Escenas primera y última de:

La Madriguera

Obra en tres actos

PERSONAJES:

PEDRO: Hombre de más de cincuenta años, de aspecto sencillo, jefe de tramoya.

JOSEFO: Hombre de modales suaves, casi afeminados. Aproximadamente de la misma edad de Pedro.

SANJUANA: Mujer de extracción humilde. Alrededor de cuarenta años.

CUATRO TRAMOYISTAS: Ayudantes de Pedro. Jóvenes de aspecto que fluctúa entre chavos banda y obreros. (En la escenificación, el director, a criterio, puede utilizar sobrenombres -de acuerdo a las características físicas de los actores- para estos personajes y usarlos como apelativo, a discreción, a lo largo de la obra).

PROSTITUTA: De aproximadamente veinticinco años. Pálida y delgada. Más bien fea. Con maquillaje exagerado.

 

Primer acto.

Escena I.

 

(Al comenzar la obra, se encuentra el telón levantado. Se trata de que el público, al ir llegando al teatro, vea el escenario con luz de trabajo, desnudo. Como único elemento y cubriendo todo el fondo, se halla un telón de boca visto por el revés. Poco a poco, a lo largo de las primeras escenas, deber  irse desarrollando la luz escénica. Época actual. Entra Pedro y se detiene apenas ha dado unos pasos. Mira todo el escenario. Hace un gesto cansado y, despacio, cruza. Parece como si buscara algo. Indeciso, regresa al centro de la escena y se pone de cuclillas. Luego se sienta con las piernas abiertas y las palmas apoyadas en el piso. Finalmente se acuesta con brazos y piernas extendidas. Pausa. Por donde antes entró Pedro, aparece Josefo procurando no hacer ruido. Rodea a Pedro mirándolo con absoluta curiosidad. Se acuclilla y le habla.)

JOSEFO (Con voz normal): No me esperaste (Silencio). No hay pedo, ya sabes que no hay pedo. Pero ¿para qué me hiciste ir hasta La Raza? (Silencio). Me costó mucho trabajo conseguir el carro y luego estacionarlo y luego buscar esa unidad y luego que llego y que ya te habías ido, que acababas de salir, que si me apuraba te podía alcanzar. Se portó amable la enfermera. Hasta ni parecía del Seguro. Y ahí me tienes hecho tu baboso por todos los corredores del hospital: que si no han visto a un señor de estas señas y estas otras. Y no, nadie te había visto. Y si alguien te vio, de seguro ni se fijó en ti. Tienes la misma traza que los del montón. (Silencio). Bueno, la verdad es que no te busqué mucho. Me dije que ya te habrías ido y que si no, ni modo: Ahí te dejaba y te chingabas. Para qué te andas haciendo el interesante. (Silencio). Vine acá lo más rápido que pude. Es más seguro hallarte aquí que en tu casa. Bueno, esta es tu casa ¿no? Tú lo has dicho. Aquel otro cuchitril es para que ni digan... ¿cómo dices? Ah, sí: para que no digan que no tienes ni en donde te laven los calzones. (Transición). Y la verdad es que no tienes en donde te los laven. Porque en esa casa lo que menos sucede es que se laven calzones. A menos que se aparezca esa señora, Sanjuis que tú le dices, a quien te agenciaste Dios sabe dónde. Ella sí te pone en orden la casa, aunque de nada te sirva. Creo que hasta te baña. (Silencio). Pedro. (Silencio). Oye... ahora sí ya me preocupé. De seguro te dijeron algo feo. Estás más apagado que nunca. ¿Qué te dijeron allá? ¿Ah? ¿Qué te pudieron haber dicho? (Pedro levanta un brazo y apunta hacia arriba. Josefo lo mira con interés y sigue la dirección que señala.)

PEDRO (Habla despacio): Tantos años metido aquí y no haber visto nunca con cuidado el techo. Tanto andar allá arriba y nunca haber visto desde acá donde es que uno anda. Mira: los varales recortados contra el techo y luego los contrapesos a los lados y esas diablas de allá, parecen una campamocha. Y más acá, casi, casi se dibuja una araña. Y luego el paso de gato: parece el cuerpo de un escorpión...

