Vivir de/por la memoria: el deseo de contar como estrategia narrativa en la narrativa de Alejandro Sandoval Ávila.

Manuel F.  Medina

Dept.  Of Classical and Modern Languages

The University of Louisville

Louisville, KY 40292

 

Alejandro Sandoval Ávila (Aguascalientes, 1957) se inicia como poeta y antes de publicar La justa fatiga su primera novela ya había obtenido muchas distinciones. Su incursión en la narrativa ha originado la trilogía de novelas La justa fatiga (1985), Piel de hormiga (1992) y Playas del Este (1997).   Estas tres obras versan sobre personajes que cuentan sus historias con diferentes fines.   El deseo de narrar para así vivir constituye lo que mueve, alimenta, estructura y sostiene a Piel de hormiga, novela en que el deseo de narrar una historia o historias constituye la fuerza motriz de los personajes que la componen.   En Playas del Este el protagonista y voz narrativa principal trata de entender su vida como estudiante universitario en la Cuba de Castro.  Las tres novelas presentan personajes enlazados intertextualmente a través de los hilos narrativos de la memoria.   Entregan las historias de tres generaciones, la abuela en La justa fatiga, una de sus hijas en Piel de hormiga y su nieto en Playas del Este.

 

Por su empleo de la memoria, el afán de narrar para simplemente contar simplemente y el uso de la provincia como espacio narrativo, las novelas de Alejandro Sandoval Ávila poseen características que muchos críticos notan en la novela mexicana de los ochenta. Federico Patán cita la fragmentación del récit como una de las estrategias narrativas más empleadas en este periodo. John Brushwood respalda la visión de Patán, pero al igual que otros críticos notan un movimiento radical hacia el empleo de técnicas tradicionales de contar: A return  to storytelling with narrative strategies simpler than those to which we have been accustomed. Danny Anderson incluso califica la narrativa reciente como neo-realista en una alusión obvia a las estrategias narrativas de la  novela decimonónica y explica que la tendencia actual de emplear técnicas tradicionales obedece a una transformación de presentar la realidad, que se la expone de una manera parcial o incompleta. Ignacio Trejo Fuentes, Alice Reckley y Brushwood notan la inclusión de lugares de provincia como escenarios de muchas de las novelas que se publican recientemente.

 

La justa fatiga

 

La justa fatiga toma lugar en la provincia, en Aguascalientes y respecto a las técnicas narrativas que mencionan los críticos se puede colocar en un lugar intermedio entre el uso de experimentación técnica y el de técnicas tradicionales de contar. Emplea magistralmente fragmentación cronológica, y espacial,  focalización múltiple y frecuentes cambios de voces narrativas que contribuyen a que disfrutemos de la experiencia estética de la lectura.  Narra la historia de un personaje que se presenta con cuatro nombres diferentes, representativos de correspondientes etapas de su vida: de niña se la conoce como Purísima Concepción de la Soledad o la niña Soledad; de su época como esposa (de mala gana) de un ferrocarrilero hereda el nombre de la joven Pura; cuando se convierte en amante y luego esposa legítima de un ferrocarrilero la novela la muestra como la comadre Coni Fanales, y finalmente en su periodo como mujer independiente y abuela, se la llama Mi Lala.   La narración se inicia cuando Máximo Atencio Mimbrera, vuelve a casa y se sienta a escuchar las historias que le narra su abuela.   El título de la novela La justa fatiga se refiere a lo abrumador del totalizante relato de la vida de la abuela y de la vida de la abuela misma a la que ahora tanto las memorias como el peso de los años la fatigan.   Las historias se entregan sin orden cronológico en capítulos sin enumerar y a través de ella Máximo recupera o recopila la historia fascinante de este personaje.   John Brushwood aclara la apariencia de que la narración pudiera corresponder con la experiencia de Máximo Atencio al escuchar la narración de Mi Lala al notar que Ala novela no emplea la voz de primera persona sino la de un narrador que se refiere a “Mi Lala”.   Efectivamente, la novela no narra la historia de Máximo sino la de Mi Lala y su presencia como audiencia sirve como medio para que conozcamos a su abuela.   Nótese el uso de un nombre representativo de su función, Máximo Atencio, el que presta máxima atención y gracias a su cualidad de escuchar las muchas historias el narrador las puede reproducir en el texto que leemos.  

