a) DIETA (Ahar)

 

La dieta, como es natural, representa un papel primordial en el problema de la vida. Necesitamos alimento para el mantenimiento de nuestro ser físico. Estamos forzados por la naturaleza a existir en este mundo en tanto dure el lapso de vida determinado ya por el destino o mientras los Karmas no se agoten. Para nuestra existencia misma, tenemos que subsistir de una cosa u otra. El ser humano es impotente en este aspecto. La ley del Karma es el método oculto de la naturaleza para mantener al mundo en sus garras de hierro, a fin de que él siga poblado y funcionando. Por lo tanto, resulta de lo más necesario que el ser humano se cuide de no contraer malos hábitos alimentarios en forma descuidada e indiscriminada. Ya que no podemos hacer nada sin alimento, debemos seleccionar al menos aquellos productos dietéticas que puedan ser menos perjudiciales para nuestro propósito espiritual. Nuestra dieta no debería hacernos contraer innecesarias deudas kármicas, las cuales podrían evitarse con un poco de cuidado. Con este objetivo en la mente, estudiemos la naturaleza.

 

La dieta para el ser humano proviene principalmente de la tierra, es decir, de tierra, aire y agua. Vemos también que la vida existe en todo aquello que está en movimiento o estático. Las criaturas que se mueven viven unas de las otras, así como también de la creación estática, a saber: vegetales, plantas, arbustos, hierbas, árboles y similares. Sin embargo, el hombre hace amistad con las criaturas que viven de la vida de la naturaleza (animales y pájaros), las ama y las convierte en sus mascotas. Nuestros antepasados sabían bien que el ser humano, el ave y el animal estaban todos enlazados con las mismas ataduras kármicas. El hombre, con su idea de una común fraternidad, trabajaba duramente tanto para sí como para sus animales domésticos. Araba la tierra, cultivaba los frutos y producía alimentos, tanto para sí como para sus amigos los pájaros, su ganado y sus bueyes. Pero con el transcurso del tiempo se dió a la comodidad, con el resultado de que primero se adjudicó la leche de los animales y luego hizo presa de su carne también.

 

Según los códigos de conducta moral, social y espiritual, no se debe interferir con las vidas de ningún animal de la creación de Dios. En la India este standard de vida se denomina Ahimsa o no dañar a ninguna criatura viviente. Esto conduce a la dieta vegetariana como opuesta a la no-vegetariana. A medida que pensamos profundamente acerca de las fases naturales y antinaturales de la dieta, llegamos a una mejor comprensión de las gunas o propensiones innatas, inclinaciones naturales y tendencias latentes, que son innatas en todos los seres conscientes.

 

Debemos clasificar la dieta en: granos, cereales, vegetales y frutas, los cuales son considerados como dieta satvica o satoguni, que es pura y produce serenidad y equilibrio, adecuada para sabios y videntes. Los Santos y los ermitaños que se retiraron para la meditación en la soledad de las cuevas y cabañas, prefirieron siempre las papas (kand), los camotes, las alcachofas (zamikund) etc., que crecen y se desarrollan bajo tierra.

 

Tomaban también raíces y fruta (mool y phal): rábanos, nabos y remolacha.

 

Las frutas (phal) les proveían de las suficientes vitaminas y sales orgánicas en forma original para mantenerlos aptos para una vida de concentración y meditación. Algunos de los alimentos crecen en forma natural, en abundancia, mientras que otros se producen con algún esfuerzo. Los granos y cereales estaban destinados al público en general.

 

La dieta satvica o pura compuesta de vegetales, raíces y fruta (mool, kand y phal), y leche de vaca y sus derivados, prolonga la vida y cura una gran cantidad de enfermedades y dolencias. Su utilidad ha sido reconocida incluso por la ciencia médica. Hoy en día muchos medicamentos son preparados de hierbas, frutas y granos, y se ha visto que son muy eficaces. Además, todos los métodos curativos naturales, como baños de sol, baños de mar, baños de barro, baños de agua, masajes, fisioterapia, naturoterapia, cromoterapia, etc., están produciendo magníficos resultados.

 

Los alimentos satvicos y una vida sencilla son conducentes al desarrollo de la más elevada cultura o civilización. Debemos recordar que la comida se ha hecho para el ser humano, y no el hombre para la comida. Comer para vivir y no vivir para comer, debería ser nuestra máxima en la vida. Siguiendo este método, creamos receptividad para las más elevadas cosas en la vida, ética y espiritual, que conducen gradualmente al conocimiento del ser y al conocimiento de Dios.

