MINAS TERRESTRES ANTIPERSONAL: INFIERNO AL RAS DEL SUELO
En momentos en que la atención del mundo se centra en la agenda económica (comercio, inversiones, flujos de capital, servicios), y la lucha contra el terrorismo, los temas vinculados a la carrera armamentista han sido prácticamente relegados al olvido. Sin embargo, pensar que por el sólo hecho de que culminó la guerra fría la carrera armamentista será extirpada de la faz de la tierra es ilusorio. Los países continúan destinando recursos para la defensa, y el nuevo concepto estratégico de naciones como la estadunidense ha llevado a modificar el criterio cuantitativo por el cualitativo, de manera que, por ejemplo, la reducción de tropas ha estado acompañada de la investigación científica y tecnológica que permite contar con sistemas de armamento más precisos y destructivos que visiblemente puedan prescindir del despliegue de grandes contingentes de soldados. Hoy es ampliamente reconocido el hecho de que los sistemas de armamento son cada vez más costosos y reclaman presupuestos que les son entregados en detrimento de los gastos que servirían para mejorar el bienestar de la población mundial.
Mucho se dijo al finalizar la guerra fría, acerca de la relación que podría establecerse entre el desarme y el desarrollo. Empero, los ahorros obtenidos por países como Estados Unidos y Rusia al disminuir su presupuesto de guerra en la década de los 90, han sido reinvertidos en esos mismos países, por lo que, a los ojos de las naciones pobres, no parece que se estén recibiendo beneficios directos en este rubro. Lo que es más, los dividendos de la paz, están siendo destinados para reinvertir en la guerra y en las innovaciones científicas y tecnológicas que permitan desarrollar nuevos sistemas de armamento cada vez más costosos. En suma, el fin de la guerra fría de ninguna manera ha contribuído a la desaparición de los complejos militar-industriales de los países: antes bien, los ha forzado a desarrollar una reconversión industrial.
Así las cosas, cuando se habla del desarme, se presta gran atención a aspectos como los ensayos nucleares, los misiles de alcance corto e intermedio emplazados en Europa y hasta a las armas convencionales que se encuentran en el continente europeo. Curiosamente no se analizan los impactos que sistemas de armas menos sofisticados han tenido en la población mundial, tales como las minas terrestres antipersonal. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 1993, año en que fueron destruídas 100 mil minas terrestres antipersonal en diversos países del mundo, se estima que dos millones de nuevas minas fueron sembradas. Asimismo, se cree que unos 100 millones de minas forman parte de los arsenales de varias naciones .
Desafortunadamente, las minas no han caído en desuso -a la inversa de otros sistemas de armamento- y, por el contrario, en los pasados 20 años se ha producido una proliferación en la siembra de éstos artefactos a fin de aterrorizar a la población civil. Se les emplea, entre otras razones, para negar acceso a la población a sus tierras, a los canales de irrigación, a las plantas generadoras de energía, a las carreteras, provocando hambrunas y obligando a que las personas abandonen sus moradas cuando pueden hacerlo. De hecho, éstas prácticas contravienen los principios del Derecho Internacional Humanitario.
Las minas terrestres antipersonal en el presupuesto bélico mundial
Se calcula, según datos de la Cruz Roja Internacional (CRI) que la producción global de minas terrestres antipersonal tiene un costo anual de 100 millones de dólares, es decir, el 0. 5 por ciento del comercial mundial de armas. En todo el mundo existen minas terrestres antipersonal que son producidas por unas 100 empresas en 52 países. Las minas tienen un precio muy bajo: se cotizan entre 3 y 30 dólares cada una. Ello favorece su empleo y proliferación. Empero, su remoción de los lugares en que se encuentran plantadas oscila entre los 300 y los 1 000 dólares. Se calcula que en el mundo hay alrededor de 119 millones de minas sembradas, y que el costo de su remoción sería de 33 mil millones de dólares (inferior al paquete de rescate financiero que recibió México de parte de EEUU y otros países e instituciones en el primer semestre de 1995 -para mitigar su crisis financiera-, que ascendió a 51 mil millones de dólares). La cifra también equivale a menos de la mitad de los 78 mil millones de dólares que el gobierno de George W. Bush solicitó al Congreso de EEUU para financiar la guerra contra Irak en marzo-abril del 2003. Los expertos afirman que la erradicación de todas las minas del mundo tomaría 1 100 años, y ello si ninguna nueva mina fuera fabricada o almacenada. Asimismo, por cada 5 mil minas que son retiradas y desactivadas, un especialista en este proceso muere y dos más resultan heridos .