Mi Lala nos llega a través del filtro de Máximo que busca a la abuela a través de su memoria como nos lo explica en una narración en segunda persona: “Entonces recordaste a la abuela. Te dedicaste a buscarla: anduviste por la casa, sin tomar plena conciencia de que el orden que añorabas ya no podía existir.” Máximo intenta ordenar ese caos de memorias por medio del texto.  La voz narrativa a menudo emplea la focalización de Mi Lala al contar los relatos que escucha y por ende la novela nos entrega memorias procesadas por un doble filtro. 

En La justa fatiga el narrador se haya consciente que las historias que transcribe podían asimismo haberse inventado.  Esta invención o narración del pasado se emplea en la novela como un complemento del deseo de Mi Lala en las postrimerías de su vida de entenderse, explicarse y postergase por medio de las historias.  Curiosamente narra para el beneficio exclusivo de Máximo:

 

“Estuvo a punto de contarle a Catalina todas las amarguras pasadas, sus amantes, pero se contuvo al pensar que eso equivalía a relatar todas las historias guardadas para Atencio, ordenadas esperando su retorno.  Catalina no era la destinataria prefigurada por las cartas para escuchar la vida de Purísima Concepción de la Soledad.”

La novela no refleja ese orden al que alude la abuela y la información nos llega muy fragmentada y nosotros debemos de colocarla cronológicamente a fin de entender causas y efectos.  Máximo archiva recuerdos según los olores que le evocan ciertas memorias y que le indican lo qué debe narrar y cuándo lo debe contar.  Cuando vuelve a la casa de su familia después de una larga ausencia, su olfato lo familiariza inmediatamente con el espacio que de otra manera le hubiera resultado extraño y agobiante.  En otra escena, el olor del café que le prepara Catalina, su hermana, y el de la cocina lo transporta al recuerdo de su madre y a su infancia: “Catalina y Máximo se entretenían bajo la humedad de las macetas, sobre la frialdad de los ladrillos del zaguán.  Eso era después de regresar a la escuela y antes de que la madre los llamara para sentarlos ceremoniosamente”.  Aprendemos de la madre de Máximo y de su rutina y su vida y demás a partir del recuerdo que se origina en el olor a humedad de la cocina.

 

Los personajes recuerdan con coherencia las secciones de sus vidas que han colocado en una perspectiva apropiada antes de narrarlas.  Mi Lala cuenta con bastante detalle y sin interrupción su viaje desde el Valle de Traspontina después de que muere su primer esposo hacia Traspontina de Abajo.  Explica cómo conoce a Cotejel Mimbrera y los motivos que motivaron su metamorfosis al dejar de ser La Joven Pura y convertirse en la Comadre Coni Fanales.         Los encuentros amorosos de Tadeo Colmenero y Catalina se entregan como si el narrador pudiera predecir el futuro.  Cuenta lo que acontecerá sin equivocarse.  Así el acto de escribir adquiere el poder de controlar y el término predecir se reviste de otro significado semántico. El prefijo pre indica el anticiparse a los hechos y decir adapta la connotación de hacer realidad.  De esta manera, la memoria sirve para inventar no sólo el pasado sino que también para controlar el futuro.

Cotejel Mimbrera emplea la narración como una herramienta de seducción y sus historias reemplazan el acto sexual mismo.  Busca una audiencia a la que le pueda contar y no la compañía de una mujer como lo explica Coni Fanales.  “...y de noche en noche, de vez en vez, con la absoluta complacencia de su mujer, se me acomodaba y me decía como con un cuentagotas la única cosa que él tuviera digna de ser atendida: la historia de su pileta”. Nótese que su manera de presentar la historia en las noches a su posible amante nos recuerda la manera de narrar de Scheherazade en Las mil y una noches: “Cotejel me dijo esto durante muchas noches, apenas unas palabras cada vez...”. Entrega la historia a pedazos para mantener la atención de Coni porque el culminar su relato tendrá que conseguirse otra audiencia a la que seducir con su narración. 

