veces buscando
nada, a veces encontrando, a veces encontrando nada, a  veces, simplemente a
veces.


El llanto


Al  abrir los ojos Virgilio, sintió nuevamente el correr de gotas de agua en sus
mejillas, comprendió lo que era el llanto, su silueta, su mano derecha, su
silueta a su imagen y semejanza, tal vez de tanto volar, tal vez de tanto soñar
se sumieron en un cansancio  inexplicable, algo desconocido para   ellos, en lo
incomprendido,  algo no sentido jamás,  poco a poco daban pasos, poco a poco
daban de aletazos, poco a poco se acababan, poco a poco se desgastaban, poco a
poco se enfermaban, a veces del alma, a veces de espíritu. A veces de lo físico,
simplemente sentían que su ser se atormentaba, se aferraban a la vida, se
aferraban a vivir cual garra  que arañaban las entrañas. Uno a uno, otro a otro,
se debilitaban, comprendieron lo que era vivir en el dolor, en la desesperación,
en la laceración, en la enfermedad. La balanza de la vida los puso dentro de la
vida y de la muerte, entre el comienzo y el fin terrenal, entre poder
comprender, si a veces entre estrellas, entre mares, entre ríos, entre lagos,
entre llantos, se podía pedir a un ser superior. Virgilio sintió que ni sus
gotas de agua, ni sus nuevas alas, tal vez lo podían alcanzar. Echó mano del
tiempo, se aferró de la mano del correr del tiempo, echó mano del camino andado,
se aferró de mano de todo lo soñado, poco a poco, lentamente, con suavidad
fueron sanando, sanando, a veces del alma, a veces del espíritu, a veces de lo
físico, a veces solamente a veces.


La Materia


Virgilio, volvió a cerrar los ojos, los abrió después de un tiempo. Al abrirlos
vio cómo en aquellas sillas, que su cuerpo se llenaba de cosas que lo inundaba
inmensamente, cosas, que saciaban su cuerpo, sintió hambre, vivió siempre del
suspiro del viento, siempre vivió de ilusiones. Esta vez algo al igual que la
sed atosigaba su cuerpo al igual que la sed a su garganta, sentía que quería más
y más, que su cuerpo se llenaba, de todo lo dorado y lo plateado. Sentía que eso
lo atestaba  más y más, a su silueta, a su mano derecha y a su silueta a su
imagen y semejanza,  al igual que la sed por vez primera sintiera, lo ahogaba en
su propio ser, en su propia hambre. Volvió a buscar en las estrellas, en la
ventisca, en el mar, en el río, en los lagos, en todo lo pasado, más no
encontraba saciar esa hambre a lo dorado y lo plateado; cerró los ojos un
momento a fin de encontrar la respuesta a su voraz apetito. Al abrirlos sintió
que a sus ojos algo lo cegaba y lo cegaba a igual que lo dorado y   lo plateado,
logro mirar hacia el horizonte y por vez primera no lo encontró, se vio envuelto
en un inmenso desierto tan luminoso que siempre lo cegaba, lo perturbaba, poco a
poco  se hundían en un su propio abismo, se convirtió en el hambre que no podía
saciar, en el hambre que lo deshonraba, en el hambre que lo hacía cada vez más
criminal, en esa hambre que a su cuerpo no lo saciaría jamás,  se encerró más y
más en ese desierto que lo hundía en su propio ser, se quería volver loco de
ansiedad, se vio más y más sólo, se dejó llevar por ese resplandor hasta la
saciedad, mas de  pronto  aquel resplandor se acabó, por momentos quiso otra vez
llorar y llorar, pero aquello que tanto lo deslumbró, que luego lo envileció,
poco a poco y en un suspiro de tiempo, el mismo tiempo puso fin a esa angustia,
sintió y un alivio inmenso, fijó la vista en el rumbo sin rumbo, levantó la
vista, volteó a su derecha, sólo encontró a su silueta, a su mano derecha, a su
imagen y semejanza, ahí solo encontró que otra vez su alimento fue el suspiro
del viento y el poder de la  ilusión, a veces por vivir, a veces por existir, a
veces, sólo a veces...