Las minas se encuentran emplazadas principalmente en países del Tercer Mundo, destacando los africanos, los centroamericanos, y los asiáticos. En total, son 71 países los que albergan en sus suelos éstas artefactos letales. Su plantación se desarrolla con gran rapidez y se estima que pueden ser colocadas a razón de 1 000 por minuto, si bien a un experto en desactivar minas le toma un día completo limpiar a mano de 20 a 50 metros cuadrados de terreno contaminado .
Una vez sembradas, las minas pueden permanecer activas hasta por 50 años. Ello significa que las minas plantadas en la actualidad estarán matando y mutilando personas a mediados del siglo XXI. Según han documentado diversas agencias humanitarias, en un distrito de Vietnam recientemente han muerto 300 niños, 42 han perdido uno o más miembros y 16 han perdido la vista como resultado de las minas plantadas durante la Guerra de Vietnam .
Hay una mina por cada 48 personas que habitan en el mundo, o bien, una mina por cada 16 niños en el planeta. Existen casos de países cuyos suelos están literalmente infestados de minas, como es el caso de Afganistán (con 10 millones), Angola (15 millones, que con una población que también asciende a 15 millones guarda la proporción de una mina por cada habitante), Bosnia-Herzegovina (hay cálculos que estiman entre 3 y 6 millones el total de éstas trampas explosivas), Cambodia (10 millones), Croacia (3 millones), Eritrea (1 millón), Irak (en la zona del Kurdistán, 10 millones), Mozambique (3 millones), Somalia (1 millón), Sudán (1 millón) y Vietnam (3 millones y medio). La primera y la segunda guerras del Golfo Pérsico ha traído aparejados el sembrado y/o emplezamiento de minas terrestres antipersonal, antivehículo y acuáticas. De ahí que el gobierno de Estados Unidos, con movito de las incursioneds bélicas efectuadas en Irak, utilizara delfines para la detección de minas acuáticas en una acción ampliamente repudiada por organismos de carácter humanitario y defensoras de los derechos de los animales.
Se calcula que en lo pasados 55 años, las minas terrrestres antipersonal han causado más muertes y lesionados que cualquiera de las armas químicas y nucleares combinadas usadas en ese período. Alrededor de 800 personas mueren cada mes y otras 1 200 son lesionadas a causa de las minas terrestres antipersonal. Es decir que cada 20 minutos, una persona en el mundo muere o es mutilada por la acción de las minas. La mayor parte de las víctimas son civiles (niños, especialmente), quienes mueren o son mutilados incluso muchos años después de que hayan culminado los conflictos armados.
¿Qué es una mina terrestre antipersonal?
La definición legal que hay de las minas es la siguiente: se trata de una munición colocada bajo o cerca del terreno u otra superficie y que ha sido pensada para explotar ante la presencia, proximidad o contacto con una persona o vehículo. De hecho, hay tres características que distinguen a las minas de cualquier otro tipo de armas o municiones. La primera es que son diseñadas para ser detonadas por la víctima, en tanto la mayor parte de las armas son pensadas para ser disparadas y emplazadas por los soldados o los victimarios. En segundo lugar, las minas son armas de acción postergada, y tienen efectos indiscriminados, ya que bien pueden matar combatientes o civiles aun cuando el conflicto haya terminado, en tanto que las municiones estallan con el impacto en el mismo momento. En tercer lugar, las minas se mantienen ocultas por años, ya sea que estén plantadas o cubiertas por arena, basura o vegetación. La mayor parte de los campos minados son difíciles de distinguir desde los alrededores.