La justa fatiga sirve como medio para que Mi Lala pueda entender su existencia y explicarla por medio de sus historias.  Al definir esta novela por medio del acto compresivo que se desarrolla encontramos que se basa precisamente en evocaciones, relatos y memorias y en articular estos para convertirlos en textos.  Se puede resumir la novela en dos frases: Máximo Atencio escucha y Mi Lala sobrevive.  Precisamente, Mi Lala perdura porque puede perpetuarse a través de las historias que el oído atento de Máximo le permite exteriorizar, ordenar, y difundir.  Sobrevivirá para siempre en el texto.  La palabra la eterniza. 

 

Piel de hormiga

En Piel de hormiga los diferentes narradores cuentan con el intento de exponer la historia global que la novela intenta entregar para así entenderla.   Existe un interés de contar la histoire, pero antes de narrarla, cada voz que interviene debe de descubrirla, aceptarla y verificarla. Se podría afirmar que la novela narra la historia de Atilana, la protagonista que ocupa gran parte del espacio narrativo, pero la intervención extensa para una novela de menos de 130 páginas de otros personajes nos incita a afirmar que podría versar sobre la historia de Tepetongo, donde ocurre la mayoría de la acción. Los personajes todos poseen alguna relación con el pueblo.  La novela trata la vida individual de una serie de personajes y su intercambio personal con sus vecinos, conciudadanos y forasteros que frecuentan o visitan la ciudad. Tepetongo representa un lugar de provincia, relativamente pequeño en el que una red de información interna transmite todo lo que sucede en él.  En ocasiones, segmentos de información que se ignora y resulta crucial para contar una historia se la inventa con el afán de proveer credibilidad o coherencia final a lo que se narra.

El narrador extradiegético que inicia la narración posee características similares. Expone la historia de los moradores del pueblo empleando convenciones o emulando estilos de narrar que parece haber aprendido de sus lecturas de obras de novelistas famosos.  José María Espinasa explica esta influencia de Rulfo y García Márquez como parte del afán del narrador de contar historias: Cuenta revelando la necesidad de poblar el paisaje hidrocálido no sólo de personajes sino también de historias.  El narrador principal conoce los modelos y las estrategias narrativas y las maneja para contar la historia según su parecer.


 

La hegemonía de contar la mayor parte de la novela que sostiene el narrador extradiegético culmina cuando otro narrador toma posesión de la historia a partir de la página 4.  Este narrador proveyendo información para aclarar lo que el otro narrador cuenta y explica detalles que desconoce el primero.  Los narradores hipo-intradiegéticos cuyas voces  se intercalan con la de los otros narradores y colaboran a la presentación de la historia comparten su deseo de narrar con el fin de entenderse a sí mismos y de entender la historia de sus vidas. Flamenco Labastida, padre de Adelor en su participación por medio de un monólogo ilustra magníficamente esta afirmación.  Reconoce que pronto morirá y narra con la intención de entender su vida y responder las interrogativas que le acosan: “Andaluz, trasterrado y  sin sosiego posible, antes de acabar de morir, quisiera respuestas a las preguntas que me han acosado. Debe haber respuestas.” Anhela emplear la narración como un proceso terapéutico que le permita lograr su autoidentidad. A su texto lo dominan las preguntas que promulga, pero que se abstiene de contestar o contesta a medias.  Alcanza una respuesta total y final al decidir que los problemas y las interrogantes sin responder que marcan su existencia radican en haber llegado a Tepetongo, problema que comparte con sus vecinos: “El pueblo fue el principio y fin de mi desvelada aventura, el pueblo al que quisiera borrar de mis tenaces obsesiones.  Tepetongo es una maldición para los que no nacieron en él”.


 

Atilana, que ocupa gran parte del espacio narrativo, sin proveer mucha narración constituye el personaje del que todos los narradores se ocupan, mencionan o intentan entender. Las voces que la describen se asemejan a las promulgadoras de chismes en un pueblo. Los narradores extradiegéticos emplean un estilo para proveerse de autoridad y exponer una visión objetiva y se pueden interpretar como los creadores de versiones oficiales sobre Atilana, basadas en los chismes e historias que han recogido a través de los tiempos. A Atilana, se la presenta como mujer que subvierte y alborota el rol tradicional de la mujer. Su patrón de conducta refleja el modelo masculino y obra siguiendo las normas que los hombres han asumido y postulado.  Se la pasa en un bar,  donde bebe con una resistencia que envidian los hombres y se acuesta con un hombre diferente cada noche. Durante un hiato a su conducta innata, asume el rol tradicional femenino al casarse con Sidronio, pero poco después de la boda en un periodo que coincide con el nacimiento de su hija vuelve a su vida normal. 

