Fueron una tierra fértil,
fueron una tierra buena.
El, era planta con casta
pero allí crecía sin tregua.
Más llegó el momento exacto
en que otra planta creció
y él, mirando con fervor,
aquellas hojas tan limpias
las tomó y las cobijó.
Sembrados en buen jardín,
regadas con mucho afán,
creciendo día con día
para sus frutos lograr.
El, era una planta joven,
ella, una planta pequeña.
Crecieron juntos los dos
y aprendieron, a la vez,
que al cobijo de sus hojas
darían fruto también.
Así fue pasando el tiempo,
pasó un año, cinco, diez
y las fuerzas de su tallos
tomaron la madurez.
Sus frutos son muy hermosos
y son regados también.
Con lágrimas de los ojos,
con el mismo amor de ayer;
de los padres de las plantas
que fueron hijos también.
Aquel jardín tan hermoso
más frondoso se volvió,
con tantas plantas sembradas
que con un amor cobijó.
Estas plantas tan queridas
no tienen comparación
son lo mas bello de mi vida
son mi fuerza, mi pasión:
estas plantas son mis padres
les debo mi devoción.