Las minas son, al decir de un general del Khmer Rouge, “el soldado perfecto”, ya que siempre están preparadas, nunca fallan y nunca duermen. De hecho se trata de una especie de “soldado mecánico” que no necesita ser alimentado, que no es desobediente ni cuestiona órdenes y siempre produce resultados .
El derecho internacional y las minas
Existen dos fuentes principales en el derecho internacional que intentan regular el uso de minas terrestres antipersonal. La primera corresponde al derecho internacional humanitario, que desde el siglo XIX ha sido motivo de actualizaciones. Sus disposiciones pueden resumirse en los siguientes términos: a) las partes en conflicto deben distinguir siempre entre los civiles y los combatientes. Los civiles no deben ser directamente atacados y se prohiben los ataques indiscriminados y el uso de armas también en forma indiscriminada contra objetivos civiles; y b) se prohibe el uso de armas que causan sufrimiento innecesario. Por lo tanto, el uso de armas cuyos efectos dañinos son desproporcionados respecto a sus fines bélicos, está prohibido.
La característica de éstas disposiciones del derecho internacional humanitario es que son de aplicación general, es decir que, se espera que las partes en conflicto las respeten. Desafortunadamente el siglo XX ha sido testigo de ataques contra objetivos civiles en proporciones nunca antes vistas en la historia de la humanidad. Los atacantes privilegian los objetivos civiles ya que se confía que por ese medio podría perder legitimidad el gobierno enemigo, por lo que el conflicto podría resolverse de manera rápida. Así, en la práctica, el derecho internacional humanitario es ampliamente ignorado.
El segundo instrumento jurídico que se refiere al uso de minas es la Convención sobre la prohibición o restricción en el uso de ciertas armas convencionales que pueden ser excesivamente dañinas o que tienen efectos indiscriminados de las Naciones Unidas, también conocida como Convención sobre ciertas armas convencionales de 1980 (CAC). El Protocolo II de este tratado, que fue adoptado el 3 de mayo de 1996 en la conferencia revisora de los Estados partes de la CAC se denomina Protocolo sobre la prohibición y la restricción en el uso de minas, trampas explosivas y otros artefactos. Dicho protocolo establece, entre otras disposiciones, que las minas deben ser dirigidas únicamente a objetivos militares; que deben ser desmanteladas por quienes las plantaron; que deben mantenerse registros acerca de la localización de los campos minados; todas las minas deben ser detectables a efecto de facilitar su ubicación y desmantelamiento; se prohibe la transferencia de minas no detectables; las minas de larga vida sólo deben ser usadas en campos minados marcados, resguardados y cercados ; las minas emplazadas fuera de áreas marcadas, resguardadas y cercadas deben ser auto-destruíbles en 30 días (con una confiabilidad del 90 por ciento) y autodesactivadas en los siguientes 120 días (99. 9 por ciento de confiabilidad); las minas detonables a control remoto no deben ser usadas a menos que su ubicación sea registrada adecuadamente o bien que cuenten con un mecanismo neutralizador; la Cruz Roja, la Media Luna Roja y otras organizaciones humanitarias deben recibir protección y a los jefes de sus misiones se les debe proporcionar información acerca de los campos minados y de las rutas más seguras, y, en ciertos casos, debe crearse una ruta en áreas minadas para garantizar el acceso a las víctimas; los Estados deben crear legislaciones en materia penal para castigar las violaciones al protocolo; y se llevarán a cabo consultas entre las partes del Protocolo para revisar su desenvolvimiento cada año .