 

La dieta rajásica o productora de energías incluye, además de alimentos vegetarianos, productos como la leche, crema, mantequilla y jocoque (ghee), etc. de otros animales además de la vaca, si son tornados con moderación. En la antigua India, el uso de la leche estaba restringido principalmente para la realeza, pues los príncipes necesitaban energía extra para mantener bajo control a la gente ruda, turbulenta y bárbara, que vivía sin respetar ningún principio establecido de vida. El ordeño del ganado lechero se permitía únicamente después de que las vacas eran criadas y tratadas con cuidado especial y se dejaba en sus ubres suficiente leche para alimentar a su cría, el ternero. El resto de la leche le estaba permitido al ser humano sólo bajo circunstancias especiales. Esta regla especial se estableció para prevenir la degeneración de la antigua civilización. El uso limitado de la leche fue adoptado también por los rishis (sabios), quienes vivían en relativo aislamiento, solos, dedicaban la mayor parte de su tiempo a la meditación en reclusión y dejaban una buena cantidad de leche para el uso y desarrollo de los terneros.

 

La costumbre tradicional de usar únicamente el residuo de leche prevalece todavía en algunas aldeas de la India. Pero en la actualidad, el hombre en su codicia por el poder sin freno, está violando todas las leyes de la naturaleza con el pretexto de la supuesta libertad que proclama para sí. Desafortunadamente, el hombre ha llegado a creer en el principio de la "supervivencia del más apto", y tiene, por tanto, que pagar cara su imprudente elección en el asunto.

 

La única preocupación del hombre hoy día es obtener tánta leche como le sea posible, aún a costa de los terneros mismos. En algunos lugares los echan en agua hirviendo inmediatamente después de nacer y emplean máquinas ordeñadoras para sacar hasta la última gota de leche, a fin de mantenerse al nivel de la competencia comercial e incrementar las ganancias. Esto es lo que orgullosamente llaman pericia técnica y civilización. Nuestros incipientes reformadores de hoy imponen este tipo de prácticas al hombre, en vez de mejorar la agricultura, y criar y desarrollar el ganado, lo cual es inofensivo y podría aliviar la presión de la demanda, de la que tanto se habla hoy día.

 

 

La dieta tamásica o entorpecedora consiste de carnes, licores, ajo, etc., o de hecho cualquier otra dieta, natural o artificial, rancia o fresca. Aquellos que recurren a la alimentación libre y sin control viven para comer, no comen para vivir. Su objetivo en la vida es hedonista y su lema es: "Comer, beber y divertirse". Se lanzan de cabeza a lo que llaman los dulces placeres de la vida. Cuando son bendecidos con pequeños poderes de concentración, dirigen todas sus energías (mentales y físicas) a glorificar al pequeño "yo" en ellos, la egoístamente. El hombre se complace en dominar este modo de actuar como una más elevada reacción de la civilización. Este modo de vivir está prohibido estrictamente por los Maestros del más elevado orden a quienes buscan el conocimiento del espíritu y la liberación final del alma de los grilletes de la mente y la materia.

 

¿Se detendrán por un momento los individuos pensantes a reflexionar y darse cuenta de la verdadera posición del ser humano? ¿Por qué se enorgullece tánto de llamarse a sí mismo, o ser llamado, la más noble de las criaturas, lo más elevado de la creación? ¿Hacía dónde se está precipitando? ¿No está al borde de un terrorífico precipicio con declive extremadamente agudo, listo para caer en cualquier momento? Por su conducta se ha expuesto cuidadosamente a los posibles vientos de la venganza de la naturaleza. A cada momento corre peligro de ser barrido hasta las profundidades del aniquilamiento físico y moral.

 

El ser humano ha tomado sus lecciones sobre dieta de las bestias de la selva y actúa como una criatura salvaje. Se deleita comiendo la carne no sólo de criaturas inofensivas como vacas, cabras, venados y ovejas, de inocentes aves y de los peces, sino que de hecho participa de la carne y de la sangre humana para satisfacer su insaciable hambre por el oro y la riqueza. No ha terminado aún su curso de auto-engrandecimiento que orgullosamente llama progreso.