La trampa

Virgilio, levantó la vista, miró hacia el horizonte y emprendió nuevamente el
rumbo sin rumbo, caminó y caminó, junto a su mano derecha, a su silueta a su
imagen y semejanza, caminó nuevamente por veredas y senderos, caminó, caminó y
caminó, a veces de día a veces en noches, a veces en lluvia a veces en sol,
anduvo hasta  perderse poco a poco, su camino frente a él se empezó a
desvanecer, perdió el rumbo sin rumbo, perdió la mirada en el horizonte, perdió
las noches con estrellas, perdió el olor de las flores, perdió uno a uno los
colores, perdió, sólo se dio cuenta que perdió, se sumió en un abismo sin tocar
fondo, se sumió en un torbellino que embriagaba, en una pesadilla etílica, en la
adicción por algo que no lograba saciar su sed interna, se sumió en un mundo sin
mundo,  ya después de  tanto vagar por el abismo, de tanto vagar entre
torbellino y torbellino, por fin toco el fondo y en lo más bajo de esa
oscuridad, logro ver una luz que lo iluminaba, cual faro que guiaba la perdida
del rumbo sin rumbo, cual estrella que lo guiara en la noche, logro salir de ese
abismo, paso a paso, a veces pedía ayuda, a veces no encontraba, con mucha
fuerza de voluntad, la lucha era sólo con él, por fin abrió los ojos  volteó a
su derecha y lo primero que encontró fue a su silueta, a su mano derecha y a su
silueta a su imagen y semejanza. Se liberó paso a paso de esas cadenas que lo
esclavizaban hacia la oscuridad, lo que para él empezó como un juego, le costó
salir de una inmensa eternidad.



La dureza



Virgilio, se levantó del fango, rompió las cadenas, emergió de las tinieblas,
levantó la vista, miró hacia el horizonte, esta vez fijo su mirada en el
destino, volteó a su derecha, vio a su mano derecha, a su silueta a su imagen y
semejanza, se logro ver, tal vez un poco dentro de sí  mismo, vio el reflejo de
sus sienes ya plateadas, abrió los ojos ante el destino, miró que poco a poco se
acortaba, Virgilio, su mano derecha, su silueta a su imagen y semejanza
retomaron nuevamente el rumbo sin rumbo, caminaron durante días, durante noches,
en el espacio, en la tierra, entre estrellas, entre nubes, esta vez desde las
nubes, logro ver que muchas siluetas, contornos con sombras se golpeaban, se
lastimaban, lo rojo anaranjado prevalecía en medio de ellas, existía lo dorado,
lo plateado y la negrura, no lograba comprender la razón de tal visión, mientras
lo dorado y lo plateado se acercaba, contornos a sombras encadenaba, mientras
más y más dorado lo adoraban, más siluetas  se mataban, una gama de colores
salían de ellas, rojos, negros, verdes, a veces blancas se elevaban entre
estrellas, una a una tomaban rumbos diferentes, a veces, vagaban sin rumbo, a
veces se precipitaban al fondo de la tierra, a veces, sólo a veces cada una
suspiraba, por vez primera vio de cerca un instante, no sabe cuanto tiempo se
sentó en esa nube, volteó a ver a su mano derecha, a su silueta a su imagen y
semejanza, temió que esa negrura los alcanzara, que esa gama multicolor los
tocara, pasó días, pasó noches, pasó tal vez una eternidad y no lograba
comprender, tan sólo le bastó ver un segundo dentro de él, y comprendió que
estaba en su ser, dentro de él mismo esa razón de ser.