Empero, aun cuando las disposiciones del Protocolo resultaban ventajosas para los países que producen y siembran minas, no han sido respetadas, dadas las reservas de éstos artefactos calculadas en 100 millones en los arsenales de diversas naciones (los de Rusia, EEUU y la República Popular China, por citar sólo algunos casos). De ahí que se hiciera necesario desarrollar el Proceso de Ottawa a fin de buscar la proscripción de éstos artefactos letales. El Proceso de Ottawa fue desarrollado a instancias del gobierno de Canadá y de la coalición integrada por diversos organismos no gubernamentales que en el año de 1997 recibió el Premio Nobel de la Paz. Del Proceso de Ottawa deriva la convención que prohíbe la fabricación, el emplezamiento y el almacenamiento de los letales artefactos. Asimismo, dispone el desmantelamiento de las minas activas que se encuentran sembradas en el planeta. Ciertamente una de las deficiencias de la convención es que sólo se aplica a las minas terrestres antipersonal, no a las antivehículo.
Hay naciones que, como Estados Unidos, persisten en la fabricación de minas, con una modalidad nueva. Se trata de artefactos “inteligentes” de "nueva generación" capaces de autodestruirse o desactivarse al transcurrir un determinado tiempo. Claro está que el deseo de otras naciones, principalmente las subdesarrolladas, es que se logre una prohibición total de las minas, tanto de las “inteligentes” como de las “tontas” y es aquí donde las opiniones se polarizan, ya que no todos los Estados están dispuestos a apoyar una iniciativa en ese sentido.
Efectos de las minas en los niños
Los niños, entre la población civil, posiblemente constituyen el sector más vulnerable a las minas. Acostumbrados a jugar, muchos infantes se han tropezado con terrenos minados que si no les provocan la muerte, pueden llevarlos a la ceguera o a la pérdida de brazos y piernas. Para los niños (o incluso adultos) que no saben leer ni escribir, las señales que destacan la existencia de minas en una región determinada, pueden pasar inadvertidas. Lo que es más: las minas no distinguen entre los pies de un soldado o los de un niño jugando: simplemente estallan y provocan un daño permanente e irreparable para toda la vida de las personas.
Los especialistas acotan que uno de los elementos que impide que las minas sean correctamente identificadas, es la existencia de una gran variedad de las mismas. Al respecto convendría señalar que se conocen alrededor de 700 tipos distintos de minas. Algunas son más sofisticadas que otras, si bien su efecto letal es similar. A grandes rasgos existen dos tipos de minas: las de explosión y las de fragmentación. Las minas de explosión tienen menos de 10 centímetros de diámetro y se activan con el peso de un pie. Las minas de fragmentación saltan al aire al explotar, desplegando fragmentos en cierta área. Otras minas de fragmentación incluyen a la “Claymore” de manufactura estadunidense, que se activa con un cordón y que proyecta fragmentos de metal contra la víctima. En el caso de los niños, hay una mina que especialmente les gusta: la PFM-1 soviética, usada ampliamente en la invasión de la URSS a Afganistán. La PFM -1, popularmente denominada “mina mariposa”, cabe en la palma de una mano infantil y la razón de que atraiga el interés de los infantes es por su forma, dado que muchos la confunden con un juguete. Esta bomba también ha sido producida con colores vistosos como el café, el verde y el blanco. Dado que se trata de un explosivo sensible a cualquier contacto, sus efectos incluyen ceguera o pérdida de brazos u otros miembros. También otras minas atraen la curiosidad de los niños. En el norte de Irak, los infantes kurdos han usado minas de forma redonda como ruedas para sus carritos de juguete, en tanto en Cambodia, los niños emplean minas B40 para jugar a los “quemados”.
