Venados blancos
El padre habita en la dilación de su hija.
ella desanda una ribera lejana al Guadalquivir:
ahora es Poitiers cual venado blanco abrevando.
ella concluye la urdimbre que la reafirma
la enfrenta a su niña
infancia devuelta por el río para fundar otra memoria:
ya no será la del padre a solas
y es la misma:
ternura con ojos de duro asombro
ante los venados blancos de Poitiers.
Era él bizarro erguido en la exaltada visión
de los valles de la Loire
de los remansos del sur de España
y las cordilleras de México
Es él quien ya no puede arrebujarse
en el amparo de los idiomas y las caminatas.
De los viejos sólo queda una cólera lastimera
entre pálidos uniformes y nostalgias.
La hija aprendió a deshilar
el escueto recuerdo del río y sus paseos.
Teje en estas tardes de silencio glauco
sol inaudito
padre inmóvil
ojos desolados
insolente claustro
conclusión de andar esbelto
¿no volverá a recorrer el rostro
profundo y sórdido
de las ciudades y sus ventanas?
Hay otra batalla en Poitiers:
la del padre aquél
contra las metálicas congojas de la inmovilidad.
La niña le devuelve a su hija:
trazo de él mismo
ella viene con su tegumento de aguas
y juntos consumen esa íntima cercanía.
La niña mira con ojos intrusos
y se aleja para conocer a los venados blancos:
ellos la han de observar la hija verá
desde la mano de su padre
los adioses.
Poitiers sigue abrevando del desencuentro.
El Guadalquivir ya no volverá a la hija
que en las fatigas de las tardes de México
tejió esta travesía ya disuelta
bajo el claror del verano.
Acerba es la distancia con el padre
sitiado en sí
cual venado blanco anegado en su desdicha.
El suririo
Penitencia que cae por la garganta.
Acoso a los ánimos y al pulso.
Resuello acre trenzado a los ojos
corre a la piel
y da un soplo en las manos
Es un lamento sin queja
suspiro sin exhalación
Desaliento cifrado en los equívocos.
Agua zarca
Ojo que mira cuando alguien lo busca.
Abierto ante el gesto que refleja
regresa del fondo a contemplar el día:
oscura frente del cóncavo azul
exhausto en el hueco.
Receloso entre piedras
fugitivo como lágrima en el rostro del traidor.
Fresca mañana
fresca tarde
trasluce el sobresalto de la noche.
Ojo de párpados concéntricos
su llanto se bebe al amanecer.
SI DESEAS RECIBIR MAYOR INFORMACIÓN
ACERCA DE ESTE LIBRO ENVÍA UN CORREO.