KARMA. SIGNIFICADO Y CLASES

 

No se engañen; nadie se burla de Dios:

Porque lo que el hombre siembra, eso cosechará.

Gálatas VI:7

 

Enfrentado a las complejidades de la esclavizadora vida terrenal, el ser humano lucha por encontrar una salida. A donde quiera que se dirija, encuentra su vuelo ascendente obstaculizado por invisibles barreras. ¿Por qué todas la aparentes desigualdades en el mundo? ¿Por qué esta bloqueado el camino a su hogar principal, el Hogar del Padre Celestial? ¿Hacia dónde debe dirigirse para encontrar la Luz redentora de la "Ciencia pura del Ser "? Estas preguntas dirigen a la inquisidora mente hacia una investigación de la ley Universal de acción y reacción.

 

El término "karma" aparece frecuentemente en diferentes escritos filosóficos y religiosos de la India. Realmente ha sido tan a menudo intercambiando por sacerdotes y predicadores, que muchos han llegado a considerarlo como un obstáculo imaginario en el Sendero de la salvación espiritual. Por ser un término extraño para el Occidente, generalmente es transmitido sin la suficiente aclaración. Todos los Maestros de las regiones inferiores o grados en ascenso, hablan de la liberación que es lograda por medio de la acción sin apego, y sin desear los frutos o resultados de ella. Sin embargo, esto no es sino una verdad parcial y un conocimiento a medias.

 

La mente está acostumbrada a saborear el fruto de sus acciones. ¿Cómo podrá abandonar este hábito? Los ejercicios físicos y mentales (sadhans) pueden emplearse como instrumento para disciplinar la mente hasta cierto punto.

 

Pero a la larga, el hábito de la mente de disfrutar sus experiencias se reafirmará. La mente puede abandonar los placeres mundanos sólo cuando recibe alguna clase de placer más elevado.

 

Los Santos han experimentado un placer más exquisito, un éxtasis de bienaventuranza, por medio del contacto con el Verbo (Naam, Palabra de Dios o el Divino Principio del Sonido). Una vez absorta en la Corriente del Sonido o Naam, la mente es arrastrada fuera del mundo. La mente tiene el hábito de correr tras los objetos mundanos y saltar de una cosa a otra. Lo que tenemos que hacer no es detener su flujo, que es su característica natural, sino únicamente cambiar su dirección descendente que va hacia el mundo externo a la ascendente que lleva al mundo interno. Esto significa poner frenos a los sentidos que vagan errantes y canalizar la energía mental hacia una dirección apropiada que asegure resultados de naturaleza duradera y permanente.

 

Esto se logra por medio de la práctica regular o absorción en el Verbo (Naam). Este es el único método por el cual puede ser entrenada gradualmente y al final quedar sometida de manera inofensiva por la sublimación de las corrientes mentales; el alma se recoge en sí misma y puede proseguir sin dificultad ni impedimentos en su camino hacia su fuente original: la Súper Alma o Conciencia total. Por lo tanto, los Santos, quienes por sí mismos han transitado el Sendero, el Sendero del Surat Shabd Yoga (absorción el Verbo Sagrado, Palabra o Sonido Sagrado), no sólo pueden hacernos capaces de liberarnos del ciclo kármico de acción y reacción, sino también proporcionarnos el acceso al Reino de Dios, que se encuentra en lo interno.

 

Surge ahora la pregunta: ¿Cómo pueden agotarse los karmas o volverse inefectivos? En el laberinto de las leyes de la naturaleza, en el que estamos inexorablemente envueltos, hay una salida para aquellos que realmente buscan el Auto-conocimiento de Dios. El acceso de salida de esta densa jungla de los karmas, que se extiende desde el inmemorial pasado, es puesto de manifiesto por la salvadora gracia del Verdadero Maestro. Una vez que El nos ha tomado en Sus brazos y conectado con la Eterna Sagrada Palabra o Corriente del Sonido, quedamos fuera de alcance de Yama, el ángel de la muerte, que representa el aspecto negativo del Poder Supremo, y que es el encargado de administrar justicia en el Universo, de acuerdo a las propias acciones.

 

Cada acto del ser viviente, hecho consciente o inconconcientemente, ya sea que esté en estado de latencia en forma de pensamiento, vibración mental o que sea proferido en palabras o convertido en acto físico, produce karma.