El suspiro de un instante


Virgilio, abrió los ojos nuevamente, miró hacia el horizonte, fijó el rumbo sin
rumbo en un rumbo fijo, su mirada se perdió, tal vez de tanto ver o por lo que
le faltó entender, con lo poco que le quedaba de vista, a imagen y semejanza de
aquél  amanecer, vio en el horizonte, el ocaso al igual que aquel, entre la
tierra y el cielo se mezclaba lo luminoso con lo oscuro, sintió que sus alas,
aquellas alas que por vez primera sintiera en sus espaldas, se acrecentaban.
Cerró los ojos, logrando ver dentro de su propio ser en un pequeño instante,
miró dos siluetas que a su imagen y semejanza eran donde el provenía, se vio
envuelto otra vez en sueños líquidos, en un cascaron de miedo, ahora no por
comenzar el camino sino  por empezar el nuevo rumbo, volteo a ver a su mano
derecha, a su imagen y semejanza, logro ver que una imagen de vida por vez
primera abría el cascaron y empezaba el rumbo sin rumbo, aquel rumbo sin rumbo
que tanto temía, entendió que lo mejor para él fue  abrirlo, vio a su mano
derecha, se entrelazaron de cuerpo y alma, juntos empezaron el nuevo rumbo, sus
alas aleteaban más y más  se disiparon los miedos, se disiparon  los temores,
por primera vez voló con rumbo fijo, levantó la vista al cielo y fue cuando
Virgilio voló entre el suspiro de un instante.

 

 

A MIS HIJOS


Derechos reservados ante el INDAUTOR

 

 

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UNA PIEDRA EN EL COATAN

 

(TIEMPOS DE ESPERANZA)

 

Por: Gustavo Hernández Larrauri

 

MUCHAS DE LAS VECES LA ADVERSIDAD HACE QUE EL SER HUMANO MANIFIESTE LO MEJOR DE SI MISMO, OTRAS DE LAS VECES SOLO ACTUA POR INSTINTO, PERO EN OTRAS MAS, EL INFORTUNIO HACE QUE TENGAMOS UNA RAZON DE EXISTIR AL BUSCAR TIEMPOS DE ESPERANZA

 

Existió una vez  un lugar donde  la vida y el tiempo reflejaban  los años, los cuales,  pasaban de  forma casi insolente,  ahí están, ahí se quedan, el tiempo es inmisericorde con el mismo tiempo, no sabemos a donde vamos, quizás la vertiente de la vida tome rumbos diferentes, no lo sabemos, hasta cuando estamos ahí, cuando empezamos, revivimos o volvemos a vivir. El turno es el momento, muchas de las veces se nos va la vida planeando o configurando formas de existir para darnos cuenta qué, en la vida misma no existen planes, mucho menos configuraciones,  que vivimos y volvemos a vivir, lo inmenso o lo pequeño aún no lo sabemos, tal vez nunca lo sepamos, lo importante es vivirlo y volverlo a vivir, con errores y aciertos, renacemos y volvemos a renacer, no importa, lo importante es vivir y volver a vivir.

 

EL FRIO DE LA MADRUGADA

 

Era un día de invierno, de un inmenso frío, de una forma  casi intolerante, no se soportaba, eran de esos días grises que se preferiría no salir.  El lugar no importa, un lugar  donde se encontraba un ser cualquiera,  un ser  perdido en la inmensidad, el cual se llamaba Anselmo. Un lugar como cualquier otro, donde los sueños se dejan volar y vagan de un lado a otro, son sueños sin atrapar, ahí están solo hay que desearlos, tocarlos y alcanzarlos. Era un especie de valle  arbolado, repleto de pinos, montañas que lo resguardaban, como queriendo proteger esos sueños para no dejarlos salir, aunque se elevaran muy alto, era una especie de alucinación, donde se mezclaban la realidad, a veces dolorosa con la misma fantasía, pero ahí estaba, sin más ni mas, era algo tangible, como cuando las aves trinan y los vientos corren, tan cruel como el más profundo dolor jamás imaginado, y tan feliz como la mas inmensa de las alegrías, era un mundo simbiótico, entre todas la vivencias mezcladas, era solamente un mundo que rayaba entre la locura y la razón, eran espacios de vida que soñaban vivir.   -Son las seis de la mañana,  se decía asimismo, Anselmo, ¿que hacer en este día gris, podría levantarme o dejar de existir? . La pregunta se la hacía una y otra vez, su mente daba vuelcos en sus propios pensamientos, se enredaba en su mente tratando de volver el tiempo atrás, ya no importaba, cual lo laceraba más, si el interno o el externo. Tiempos atrás, fueron  días soleados, llenos de esperanza, su vida dio un vuelco después de aquel terrible Huracán, el ?Stan?. -Como no he de olvidarlo, tan terrible como Satán, se decía  así mismo, me despedace las piernas, al tratar de cruzarlo al querer rescatar a mi familia y recuperar mis humildes pertenencias. Sólo logre perderlas y perderlas, mi familia, mis piernas, los brazos y mi alma, los brazos se fracturaron al quererme aferrar a un tronco que se impacto contra una piedra, si no fuera porque el coatán me aventó a la orilla y la gente me ayudó, hubiera muerto, tal véz sería lo mejor después de este terrible dolor, que más dá, quizá ni el Coatán se apiado de mi. Hoy estoy lejos de mi tierra tratando de recuperarme sin poder mirar atrás.   