Según el Fondo de las Naciones Unidas para la INfancia (UNICEF), de las más de 20 mil personas que han padecido la mutilación de algún miembro en Angola, la mayor parte corresponde a mujeres y niños afectados por las minas. De 70 mil personas que han experimentado amputaciones, 8 mil son niños. Desde mayo de 1995 los niños han representado la mita de las víctimas de unas 50 mil a 100 mil minas sembradas en Ruanda. En El Salvador, el 75 por ciento de los lesionados o muertos fueron niños. Lo más paradójico es que buena parte de esas minas fueron plantadas cuando sus jóvenes víctimas ni siquiera habían nacido. El UNICEF destaca que los cuerpos de los niños son más frágiles y vulnerables que los de los adultos, hecho que los torna proclives a padecer un gran daño si no es que la muerte cuando las minas estallan.
La pregunta obligada es: si las minas causan tantos daños al género humano, ¿por qué se siguen fabricando y sembrando? Aparentemente hay una gama de intereses económicos y políticos involucrados en ésta dinámica. Como ya se explicaba anteriormente, las minas constituyen artefactos bélicos muy baratos, ampliamente disponibles en sus diversas formas y ello las hace redituables en una era de presupuestos militares en proceso de reestructuración y, en muchos casos, de disminución. Muchos de los fabricantes de minas incluyen a empresas que cuentan con el reconocimiento social por la producción de bienes y servicios para la esfera civil, por ejemplo el consorcio Motorola, por lo que el UNICEF y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se encuentran desarrollando actualmente una campaña a fin de boicotear a dichas empresas, en el ánimo de obligarlas a suspender la elaboración de éstas trampas explosivas.
¿Qué hacer en torno al problema?
Tal y como han venido operando, las minas terrestres antipersonal constituyen un verdadero crimen contra la humanidad. Siendo sus efectos indiscriminados, siguen afectando mayoritariamente a la población civil y a los infantes en particular, sobre todo en las naciones en desarrollo, donde escasean los recursos para limpiar las tierras minadas, o bien para desarrollar campañas que adviertan a los habitantes el peligro que enfrentan ante la presencia de minas.
Curiosamente los países que más se han esmerado en desarrollar cursos y divulgar medidas para evitar el daño que las minas pueden ocasionar a sus nacionales, son los más industrializados, responsables, en la mayor parte de los casos, de haber sembrado esos artefactos en el Tercer Mundo. Dado que el costo de desmantelamiento y desactivación de las minas es alto, los países en desarrollo no cuentan con recursos materiales para su erradicación, en tanto las naciones desarrolladas no han cumplido su parte, de limpiar los terrenos que ellas mismas contaminaron.
Así, el Proceso de Ottawa puede hacer muy poco para reparar el daño provocado a millones de seres humanos en todo el mundo por la acción de las minas antipersonales. Sin embargo, puede ayudar a las generaciones actuales y futuras a proscribir un sistema de armamento que es altamente letal. Dado que la ONU cuenta con 191 miembros, es claro que hay mucho trabajo por hacer, sobre todo ante las ausencias más sensibles en el Proceso de Ottawa como son Estados Unidos, la Federación Rusa, la República Popular China y los Estados del Medio Oriente que como Irak y Egipto albergan en su seno varios millones de minas. Hoy por hoy 119 millones de minas se encuentran a los pies de la humanidad, más no a su servicio, sino en contra de la supervivencia de la sociedad internacional. De la voluntad política de las naciones dependerá que esos campos de la muerte se transformen en zonas agrícolas, ganaderas, pesqueras y comerciales prósperas, donde la reconciliación nacional predomine en beneficio de la humanidad.
Por María Cristina Rosas
Una
versión preliminar de éste artículo fue publicada
por primera vez en
el semanario etcétera, no. 233, del 17 de julio de
1997, pp. 22-25.
Visite también las siguientes páginas electrónicas que contienen mayor información sobre la problemática de las minas terrestres antipersonal:
Almanaque internacional sobre las minas terrestres antipersonal
Campaña Internacional para Proscribir las Minas Terrestres Antipersonal
Comité Internacional de la Cruz Roja
Curso de entrenamiento para lidiar con las minas terrestres antipersonal
Fondo de las
Naciones Unidas para la Infancia
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