 

Para evitar que el lector quede confuso con el término "karma", será mejor comprender esta palabra en su propio significado. Originalmente, la palabra karma significaba y representaba ritos y rituales sacrificatorios, y yajnas (sacrificios) efectuados por los individuos de acuerdo a lo prescrito por los textos sagrados. Posteriormente, sin embargo, llegó a incluir toda clase de virtudes sociales y autopurificadoras, tales como veracidad, pureza, abstinencia, continencia, ahimsa (no violencia), amor universal, servicio desinteresado y todo acto de naturaleza caritativa y filantrópica. En suma, se puso gran énfasis en el cultivo de los Atam-gunas (atributos del alma) que tiendan a disciplinar la mente y encauzar los poderes mentales en la correcta dirección de forma que puedan servir al elevado propósito de la liberación del atman o espíritu en esclavitud.

 

Los karmas generalmente se clasifican en prohibidos, permitidos y prescritos. Todos los karmas que sean de naturaleza degradante y deshonrosa (Nashedh) están clasificados como prohibidos, porque la complacencia en los vicios es pecaminosa, y la recompensa del pecado es la muerte. A estos se les denomina kukarmas o vikarmas. Luego vienen los karmas que ayudan a la persona a alcanzar elevados planos como Swarag, Baikunth, Bahist o paraíso. Estos son Sukama karmas o Sukarman, que son realizados mediante el cumplimiento de deseos y aspiraciones benévolas, y como tales permisibles y permitidos. Finalmente, tenemos karmas cuya ejecución es considerada obligatoria, como ordenada por las Escrituras para personas que pertenecen a diferentes varns o castas sociales (los Brahmanes o clase sacerdotal enfrascados en el estudio y enseñanza de las Escrituras; los kshastriyas o raza guerrera compuesta por fuerzas de lucha para propósitos de defensa; los Vaishyas o gente ocupada en asuntos comerciales o de agricultura y los sudras o sirvientes de las tres castas anteriores); y a los diferentes estados de vida llamados Ashrams (Bramacharia, Grehasta, Vanprastha y Sanyas, que corresponden aproximadamente al período formativo educacional, al estado familiar de casado, como mantenedor del hogar, al estado de asceta o ermitaño, ocupado en profunda meditación en la soledad del bosque, y por último al estado de peregrino espiritual, dando a la gente el fruto de su larga vida de experiencia; comprendiendo cada porción 25 años, computándose un periodo de vida de 100 años de duración). A estos se les llama Netya: karmas de ejecución, los cuales son un "deber" de cada día en cada profesión o período de vida.

 

Como código de moral y conducta, la ley del karma hace apreciables contribuciones para el bienestar moral y material del hombre en la tierra y prepara el camino para una mejor vida en el futuro. En todas las cuatro esferas de la vida humana-seglar, material o económica, religiosa y espiritual-, indicadas con los términos kama (cumplimiento de los propios deseos), Artha (bienestar económico y material); Dharma (base religiosa y moral que mantiene y soporta el Universo) y Moksha (salvación), las acciones kármicas juegan un papel vital. Es, naturalmente, la pureza moral la que figura como fuerza motivadora para el éxito de los propios esfuerzos.

 

Para que los karmas produzcan los frutos apetecidos, es necesario que se ejecuten con concentración de la mente, con propósito determinado y amorosa devoción.

 

Además de estos, hay otra forma de karma, a saber:

 

Nish-kama karma, es decir karma ejecutado sin ningún apego o deseo del fruto de esa acción. Este superior a todas las otras formas de karmas, que en menor o mayor grado son fuente de esclavitud; con todo, éste ayuda un poco a liberarse de la esclavitud kármica pero no de los efectos kármicos. Puede, no obstante, notarse que el karma en sí no tiene efectos esclavizantes. Es sólo el karma nacido del deseo o kama el que lleva a la esclavitud. Es por esto por lo que Moisés dijo: "no desees", y Buddha y el décimo Guru de los Sikhs, Guru Gobind Singh, una y otra vez pusieron énfasis en el desapego. El karma es así el medio y el fin de todo esfuerzo humano. Es a través del karma como se conquista y transciende el karma. Cualquier intento de sobrepasar la ley del karma es tan fútil como pasar la propia sombra. Lo mejor de todo es ser Neh-karma o karma-rahat, es decir, ejecutar el karma de acuerdo al plan Divino, como consciente colaborador del Poder de Dios. Esto quiere decir ser inactivo en la acción, cual eje en la siempre girante Rueda de la Vida.