Los narradores intentan entender o inventarse una historia de sus vidas o explicarse a sí mismos y al mundo.  Uno de los que frecuentan el bar se ha memorizado una historia de su vida la misma que explica sin equivocarse vez tras vez a fin de postularse en los anales de la historia como él desea: “Atilana oyó el asunto, contado igual, palabra por palabra, una o dos veces de las noches que compartió con el hombre aquel”. Adelor narra a fin de enfrentarse con su identidad sexual.  Empieza interrogándose: “¿De veras seré joto?  Nunca he entendido bien qué significa ser joto”.  La narración que emite sirve para que contestar o para que intente responder la pregunta que formula.  Su respuesta final le afirma su actitud ambivalente, y su posesión de elementos de ambos sexos: “Como yo no soy joto.  Sólo que no me gustan las cosas de los hombres”.  Lejos de admitir su homosexualidad, consiente que hay algo raro con él al compararse con otros hombres, pero que de ninguna manera se debe de cuestionar su sexualidad.


 

Todos los personajes de la novela se enfrentan a problemas similares.  Intentan narrar a fin de satisfacer el deseo de alcanzar una coherencia final de sus existencias pero los detiene el obstáculo de primero diseminar la información.  Una red de rumores, hechos verídicos, ideologías y deseos no satisfechos se interponen y les impide entenderse o completamente inventarse.  Los narradores extradiegéticos que pretenden entregar la historia completa de Tepetongo encaran dificultades similares.  Se sirven de fuentes de información populares, rumores, historias transmitidas oralmente y eventos que testifican pero que no pueden comprender en su totalidad porque carecen de acceso a la información necesaria para transmitir juicios imparciales. Al final, tenemos muchas historias o confesiones que se trata de presentar como versiones definitivas. La novela al final se rehúsa a una coherencia final al resistirse a una clausura. Tenemos sólo especulaciones de lo que eventualmente sucedió con Atilana. Mas la mayoría de los narradores triunfan en sus deseos de proveer su historia, expresar sus versiones y de entenderse.  El deseo de narrar para así vivir constituye lo que mueve, alimenta, estructura y sostiene a Piel de hormiga, novela en que el deseo de narrar una historia o historias constituye la fuerza motriz.  La experimentación jamás obstaculiza el acto de narrar.

 

Playas del Este

 

A diferencia de La justa fatiga y Piel de hormiga, Playas del Este toma lugar afuera de Aguascalientes, en Cuba a donde Máximo Atencio Mimbrera, narrador-protagonista de las otras dos novelas se traslada a cursar sus estudios universitarios.  La historia nos llega a través de la voz narrativa de Máximo protagonista principal de la novela que años más tarde después de ocurrida la acción, mira atrás con la agudeza y distancia de un ser contemplativo que con el beneficio del tiempo y narrar los eventos crítica y analíticamente.  Por ejemplo, lejos de romantizarla, su visión de Cuba acentúa la austeridad y decadencia del país como lo observamos en su descripción de un centro nocturno: “En Santa Clara había cuatro o cinco centros nocturnos, los cuales, con exceso de generosidad, eran llamados “cabarets”.  Instalaciones envejecidas en el mobiliario, los atuendos de los meseros, los instrumentos de los músicos, la iluminación.  Envejecidas y descuidadas”.  Este ser contemplativo alterna su descripción con la focalización de un ser actuante que simplemente se observa a sí mismo en acción.  La novela muestra cómo el narrador paulatinamente se asimila a la cultura cubana.  Empezamos leyendo su asombro ante el mundo nuevo descrito bajo el tono de extrañeza y pánico provocado por lo desconocido que va descubriendo: las dimensiones de los espacios, los otros estudiantes-inmigrantes, entre otros.  Eventualmente, la narración nos muestra como este contorno se convierte en natural por el tono familiar que emplea al describirlo y que carece del asombro del recién llegado latente en las primeras páginas de la novela.