JOSEFO (Después de una pausa): No me digas que fue algo que te inyectaron en el hospital...

PEDRO: Fíjate, fíjate allá ¿Qué parece?

JOSEFO: Yo qué sé. Esto lo hacía con las nubes y cuando era niño...

PEDRO: Ya lo sé, ya lo sé. El maestrísimo Liera decía que los niños que de adultos serían buenas personas, veían en las nubes angelitos petacones y esas cosas, pero los que serían artistas no podrían ver más que alebrijes. (Pausa). Me imagino que con esto debe ser lo mismo: las buenas gentes sólo ven maquinaria teatral donde hay maquinaria teatral. (Pausa). Inténtalo, Josefo. Dime: ¿qué ves allá, en aquel rincón?.

JOSEFO (Cayendo en el juego): Bueno, yo diría que es una hormigota.

PEDRO: ¡Claro! Esos focos y esas cuerdas son una hormiga. (Pausa). En algún lugar leí que los insectos serán los únicos que resistirán la guerra atómica. ¿Y sabes? Para su tamaño tienen una fuerza chingonota. Además, lo que los cubre es su esqueleto. Tienen los huesos por fuera. ¿Te imaginas cómo te verías tú con tus huesitos a la luz del día? (Josefo lo mira cada vez con mayor asombro). Ahora que veo con calma todo el teatro, encuentro insectos grandotes por todos lados. Podríamos empezar a armas un rompecabezas: a ver cuántos insectos podemos formar y luego cuántos podemos encontrar ya formados y luego ordenarlos... (Pausa. Transición). No me fue bien, Josefo. (Pausa larga). Me cae que no me fue bien. Tengo... que dejar el trago y las comilonas. ¿Te imaginas Josefito? Ya no vas a poder invitarme. Me lleva la jodida... ¡Me lleva la jodida! (Silencio). A dieta. Voy a estar a estricta dieta hasta que me muera. Por lo menos si no quiero acabar rápido y de mala manera. ¡Qué chinga! Toda la vida luchando con el pinche complejo de que si era alcohólico o no, y cuando finalmente hallo el justo medio, se acabó. Porque tú lo sabes bien, Josefo: yo no soy alcohólico. Soy un buen bebedor. Ni siquiera a borracho llego. Tengo una decencia que no me lo permite. ¿Y para que tantos putos escrúpulos? Ahora estoy peor que si la vida entera me la hubiera pasado en el desmadre. (Pausa). No se vale, carajo, no se vale. (Pedro ya se ha levantado y Josefo intenta abrazarlo de lado, pero aquél, con tranquilidad, le retira el brazo:) Ni pedo Josefo. Aquí sí voy solo. Total: siempre he andado así. Nada más tú que luego te me acercas y una que otra vieja que se hace las ilusiones. (Pausa). Fíjate que el otro día me dijeron que yo era como un coyote doméstico... Bueno, que todos los tramoyos éramos unos coyotes, sólo que medio domesticados. Me gustó. Fue en la peda de las cien representaciones. Me gustó que la Irma me dijera que yo era un coyote domado. Luego me dio razones de por qué me decía así. O por qué nos veía así. Yo ni la escuché. Estaba feliz con lo que me había dicho. Me quedé como mascándolo.

JOSEFO: ¿Por qué no escribes tu biografía y le pones ese título? "El coyote doméstico".

PEDRO: No, eso tendría que hacerlo alguien como tú, alguien que de verdad me quiera. (Pausa). Además, con ese título se la pasarían albureándome. (Pausa). Y no vale la pena escribir mi vida, no hay nada qué decir de mí. Te lo digo porque he visto hartas obras de teatro y todas... o casi todas, son de vidas en verdad chingonas. (Pausa. Transición). ¿Sabes Josefo? Como que yo ya me imaginaba lo que tenía.

JOSEFO (Que algo ha comprendido): Yo ni me lo quiero imaginar.

PEDRO (Después de una pausa y con evidente afecto): Josefo, oiga mi Josafat: déjeme solo ¿quiere?

(Josefo hace un gesto dubitativo, luego se encoge de hombros, suspira y sale. Pedro camina un poco por el escenario, despacio. Sale por el fondo. Oscuro).