 

Además, el termino "karma" debe distinguirse de la palabra karam. "Karma" es un término sánscrito que significa acto o acción, incluyendo las vibraciones y palabras orales, mientras que karam es palabra cuyo significado es amabilidad, misericordia, compasión o gracia.

 

En cuanto a la naturaleza del karma: de acuerdo a la filosofía Jaína, el karma es de naturaleza material, tanto física como psíquica, relacionando una con la otra como causa y efecto. La materia en su forma sutil y psíquica permea todo el cosmos. Permea el alma a causa de su interpolación con la materia externa. En esta forma, el jiva se construye su nido como hace el pájaro, y queda encadenado con lo que se llama karma - srira o cuerpo sutil, y permanece esclavizado hasta que el yo empírico se despersonaliza y se convierte en alma radiante con su natural luminosidad.

 

El Karman-srira o cáscara kármica que encierra el alma, está constituido de ocho naturalezas (prakritis), correspondiente a los ocho tipos de átomos kármicos que producen diferentes tipos de efectos. Estos son de dos clases:

 

 1) Karmas que obscurecen la visión correcta, como por ejemplo:

(I) Darsan-avarna, que obstaculiza la percepción o comprensión correcta en general;

(II) Janan-avarna,  los  que  obscurecen el entendimiento o la compresión correctos;

(III) Vendaniya, que obscurecen la naturaleza inherente de bienaventuranza del alma, y por lo tanto hacen surgir sentimientos de placer y dolor;

(IV) Mohaniya, karmas que obscurecen la creencia, la fe y la conducta.

 

Todos estos karmas actúan como anteojos de colores ahumados, a través de los cuales vemos el mundo y todo lo que es el mundo. La vida se ha descrito poéticamente como: "un domo de vidrio de muchos colores" que "mancha la blanca irradiación de la eternidad".

 

2) Hay otros karmas que van a formar lo que una persona es realmente, pues ellos determinan:

 

(I) El físico corporal

(II) La edad y longevidad

(III) El estado social

(IV) Estado espiritual

 

Cada uno de estos tipos es conocido como: Naman, Ayus, Gotra y Antraya, respectivamente. Además hay divisiones y subdivisiones, que dan lugar a cientos de ramificaciones.

 

Las partículas kármicas diseminadas en el espacio, quiérase o no, son atraídas por cada alma, de acuerdo a la presión de la actividad en que se incurre. Esta constante afluencia de karmas puede restringirse, librando al "yo" de todo tipo de actividad del cuerpo, mente y sentidos, y estabilizándolo en su propio centro; mientras que al mismo tiempo pueden reducirse los karmas acumulados, por medio de ayunos, austeridades, lecturas de textos de las sagradas Escrituras, desapego, arrepentimiento, meditación, etc. (tapas, saudhyaya, vairagya, prashchit, dhyan, etc.).

 

Buddha puso también gran énfasis en el empeño constante, esforzándose con miras a la última victoria sobre la Ley del karma. El presente puede estar determinado por el pasado; el futuro es nuestro, dependiendo de la voluntad rectora de cada individuo. El tiempo es una interminable continuidad; el pasado dirige irresistiblemente hacia el presente, y el presente hacia el futuro, en la forma que cada uno prefiera. El karma cesa en sus efectos sólo con la obtención de la más elevada condición mental, que esta más allá del bien y del mal. Con la realización de este ideal, todos los esfuerzos llegan a su fin, porque entonces cualquier cosa que el individuo liberado haga, lo hace sin apego. La siempre rodante Rueda de la Vida obtiene su ímpetu de la energía kármica y cuando esta energía se agota, la gigante Rueda de la Vida llega a quedar inmóvil, porque entonces uno llega a la intersección del tiempo y lo sin tiempo, un punto que estando siempre en acción permanece, no obstante, inmóvil en su propio centro. El karma provee la llave para el proceso vital; y la propia conciencia va de etapa en etapa, hasta que uno se convierte en un ser realmente consciente o Buddha (el iluminado o vidente de la Sagrada Luz). Para Buddha, el universo, lejos de ser un mero mecanismo, fue un Dharma-Kaya o cuerpo pulsante con el Dharma o principio vital sirviendo al mismo tiempo de soporte primordial, como su principal punto de apoyo.