Playas del Este comparte con las otras obras la estrategia narrativa de entregar la historia a través de diferentes voces narrativas.  Mas en esta novela el lector siempre se haya conciente de que el narrador principal ha cedido la voz narrativa a otro personaje (en La justa fatiga se tiene que participar activamente en el juego narrativo para descifrar quién cuenta en determinado momento). Asimismo como en las otras dos narrativas, esta novela entrega el acto de escuchar una historia con el fin de satisfacer un deseo (narrativo) y se lo traza a un evento crucial en la formación de Máximo, el escuchar a la Lala contar: “La fascinación por escuchar historias se la debo a la abuela.  Desde siempre.  Crucita nos acostumbró a escucharla y desde siempre, me cautivaron las épicas menores.” Walina resalta como el narrador por excelencia en Playas del Este y tenemos acceso al texto completo de sus intervenciones a las que Máximo, evocando su niñez, escucha ensimismado: “Walina inició su historia y yo inicié el traslado de ese sentimiento infantil a las historias de riesgos asibles que se contarían a mi alrededor”.  A menudo, estos otros narradores aparecen contando sus relatos por si mismos alimentando la sed de Máximo de escuchar historias. Se presenta el afán de controlar la validez de las historias y de seguir reglas asumidas de que se permite contar pero no inventar:


 

“Te va gustando el cuentecito?

Sí, pero no le inventes tantas cosas. 

. . .

Oye, si me vas a acabar de contar el cuento, que sea como debe ser.  No me gusta que comas tanta mierda.”

El deseo narrativo equiparado con el deseo sexual aparece encarnado en la presentación de Margaret, una jamaiquina de quien Máximo se enamora con cierta obsesión. Fiel al patrón de existir a través de narrar historias, aparece por primera vez a través de su voz, porque el narrador nos transmite su existencia al describir el canto cautivador que emite en las mañanas.  Luego de consumarse la unión entre los dos, ella se convertirá en el deseo que consumirá a Máximo.  El protagonista emplea la narración para seducirla empleando la técnica tan antigua empleada por Sheherezade en Las mil y una noches de suspender el deseo a fin de asegurarse que el oyente volverá el siguiente día a satisfacer su deseo (narrativo): “Oye Margaret, termino otro día. Ya es tarde”.  La respuesta de Margaret asevera que Máximo la ha atrapado con su estrategia: “No me hagas eso”. 


 

De cierta manera, se podría interpretar la novela como un afán último del narrador de recuperar a Margaret, cuyo rastro perdió hace muchos años debido a su salida forzada de Cuba que le impidió siquiera despedirse de ella.  Anhela verla una vez más y satisfacer su deseo postergado.  El texto aparece como un intento de saciar ese deseo que se inicia cuando Máximo le escribe una carta a Margaret en el aeropuerto momentos antes de partir de La Habana.  Trata alcanzar a Margaret a través de las palabras para comunicarle como se siente, como la lleva dentro de él y explicarle su salida prematura.  Espera usar la palabra para redimirse, satisfacer sus deseos, exorcizar demonios, recordar, evocar.  Busca un cierre a su inconclusa historia de amor que se iniciara al oír el canto melodioso de la jamaiquina a quien ahora sólo puede intentar reconstruir en las páginas de la novela.  

Playas del Este cierra el juego narrativo de la trilogía porque termina cuando Máximo vuelve a casa en donde lo aguardan las memorias de Mi Lala y donde se inspirará a escribir las otras dos novelas de la colección: “Volvía a donde me esperaban las historias de la épica familiar, los padres y los hermanos, el suéter que mi madre finalmente terminó de tejer, la abuela confundida con los personajes de los cuales hablaba, reales o inventados, y quienes eran una sola historia merecedora de mejor final”.   Al cerrar el relato justo antes de regresar a casa le  proporcionarle una estructura circular a la historia entera esparcida en las tres novelas porque el fin Playas de Este apunta a La justa fatiga. Se concluye estas historias en que los deseos de contar y narrar surgen como elementos cruciales de sobrevivencia que deben de satisfacerse y las novelas intentan lograr tal objetivo. En un juego paralelo, la palabra con su poder seductor sacia los otros deseos. Dentro de este juego, estas tres novelas magistralmente contadas se sirven de las estrategias narrativas para hilvanar historias que nos cautivan y nos invitan a penetrar el mundo de contadores que nos atrapan con sus deseos de escuchar, narrar, ser escuchados y más que nada ser leídos.

 



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