Circunstancia en que perdió sus extremidades, ambas piernas y brazos, pero no su capacidad de luchar por un tiempo, capacidad hoy mermada al  no poder superar algo inmensamente mayor a él. -Levántate y lucha, no te des por vencido, se que es difícil, pero está en tí el poder salir avante de este trance, lucha por lo que amas, por tí mismo, no te des por vencido, aférrate a vivir, creo que estas aquí para hacer algo grande, tu misión en este mundo terrenal aún no termina, levántate, abraza y camina hacia el destino.   

            Le decía una pequeña vocecilla que salía de lo más profundo de su ser, la vocecilla era de un color de voz tan bello que era radicalmente  opuesta a su gran sufrimiento, bien pudo ser un ángel pequeño, podría ser un serafín o un querubín, quizás algún ser que lo amaba y vivía en su corazón. -Para que, ya llevo meses de sufrimiento, me parecen varios años, tal vez siglos de sufrimiento,  quizás una eternidad, he perdido las dos piernas y mis brazos. Ya no aguanto más el dolor, sufrimiento que hoy lacera mi alma, mi cuerpo y mi espíritu, para qué quiero la vida, si solo me ha traído dolor y sufrimiento, a veces miro al cielo y maldigo el momento en que nací. -No blasfemes le decía la vocecilla. -No esta en ti definir el destino, muchas de la veces intentamos cambiarlo para lo que nosotros creemos y solo nos lleva a un profundo dolor, toda etapa de la vida es de aprendizaje, es parte de la esencia del vivir,  créeme, yo en vida era un pequeño niño que nací en una alcantarilla, mis padres eran ?niños de la calle? que se drogaban, nací en la adversidad, intoxicado, desnutrido y sin ningún futuro, pero me adoptó un matrimonio que me llenó de felicidad, morí en pocos años debido a las deformidades en mi organismo, derivadas de las adiciones de mis padres, pero el poco tiempo que estuve en la tierra  lo llene de felicidad, a pesar de mi corta edad y sin saber por que, ni por que en mi pequeñita mente y mi grande corazón me decían, vive segundo a segundo, disfruta la vida. Un ser superior a nosotros te dio una oportunidad, aprovéchala. Ya ves, hoy me encuentro aquí, volando entres sueños con una inmensa algarabía, tratando de ayudar a las personas que sufren como hoy tú sufres. -¿Pero que hacer?, le preguntaba Anselmo a esa vocecilla, he tratado por todas las formas a mi alcance de entender el por que  de las cosas, y sigo sin entender, he pasado por la negación, la represión, la proyección, la ansiedad, la depresión y todas las formas que nuestra mente pueda experimentar para lo que hoy yo sufro, a veces me pregunto que habré hecho en vida o vidas anteriores para llevar esta carga en la existencia. Fíjate vocecilla que he tenido sueños que no logro entender, no los puedo interpretar, podría ser sueños libertadores de sueños, quizás sueños que vuelan sin tiempo, pero también he tenido pesadillas terribles, tan terribles cual jinetes apocalípticos, tan terribles como lo mas terrible de lo temible.