 

En resumen la ley del karma es la férrea e inexorable ley de la naturaleza, de la que no hay escape ni para la cual hay excepción. Lo que siembren, eso cosecharan es una antigua y axiomática verdad. Es la regla general para la vida terrenal. Se extiende también hasta algunas de las elevadas regiones físico-espirituales, según el grado de densidad y peculiaridades de cada una. El karma es un principio supremo, superior tanto para los dioses como para el ser humano, pues los dioses tarde o temprano también caen bajo su dominio. Los diversos dioses y diosas, en las diferentes regiones de la naturaleza, tienen que servir mucho más tiempo en sus respectivas esferas celestiales que los seres humanos, pero de todas maneras tienen finalmente que reencarnar en el cuerpo humano antes de poder aspirar y obtener la emancipación del ciclo kármico de nacimientos y muertes.

 

Todos los trabajos, actos y acciones forman un mecanismo vital en el plan divino, para mantener el universo entero en perfecto orden de funcionamiento. Nadie puede permanecer ni por un momento sin ejecutar alguna clase de trabajo (ya sea actividad mental o física). Siempre está uno pensando o haciendo una u otra cosa. Por nuestra propia naturaleza, no podemos estar mentalmente vacíos u ociosos, ni podemos detener el funcionamiento automático de los sentidos: los ojos no pueden hacer otra cosa sino ver, los oídos, oír; y lo peor es que uno no puede, como Penélope, deshacer lo hecho. El arrepentimiento, aunque bueno en sí mismo, no puede curar el pasado. Cualquier cosa buena o mala que se piense, se diga o se haga, deja una profunda impresión sobre la mente y estas impresiones acumuladas contribuyen a hacer del individuo un éxito o un fracaso.

 

El ser humano se vuelve como piensa. Es de la abundancia de la mente que la lengua habla.

 

Cada acción tiene su reacción, pues así es la ley de la naturaleza: causa y efecto. Por lo tanto, tiene uno que sobrellevar el fruto de sus acciones, dulce o amargo, según sea, le guste a uno o no.

 

¿No hay remedio entonces? ¿Es el ser humano un simple juguete del destino y de la fortuna que recorre su camino en orden totalmente predeterminado? Hay dos aspectos sobre este asunto: cada uno tiene hasta cierto grado libre albedrío, por medio del cual, si quiere puede dirigir su curso y edificar positivamente o estropear su futuro, y en gran parte incluso, puede moldear a su conveniencia la vida presente.

 

Equipado con el alma viviente, que es de la misma esencia de su Creador, él es más poderoso que el karma. Lo infinito en él puede ayudarle a trascender las limitaciones de lo finito. La libertad para actuar y las ataduras kármicas no son sino dos aspectos de lo real en él. Es únicamente la parte mecánica y material en él la que está sujeta a las restricciones kármicas , mientras que el espíritu real y vital en él trasciende todo y casi no es afectado por la carga kármica, si está establecido o centrado en su nativa Divinidad. ¿Cómo puede uno establecerse en su propia forma real (saroop), el espíritu (atman)? Esto es lo que forzosamente tenemos que aprender si aspiramos a una salida de la interminable telaraña kármica.

 

El problema con la mayoría de nosotros es que no ponemos atención a nuestras acciones. A cada paso seguimos conectando o recogiendo descuidadamente la carga de partículas kármicas, sin darnos cuenta de que hay un poder adentro de nosotros que lleva cuenta de todo lo que pensamos, decimos o hacemos.

 

Thomas Carlyle, un famoso pensador, dice: "Tonto, piensas que porque no hay ningún intendente allá para anotar tus palabras, ¿Por eso mueren y están enterradas? Nada muere, nada puede morir. La más ociosa palabra que pronuncies es una semilla sembrada en el tiempo, que produce frutos para toda la eternidad.

 

Similarmente Esquilo, el padre del drama griego en la era pre-cristiana, nos dice:

 

Profunda en el bajo cielo,

la muerte regula los senderos del hombre

con fuerte y severo control;

y no hay nadie que pueda

con fuerza o acto alguno

eludir el vigilante ojo de la muerte,

que todo lo registra.

(De Las Euménides)