PEQUEÑAS ARMAS NUCLEARES
Mientras la
atención de la opinión pública mundial se vuelca a
la proliferación de armas
químicas y biológicas, las armas nucleares, que probaron
su letalidad en los
bombardeos de EEUU sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki
en
agosto de 1945, no son motivo de mayor escrutinio. Ello es preocupante
considerando que para el año fiscal correspondiente a 2004, el
Congreso de
Estados Unidos aprobó, en el rubro de la defensa, alrededor de 6
mil 500
millones de dólares para los programas nucleares del
país. De ellos, 15
millones de dólares están destinados al estudio, por
segundo año consecutivo,
de un sistema que penetraría el subsuelo y detonaría una
carga nuclear no mayor
a 5 kilotones en aras de destruir objetivos militares
subterráneos de países
enemigos. El programa se denomina robust
nuclear earth penetrator (RNEP) e intenta sustituir a las bombas
convencionales como las GBU-28 que EEUU utilizó en las guerras
contra
Afganistán e Irak.
Los
defensores
del RNEP postulan que estos mini-nukes
son requeridos para atacar objetivos en el subsuelo que los adversarios
potenciales están construyendo, generalmente para ocultar y/o
proteger sus
programas de armas de destrucción en masa. Asimismo argumentan
que el RNEP
evitaría que los llamados Estados
bribones (rogue states)
utilizaran armas de destrucción en masa e inclusive, que
sería un desestímulo
para que esas naciones desarrollaran armas de ese tipo.
Estos
postulados
son erróneos. En primer lugar, el RNEP dañaría
quizá de manera irreversible el
régimen de no-proliferación de armas nucleares existente.
Los países atacados
con armas nucleares por Estados Unidos –e inclusive otras naciones-
tratarían
de acelerar la posesión de esos sistemas de armamento, inclusive
con vistas a
dar un primer golpe. Aun en el caso
de que esos países carecieran de los sistemas balísticos
para perpetrar
directamente un ataque contra el territorio de Estados Unidos, existe
la opción
de asociarse con una red terrorista, lo cual alentaría las
alianzas de ciertos
regímenes con organizaciones terroristas.
Pese
a las
visibles desventajas del RNEP, todo parece indicar que el proyecto
será
realizado. En febrero de 2003, el Secretario de Defensa de EEUU, Donald
Rumsfeld mencionó lo siguiente en una audiencia ante el Senado
de su país: “El
mundo está experimentando una gran cantidad de actividades
subterráneas; las
actividades subterráneas son para fabricar, desarrollar y
almacenar. Y el
problema de no poderlas ver, y una vez que las vemos, no poder penetrar
a ellas
[y destruirlas], crea un serio obstáculo a la seguridad nacional
de Estados
Unidos. Y en la medida en que nosotros ni siquiera nos hagamos a la
idea de
estudiar un sistema de penetración, logramos que las personas
que se involucran
en esas actividades subterráneas nos ganen la partida. Creo que
[sin el RNEP]
estaríamos forjando incentivos [en ellos]…”
Tres
“pequeños” RNEP podrían causar el mismo daño y
número de víctimas que las
bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki, sin dejar
de lado que por
ser ataques subterráneos, contaminarían los mantos
freáticos e inutilizarían
las tierras para los cultivos y otras actividades económicas por
obra de las emanaciones
radiactivas que mantienen su letalidad por millones de años.
Pero lo más grave
es que éste es un nuevo sistema de arsenales nucleares desde el
fin de la
guerra fría, que podría desencadenar una nueva carrera
armamentista y una
escalada de las actividades terroristas de parte de quienes,
sabiéndose
vulnerables, intentarían enfrentar de manera “no-convencional” a
Estados
Unidos.
Por María Cristina Rosas

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