 

Podría muy bien reflexionar sobre los principios básicos en que los Maestros se basan al aconsejar y prescribir la dieta vegetal. Los vegetales también contienen vida en forma latente, cosa que ha sido demostrada por los científicos de todo el mundo. Sin embargo, siendo que tenemos que representar nuestro papel en este panorama de la vida en el escenario del mundo y tenemos que alimentarnos para mantener el cuerpo y el alma unidos, tenemos para ello que depender de los productos de la tierra.

 

Sí, por supuesto que hay vida en los vegetales, frutas y granos. El elemento esencial de la vida es el crecimiento y el deterioro. La verdad de esto puede retraerse hasta los tiempos más remotos. No es un veredicto nuevo, aunque algunas mentes científicas han redescubierto esta verdad y la proclaman como propia. Vayamos ahora al punto. En la creación entera, la ley de la naturaleza establece que la vida depende de la vida. Al igual que las criaturas de otros grados de la creación, el ser humano se sostiene también comiendo algo que tenga vida. Externamente parece ser que con respecto a contraer Karmas, el hombre está en el mismo barco junto con otras criaturas de niveles inferiores de vida, como animales, reptiles, etc.

 

La naturaleza tiene otra rueda propulsora que trabaja en este mundo material: la ley de la evolución. Ella se encarga de que todos los seres vivientes pasen de una posición a otra. A medida que cada ser pasa de un orden de la creación al orden superior siguiente, asume un valor separado del inferior. La base para determinar tanto el valor nominal como el verdadero es la materia y el intelecto. Mientras más valiosos son los elementos constituyentes de la materia, presentes en el ser en forma predominante, mayor es el intelecto y mayor el valor del ser. Los Santos aplican esta ley para la solución del problema de la dieta del ser humano. Obedézcanla o no, los Santos colocan esta ley ante el hombre, de manera que pueda reformar su dieta y evitar lo mas posible la pesada carga de cadenas kármicas en las que irremediablemente está atrapado.

 

Cada clase de dieta tiene su propio efecto inherente en el ser humano, perjudicial para el logro del más elevado objetivo: el conocimiento del propio ser y el conocimiento de Dios. Esta ley coincide con lo que el hombre generalmente acepta, aunque no se dé cuenta de la razón de sus acciones. Al comparar en su vida diaria los datos que siguen, el hombre confirmará, para sorpresa suya, que lo que considera aceptable en la vida social está en completo acuerdo con la ley de la naturaleza aquí explicada.

 

El cuerpo humano, con todos los cinco elementos componentes creativos (tatwas): tierra, agua, fuego, aire y éter, en plena actividad, es el más valioso. Por eso encabeza la lista de los seres en la creación y se le considera el más cercano a Dios, su Creador. Que el hombre mate a sus semejantes se tiene como el más terrible de los crímenes, merecedor del castigo máximo o la pena de muerte. El valor que sigue en la lista se asigna a los cuadrúpedos y las bestias, que tienen cuatro elementos (tatwas) en actividad, careciendo casi por completo del quinto, el éter, o teniéndolo en porción insignificante.

 

El matar injustificadamente un animal, acarreará por lo tanto, una pena equivalente al precio del animal en cuestión. Luego siguen las aves, con tres elementos activos: agua, fuego y aire; de ahí que se les considera de un valor nominal.

 

Menor aún es el valor asignado a las criaturas que tienen activos dos elementos, tierra y aire; los otros tres quedan en estado latente, como en los reptiles, gusanos e insectos, que son muertos y pisoteados sin el menor escrúpulo, pues no hay ninguna pena en su caso. El mínimo valor se asigna a las raíces, los vegetales y las frutas, en los cuales únicamente el elemento agua está activo y es predominante, mientras que los otros cuatro permanecen del todo en estado latente. Así es como, desde el punto de vista kármico, la dieta vegetariana y frugívora (de vegetales y frutas) realmente constituye la dieta que produce menor dolor, y al participar de ella, el ser humano contrae la deuda kármica menor. Tiene que contentarse por tanto, can este tipo de alimento en tanto no pueda renunciar a él y tomar algún otro que no involucre consecuencia en absoluto.

