Para una teoría del actor en las ciencias sociales

Problemática de la relación entre estructura y “agency

 

Ficha teórica preparada
 por Gilberto Giménez

 

Las ciencias sociales tienden a oscilar entre una teoría del sujeto y una teoría del agente. La primera postula el primado del individuo como motor de toda acción (v.g. el individualismo metodológico). Por consiguiente, lo esencial de lo que ocurre en la sociedad se explica por fuerzas psicológicas inherentes al individuo. La teoría del agente defiende la posición inversa: sólo cuentan las estructuras sociales (entendidas en sentido amplio). Éstas constituirían factores poderosos que determinan la producción de la sociedad bajo todos sus aspectos. Los individuos y los grupos no serían más que la expresión de fuerzas sociales estructuradas a nivel macro, prácticamente sin margen de libertad. Serían como marionetas que se comportan estrictamente en función de un escenario socio-cultural y sociopolítico, así como también de un sistema dado de aparatos socio-económicos. Esta manera de ver las cosas puede encontrarse en el marxismo mecanicista y en el sistemismo de tipo Luhman.

Ninguna de las dos teorías resultan pertinentes frente al amplio hábeas de conocimientos producidos por las ciencias sociales. De aquí la necesidad de elaborar una teoría del actor social, en contraposición con las teorías precedentes. Un actor puede ser un individuo, una red de sociabilidad, un grupo, un colectivo (en el sentido de Merton) o una sociedad. Todos estos tipos se imbrican: un individuo puede actuar en función de su especificidad idiosincrática, pero también como representante de diversos grupos o de su sociedad. Estas pertenencias múltiples también definen, de modo fundamental, su especificidad, o de modo más preciso, su identidad social (G. Simmel).

Hay que reconocer, por supuesto, la existencia de una estructura social que genera una gran pluralidad de unidades de acción, es decir, de actores sociales. Pero esta estructura no es comparable con una vasta máquina, cuyos elementos serían órganos o engranajes bien aceitados que funcionan según una lógica de conjunto. La “máquina social” comprende siempre una pluralidad de subsistemas sólo parcialmente ajustados entre sí, lo que explica la posibilidad de cambio social (y también su posible retardo). Por esta razón las unidades de acción que son los actores individuales y colectivos en interacción dentro del sistema de relaciones sociales, disponen de un margen, a veces importante, de posibilidades de acción. Es decir, disponen de cierto grado de autonomía, lo que a su vez implica una identidad. Por lo tanto, el actor social se define ciertamente por su posición en la estructura social (o “espacio social”, como diría Bourdieu); participa de las normas, reglas y funciones de los procesos sociales; toma parte en los dramas de la historia, así como también en la producción y dirección de la sociedad. Pero todo ello con cierto margen de posibilidades de acción que le es propio y que jamás responden exactamente a determinaciones estructurales. Como señala Alain Tourraine, hay que  rechazar vigorosamente la reducción del sistema al actor, o a la inversa, del actor al sistema (“escenarios sociales vacíos, sin actores”). Y hay que rechazar con el mismo vigor la separación entre ambos polos, es decir, entre estructura y actor. En resumen: el actor social se halla situado siempre en “algún lugar entre el determinismo y la libertad”.

El actor se define, entonces, por su posición en la estructura social, y ésta, a su vez, nunca puede ser reducida a una sola dimensión, por ejemplo, solamente a las relaciones de clase. Además, el actor cuenta con recursos muy diversos como riquezas, una profesión, determinado potencial socio-cultural, poder político y socioeconómico, relaciones interpersonales, etc. Estos recursos, que varían según los actores, desempeñan un papel considerable en la dinámica social. Sin embargo, los actores que ocupan la misma posición en la estructuración social no utilizan sus recursos de la misma manera. La identidad y los proyectos desempeñan un papel decisivo en la utilización diferencial de tales recursos. Ahora bien, tanto la identidad como los proyectos son construidos por el actor (en interacción con otros actores) y esta construcción, que se inscribe frecuentemente en el ámbito de las representaciones, genera a su vez, diferentes prácticas en la medida en que el actor puede manipular las relaciones de poder en su beneficio. Recordemos la frase de Bourdieu: “el mundo social es también la representación y voluntad, y existir socialmente equivale también a ser percibido, y por cierto a ser percibido como distinto”.