(Semanario Punto

Junio de1984.)

Ambición y avatares en La Justa fatiga

Elena Urrutia

Al joven Alejandro Sandoval —no tie­ne más que 27 años— se le conocía por su .poesía y ahora, sorpresiva­mente, aparece al público La justa fatiga, su primera novela.

Una novela ambiciosa por lo demás, plante­ada como la primera parte de una trilogía cuyo autor ha querido publicar como una obra completa en si misma y; de acuerdo a la acogi­da que tenga, sacar o no los otros dos volúmenes que son otras tantas novelas por publicar.

Y digo ambiciosa, no solo por la extensión total prevista sino, sobre todo, por el tema que cubre en el tiempo varias generaciones de Mimbrera en un relato que va de la reali­dad identificable contemporánea a esa otra realidad teñida de desmesura que su vaga ubicación espacio temporal facilita, y que tan cara resulta a tantos escritores cuya fi­liación latinoamericana no ofrece, entonces, la menor duda.

Purísima Concepción Librada de la Soledad: tan largo como el nombre de la protago­nista es el periodo que abarca cuatro generaciones, que van de su madre Angelito y de su padre Quirino Mimbrera, a sus nietos Catalina y Máximo Atencio Mimbrera.

No es necesario ampliar el catalogo de los nombres de los personajes de La justa fatiga; ni el de los lugares: todos son tan sonoros e inesperados como los avatares que cruzan los anos incontables y azarosos de esa mujer —niña Soledad, joven Pura, comadre Coni Fanales, abuela Mi Lala— que Alejandro Sandoval ha querido convertir en el eje que de consistencia y continuidad a su historia mítico-realista situada en el centro del país y protago­nizada por una familia, los Mimbrera.

Un centro del país —semidesértico y mon­tañoso— que no es desde luego su capital, y con los cuales —país y capital— aparece simbólica y realmente unido por el ferro­carril: cuando apenas colocados los rieles que habrán de conectar Tepetongo con el vasto mundo exterior, y que han de traer al maquinista Constantino Buenaventura, raptor de la joven Pura; cuando muchos años des­pués y viviendo en la colonia Ferronales cer­cana a la estación del ferrocarril, el novio de Catalina la nieta, Tadeo Colmenares, será también trabajador de los mismos y uno de los activos participantes en el movimiento de sus trabajadores.

Los ferrocarriles son parte de esa realidad identificable que contrasta con la otra, la del mito y la desmesura que el personaje de Purísima Concepción Librada de la Soledad desplegare cuando Mi Lola relate sus recuer­dos al nieto Máximo Atencio. Entonces la Colina de los muertos, la Traspontina de Abajo, de Arriba y de Enmedio, Tepetongo, la Hacienda de Bocas serán el escenario de los relatos, el marco de los asesinatos, los in­cendios, los muchos hombres de la abuela y la bisabuela, sus fornicaciones, sus borra­cheras y sus juegos de naipes.