 

 

 

Escena XI.

(Se ilumina la escena con luz de trabajo. Aparece Pedro caminando despacio. Un poco encorvado. A intervalos y en voz baja, estará canturreando: "Pobrecito coyotito/que murió en su madriguera./Las gallinas le llevaron/una flor de la pradera". Pedro mira la luz. No le satisface. Sale. Se modifica la iluminación: se apaga la luz de trabajo y se enciende parte de la escénica. Aparece otra vez Pedro. No le acaba de gustar. Sale y modifica nuevamente la iluminación. Regresa y aprueba. Camina hasta situarse en el centro de la escena. Contempla la escenografía. Luego la palpa, casi la acaricia. Percibe un clavo un poco salido. Regresa con un martillo. Ajusta bien el clavo con unos golpes leves. Camina hacia otra parte de la escenografía: percibe algo. Sale. Regresa ahora con un botecito de pintura y una brocha pequeña. Da unos toques de color. Vuelve a situarse en el centro de la escena. Mira satisfecho su entorno. Se oyen unos golpes en el portón. Pedro sale. Hablan en off:)

VOZ PEDRO: ¿Quién es?

VOZ DE MUCHACHO: Le traigo lo que pidió, señor.

VOZ PEDRO: Ah, sí. Gracias. (Pausa). Déjalo en el piso.

VOZ DE MUCHACHO: ¿Quiere que le ayude a sacar todo?

VOZ PEDRO: No te molestes. Yo lo acomodo luego.

VOZ DE MUCHACHO: Gracias, señor.

PEDRO: Ándale, que te vaya bien.

(Vuelve a aparecer Pedro en escena, satisfecho, feliz. Trae consigo unos burros de madera. Los coloca simétricamente en el centro. Sale. Regresa con un tablón que coloca sobre burros. También trae un lienzo blanco con el cual cubre el tablón. Lo alisa muy bien. Observa un momento. No le gusta la luz. Mira hacia arriba y sale. Regresa con una escalera de tijera. Aparta con cuidado el lienzo, el tablón y los burros, y acomoda la escalera. Mueve algunos reflectores. Baja. Le satisface la iluminación. Saca la escalera y vuelve a acomodar todo. Observa complacido. Sale. Regresa con una caja grande. La deja en el centro de la escena y sale. Regresa con otra caja más chica de la que saca una canasta pequeña con dulces mexicanos, que coloca sobre lo que ya es una mesa. Saca y acomoda también un tarro y una copa tequilera, un juego de cubiertos y un juego de loza. De la caja grande saca una botella de tequila y un six-pack de cervezas que se ven sudadas. Las mira y sale. Regresa con una cubeta y una bolsa de hielos. Acomoda las cervezas en la cubeta con los hielos. De la primera caja saca unos platones y de la segunda varios recipientes térmicos que contienen garnachas, guacamole, tacos, tortillas, carnitas, etc. Va acomodando todo en los platones. Cuando termina se frota las manos, regocijado. Toma distancia. Ve el montaje que ha hecho. Le complace. Sale y coloca, en el sonido del teatro, una pista con la canción "El Rey" de José Alfredo Jiménez. Regresa con una silla, se sienta a la mesa, de espaldas al público. Destapa la botella de tequila y se sirve. Destapa una cerveza y la comienza a vaciar en el tarro. Lo piensa mejor y le da un trago a pico de botella. Deja el tarro de lado. Hace una pausa. Ve al fondo de la escena. Está el telón de boca cerrado, visto por detrás. Sale. Fuera de escena suena el tubo golpeado con un martillo y con apresuramiento. A través del sonido del teatro se oye la voz de Pedro, conservando la música de fondo:)

PEDRO (En off): Su atención, por favor, su atención. Esta es la tercera llamada, tercera llamada, tercera. Empezamos, empezamos.

(Se abre el telón de fondo. Hay un gran espejo. Regresa Pedro. La actitud ha cambiado ostensiblemente: ahora está actuando. Se sienta. Levanta la copa de tequila y brinda contra el espejo, donde se refleja el público. Comienza a comer con muchísima parsimonia, dando tragos regulares a la cerveza y al tequila. Oscuro muy lento.)

Fin de la obra.


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