"Por eso, cuando presentes una ofrenda al altar,
si recuerdas allí que tu hermano tiene alguna queja
en contra tuya, deja ahí tu ofrenda ante el altar,
anda primero a hacer las paces con tu hermano
y entonces vuelve a presentarla": Mt
5,23-24.
"Pónganse
entonces el vestido nuevo,
como conviene a los elegidos de Dios,
por ser sus santos muy queridos.
Revístanse de sentimientos de tierna compasión,
de bondad, de humildad, de mansedumbre,
de paciencia. Sopórtenese y perdóenense
unos a otros, si uno tiene motivo de queja
contra otro. Como el Señor los perdonó,
a su vez, hagan lo mismo": Col
3, 12-13.
"En
cambio, si nuestra vida es Luz, estamos
en comunión unos con otros, y la sangre de Jesús,
Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado.
Si decimos: 'Nosotros no tenemos pecado
nos engañamos a nosotros mismos;
y la Verdad no está en nosotros.
Si confesamos nuestros pecados,
él, por ser fiel y justo, nos perdonará
nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad":
1Jn 1,7-9.