 

LA TEMPESTAD

 

Era un año como pocas veces visto, por todo el mundo habían  existido Huracanes, Tifones, Tsunamis, Terremotos, etc... La tormenta Tropical ?Stan?, en el Océano Atlántico se empezaba a formar, apuntaba a costas mexicanas en el ?Golfo de México? ya convertida en Huracán, al paso de los días  se impacto en Tierras Veracruzanas, la descarga de agua que contenía ese fenómeno, disparó su fuerza en el sureste Mexicano, llovió por días y noches, las lluvias semejaban el diluvio, las gotas de agua se convertían en torrentes sobre las montañas Chiapanecas, no había tregua, la naturaleza no perdonaba la deforestación ni el  maltrato que  hemos hecho como especie, gota a gota, se desplomaban con fuerza inusitada sobre las partes mas altas de la orografía de Chiapas, como lágrimas del cielo que chocaban con la tierra, formaban enfurecidos torrentes que se encausaban en los ríos, buscaban salida por doquier, todos los ríos que desembocaban en las costas, rebasaron inmediatamente sus limites, los causes fueros desbordados, el agua buscaba nuevas veredas para poder llegar al mar. Eran avalanchas mezcladas de agua, lodo, troncos, piedras, arrasaba con todo a su paso. Tal vez se comparaba a un profundo ¡ Ya basta ¡ de la naturaleza, o al mas terrible castigo que la madre tierra le propiciaba a sus hijos que habitan en ella. Al rebasar sus causes el impacto pluvial toco a las poblaciones, prácticamente todas las de la costa, soconusco y parte de las sierra chiapaneca, en pocas horas incomunicó a  varios municipios, la fuerza de los ríos derrumbo puentes, carreteras y viviendas, buscando cause dentro de las poblaciones, lo ríos retomaron rumbos distintos, llevándose a su paso a colonias enteras, no existía piedad, no había tregua, la fuerza de la lluvia arremetía una y otra vez, no permitía la ayuda a los desamparados, la gente se solidarizó, en cada rostro se reflejaba la tragedia, unos luchaban por su vidas, otros por sus animalitos, unos por sus siembras, otros por sus casas, era tiempo de caos y de crisis, pero sobre todo del reflejo del querer vivir, de aferrarse a la vida, luchando por lo que más querían en la vida, en cada rostro se reflejaba una historia diferente, pero con un solo sentido, el querer vivir.

Anselmo, había arropado a sus dos retoños,  niña y  niño, una de tres  y un bebe de brazos, eran su orgullo  y  el de María Cundapí, su esposa. A pesar de ser tierra caliente la humedad que generaba la lluvia de varios días, hacia más penoso el ambiente. El rostro de los hijos de Juan, reflejaban la marginación y pobreza del pueblo Chiapaneco, de ese pueblo sumido en el olvido y la pobreza, de esa gente que solo en tiempos electoreros nuestros gobernantes se acuerdan de ellos. -No para de llover, le comentaba  Anselmo a María Cundapí, la leña está mojada y la paga que me dieron de la pizca del café en esa finca del Tacaná ya acabó, no tenemos para blanquillos, fríjol y tortillas, voy a Tapachula a la tienda de mi compadre  Juan, a ver si me fía algo de leche para los niños, un costal de azúcar, de harina, otro de fríjol y un poco de café, pero ten cuidado por que el río esta subiendo muy rápido, más rápido que en otras épocas de lluvia. ??Pinche? lluvia, no se,  Tal vez debí irme al otro lado, lo hubiera intentado de nuevo, rumiaba Anselmo en sus adentros,  en esta época de ?cambios y esperanza?, más pobreza hemos encontrado, en México y en Chiapas. Puras promesas y más promesas, pasan miles de ?cachudos? y ?catrachos? por el Suchiate en cámaras de llantas, caminan por la vía del tren, le dan su entre a las autoridades, se cuidan de la ?mara?, se embarcan en lo que puedan y de ahí, directo al  otro lado, aquí cada vez se pone peor la cosa, dicen que tenemos trabajo, pero ?pura madre?, cada día esta peor, debí  irme para el otro lado, otros que han tenido más suerte que yo y que se han ido, hasta ?troca? traen, debí haberle tomado  la palabra otra vez a tanto ?pollero? que se me ha ofrecido, por aquí abundan.

