Antonio Carter, a los cincuenta.

Parte II

Con estos sentimientos iniciamos los preparativos para darle vida a su proyecto. La frase que abriría la puerta del guión luciría de la siguiente manera: "El amor es tan sorprendente que aún cuando el ser humano asegura que la soledad es su mejor compañía, éste hace su aparición".

Ahí concluyó la esperanza de realizar su deseo original. Un 21 de abril, Dios nuestro señor se lo llevó para enriquecer sus arcas de almas buenas. Hoy, después de un tiempo, consideré prudente trasmitir algunos de los diálogos que juntos elaboramos y a la vez formarían parte del comentado libro.

1. Al inicio de una relación en pareja, es básico, según nuestros criterios, hablarse sólo con la verdad, por dolorosa que fuera, sin misterios ni poses, sin ases guardados, reconocer mutuamente defectos y virtudes, errores y aciertos, de tal forma que en esa práctica se fueran liberando sueños y fantasías, que muy seguramente permanecían guardados en el polvoso baúl del pensamiento y que el amor se encargaría de atrapar.

2. Mantener alerta el Don de escuchar, esa palabra que encierra tanto poder, capaz de unir o destruir una relación si no se práctica. El saber escuchar nos sensibiliza y nos permite conocer a fondo los dolores de cada uno.

3. No perder de vista la importante regla de oro: no hacerse daño uno al otro y en ese camino los pasos serían firmes hacia la consolidación.

Predominaría en el mencionado libro la verdad en todos sus roles, por ser de nuestra creencia que sólo en la verdad se encuentra la auténtica libertad. La prisa por dar inicio a dicha obra se hacía contrastante con la longevidad deseada para nuestra vida. No fue así. Sin embargo, agradezco a Dios el haber convivido un año, tres meses y veintiún días con el amor: Con ese amor que enseña a vestir el alma, con aquel que mostró capacidad para hacer un auto análisis y mantener hasta el final una convicción de pareja