 

Veamos ahora lo que nos dice el Evangelio Esenio de San Juan a este respecto:

 

Pero ellos (los discípulos) Le contestaron: ¿A

dónde iremos Maestro, pues contigo están las

palabras de Vida Eterna? Dínos cuáles son los

pecados que debemos evitar para que nunca

más conozcamos la enfermedad

XXI

 

Jesús les contestó: "Hágase de acuerdo con vuestra fe", y se sentó entre ellos, y dijo:

 

"Se ha dicho desde tiempo inmemorial: "Honra

a tu Padre Celestial y a tu Madre Terrenal

y cumple Sus mandamientos, para que tus días

sean largos sobre la tierra". Y a continuación

fue dado este mandamiento: no matarás, porque

la vida es dada a todos por Dios, y lo que

Dios ha dado no dejen que el hombre lo quite.

Pues en verdad os digo, que de una madre procede

todo lo que vive en la tierra. Por lo tanto,

aquel que mata, mata a su hermano. Y la Madre

Terrenal lo separará de ella y le arrancará

de sus vivificantes senos y los ángeles le rehuirán,

y Satanás tendrá su morada en su cuerpo.

 

Y la carne de las bestias sacrificadas en su

cuerpo, se convertirá en su propia tumba. Porque

en verdad os digo, que aquel que mata, se

mata a sí mismo y quien así come de las bestias

sacrificadas, come del cuerpo de la muerte..

Y la muerte de ellas se convertirá en su propia

muerte. . . Pues el precio del pecado es la

muerte.

 

No matéis, ni tampoco comáis de la carne de

vuestras inocentes victimas, no sea que os

convirtáis en esclavo de Satanás. Porque ese

es el sendero del sufrimiento y conduce hacia

la muerte. Pero haced la Voluntad de Dios, para

que Sus ángeles os sirvan en el sendero de la

vida. Obedeced por lo tanto las palabras de

Dios:

 

He aquí que os he dado toda hierba que produce

semilla que crece sobre la faz de la tierra, y

todo árbol en el cual está el fruto de un árbol

que produce semilla, para ustedes será como

carne; y a toda bestia de la tierra, y a todo ave

del aire, y a todo lo que se arrastra sobre la

tierra, donde hay aliento de vida, doy toda

hierba verde como carne.

 

También la leche de todo lo que se mueve y vive

será como carne para vosotros; así como la

hierba verde les he dado a ellos, asimismo doy

la leche suya a vosotros. Pero la carne y la

sangre que la vivifica, vosotros no comeréis ... "

XXII

 

Luego otro discípulo, dijo:

 

"Moisés, el más grande de Israel, permitió a

nuestros antepasados que comieran carne de

bestias no impuras y prohibió la carne de bestias

impuras. Por qué, entonces, nos prohibes

Tú la carne de todas las bestias? ¿Cuá1 ley

proviene de Dios? ¿La de Moisés o la Tuya?

XXIII

 

Y Jesús continuó: "Dios ordenó a vuestros ante-

pasados: "no matarás" Pero sus corazones se

endurecieron y siguieron matando. Entonces

Moisés quiso que por lo menos no mataran a

los hombres y les toleró que mataran bestias.

Pero los corazones de vuestros antepasados se

endurecieron más aún y mataron a hombres y

bestias igualmente". Pero yo os digo:

 

No matéis hombres ni bestias, ni siquiera el

alimento que ponéis en vuestras bocas. Pues si

coméis alimento vivo, el mismo os vivificará,

pero si matáis vuestro alimento, el alimento

muerto os matará a vosotros también. Pues la

vida proviene sólo de la vida, y la muerte

proviene siempre de la muerte. Pues todo lo que

mata a vuestro alimento mata también a vuestros

cuerpos. Y todo aquello que mata vuestros

cuerpos mata también a vuestras almas.

 

Y vuestros cuerpos se convierten en lo que

vuestros alimentos son, así como vuestros

espíritus se convierten igualmente en lo que

vuestros pensamientos son. . .

XXIV

 

Por lo tanto, comed siempre de la mesa de

Dios: las frutas de los árboles, el grano y las

hierbas del campo, la leche de las bestias y la

miel de las abejas. Porque todo lo que está

más allá de esto es Satanás y conduce por el

camino del pecado y de las enfermedades hasta

la muerte. Pero los alimentos que coméis de

la abundante mesa de Dios dan fortaleza y

juventud a vuestro cuerpo y nunca sufriréis

enfermedad. "

XXV