Anselmo, recordaba su amarga experiencia del quererse pasar al otro lado, andar desde el Coatán hasta el río bravo, lo intento una vez con una cruel experiencia, tuvo que vender su propiedad ejidal para poder pagar al pollero que contactó en Ciudad Hidalgo, el cual lo abandonó en pleno desierto de Arizona, E.U, lo asaltaron, lo golpearon, casi muere de deshidratación e inanición entre Nogales y Tucson, no le quedaron ganas de regresar, tuvo que ?talachar? de ?tragafuego? y limpiavidrios, para poder subsistir y tener para su regreso de Nogales, Sonora. A su comunidad a orilla del Coatán en la zona rural de Tapachula Chiapas. México.    

 

LA TRAGEDIA

 

La lluvia escurría por las montañas, de forma imparable, era un alud de agua que se abalanzaba sobre la llanura chiapaneca, sobre esas poblaciones indefensas ante la fuerza de la naturaleza, el agua no respetaba a lo que se le ponía en frente, árboles, piedras, troncos, animales, todo arrollaba  a su paso. La respuesta de las autoridades ante la amenaza fue muy lenta, los rebasó fácilmente, tal parece que fué el fiel reflejo de una gris administración, con decisiones torpes y erradas, la infraestructura urbana se colapso al llegar el golpe de agua a las principales cabeceras Municipales, colonias enteras fueron abatidas, la estructura social fue vulnerada, la gente al principio no daba crédito a lo que veía, las autoridades no sabían que hacer, no había coordinación, los pueblos pedían a gritos  ayuda. Al principio no encontraron eco, la adversidad y la tragedia unió al la sociedad en su conjunto en cada rostro reflejaba una historia, de ayuda entre hermanos para conservar la calma y apoyarse ante la tragedia, fue una prueba al ser humano en su conjunto, otra prueba más para el pueblo Chiapaneco. La tragedia hermanaba razones ante las sin razones, el dolor y el sufrimiento de la gente los amarraba en un pacto no escrito de solidaridad entre seres humanos, el pueblo chiapaneco se  aferraba a vivir en la tragedia, la gente pasaba por encima de la catástrofe, la fuerza de la vida los impulsaba a sobrevivir.

            Anselmo, ya había llegado a la cabecera Municipal de Tapachula, su familia había quedado en su comunidad kilómetros atrás, en la otra orilla del Coatán, el torrente de agua, hacía cada vez imposible cruzar el río, el puente se derrumbó. Anselmo, al ver la dimensión de la tragedia, como un relámpago paso por su mente el peligro en que estaba su familia. Corrió y corrió, hasta quedar, exhausto y sin aliento pero por fin pudo llegar al otro extremo de su comunidad, el Coatán lo separaba de sus familia y su humilde vivienda, la cual desaparecían ante sus ojos incrédulos, fue tal su desesperación y el agobio de perder a su seres queridos, que no midió consecuencias. En un santiamén se encontró dando tumbos en las aguas turbulentas del Coatán, su cuerpo se entumecía ante el dolor de los objetos que lo golpeaban, era una marioneta, un objeto que las aguas del Coatán se tragaba, se afianzo de un tronco, pasaban por su mente recuerdos fugaces de su vida,  la  presencia  de sus padres y hermanos, recordó toda su infancia y juventud, existieron destellos de felicidad y dolor, su vista era borrosa, solo veía lodo por todas partes, no sentía sus brazos ni sus piernas, no podía respirar, se asfixiaba por momentos, daba vueltas y más vueltas, estuvo en esa situación por tiempo indefinido, rodaba entre las aguas del Coatán, volvió a desfallecer.  El agobio fue cesando  ya no supo más  de sí mismo, perdió la conciencia, al parar de rodar abrió su mente, y su corazón ante la adversidad.

