"El
que esté enfermo, que llame a los presbíteros
de la Iglesia para que rueguen por él,
ungiéndolo con aceite en nombre del Señor.
La oración hecha con fe salvará al enfermo;
el Señor lo levantará y, si ha cometido pecados,
le serán perdonados":
St 5, 14-15.
"En
efecto, la Palabra de Dios es viva y eficaz,
más penetrante que espada de doble filo.
Penetra hasta la raíz del alma y del espíritu,
sondeando los huesos
y los tuétanos para probar los deseos
y los pensamientos más íntimos": Heb
4, 12.
"El
mismo subiendo a la cruz cargó
con nuestros pecados para que muertos
a nuestros pecados, empecemos una vida santa.
Y por sus llagas fueron ustedes sanados": 1Pe
2, 24.
"Ha
sido tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías
y
aplastado por nuestros pecados.
El soportó el casigo que nos trae la paz
y por sus llagas hemos sido sanados": Is
53, 5.