 

EL SUEÑO

             

            -Anselmo, no debes de flaquear le decía insistente la vocecilla, recuerda que tienes por que y por quien luchar, no te des por vencido tan fácilmente, no te venzas, aun puedes hacer algo, no flaquees, aun quedan tiempos de esperanza.-¿Dónde estoy? En el soconusco, no existen árboles como estos, ni hace frío. Tapachula es tierra caliente, no reconozco ha esta tierra, solo me acuerdo que estaba  dentro de las aguas turbias del Coatán , ya no siento ningún dolor, puedo ver a mi familia a lo lejos, corriendo entre los árboles, cantando, sonriendo, felices, ¿qué fue lo que pasó, fue un sueño, creo que fue solo una pesadilla?,  no puedo moverme,   no se donde estoy. ¿dónde están mis brazos y mis piernas?. La vocecilla le susurró al oído con su característica voz celestial, Anselmo, seguía sin saber de donde salía esa voz que lo animaba y la daba fuerzas para existir, tal vez era la voz de su alma o su conciencia. -Ya ves, la vida da muchas vueltas y vueltas, somos seres transitables que rodamos en este mundo, hoy te tocó a ti, una vez me tocó a mi y así sucesivamente, no hay nada escrito, no existe nada determinado, tu consuelo será el que podrás disfrutar a tus seres queridos por tiempo indefinido, los verás crecer y ser felices.  Tu dolor cesara, pero todo tiene su precio, a veces alto, a veces bajo, pero siempre un precio, según lo que hayamos cargado a través de nuestras vidas, lo que hayamos aportado, lo que sembramos es lo que cosechamos, tu cosechaste en igualdad de circunstancias, tanto cosas buenas como cosas malas, es justo el pago por vivir y revivir a tu familia.

Anselmo, levantó su vista al cielo, alturas que reflejaban cual espejo a todo el valle, por fín se logró ver plenamente, su cuerpo  inerte, moldeado en forma redonda por la fuerza de las aguas del Coatán, en su cuerpo las extremidades, brazos y piernas ya no existían,  su alma, su espíritu voló en por un valle celestial, su cuerpo, su cuerpo físico se convirtió en una roca, quedo petrificado mirando al cielo como una piedra del Coatán, una piedra cuyo símbolo de dureza, reflejaba la fortaleza del ser humano en desgracia, de ese ser humano que a pesar de la adversidad se levanta en lo más penoso de la calamidad, Anselmo, reflejaba a todos esos seres que sufrieron el embate de la fuerza natural, del ?Stan?, sin echarse para atrás, fuertes como piedras del Coatán, Chiapanecos que poco a poco levantan piedra sobre piedra, tratando de edificar un nuevo destino, un nuevo rumbo de sus vidas,  rumbo que al igual que la vertiente del Coatán, tome rumbos diferentes, ramificaciones de vida, algunas con sufrimientos, otras con felicidad, pero todas derivaban  a un solo causal, el  aferrarse a vivir.

A veces, la misma vida, la naturaleza o el destino o como queramos llamarle, nos hace ver cual somos, tan grandes, tan pequeños, tan efímeros. A veces se nos gasta la vida en creer que somos, en creer que existimos. En un solo espacio, en un solo momento nos damos cuenta que no somos nada, solo un momento deteniendo el tiempo, somos solo momentos, sufrimos, reímos, lloramos, amamos, soñamos y ganamos o perdemos según lo que creamos, tan solo para llegar a la conclusión que a veces no somos nada, que existen cosas mucho mas inmensas que nosotros mismos, unas veces dentro de nosotros y otras tantas de manera externa. En esto días sufren miles de seres humanos  por todo el planeta  a costa de fenómenos sociales y por causas de la naturaleza, en México, en el sureste Mexicano y en nuestras costas, sierra y soconusco Chiapanecas. A todos los hermanos en desgracia,  nada más me queda decirles fuerza y fortaleza, está en nuestros seres superar adversidades, desde el momento mismo de la concepción, nuestra vidas se forman a base de fuerza al superar adversidades, al caminar, al crecer y hasta en el morir somos seres transitables, somos seres que superan adversidades, somos semillas de vida, somos, solamente somos, ha caminar nuevamente que es cuenta nueva.                  

 

FIN

 

Las piedras del Coatán simbolizan la fuerza y fortaleza de nuestros Hermanos Chiapanecos, al edificar piedra sobre piedra una nueva vida aun en la adversidad.

 

A NUESTROS HERMANOS EN DESGRACIA,

UN CHIAPANECO ADOPTIVO:

 

GUSTAVO HERNÁNDEZ LARRAURI.

 

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS A 6 DE NOVIEMBRE DEL  2005