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El otro día la vecina me contó de un tipo que a diario se sienta en la misma banca del parque, saca una bolsa de caramelos y los chupa hasta quebrantarlos. Mira hacia otras bancas dónde las personas se besan y profanan la boca, los niños juegan al tín marín de do pingüe. A tres bancas de él un anciano con una maleta le dijo: Hola Juan está por llover y el viento se comerá tus dulces. Él no se llama Juan, hace el sordo, esconde la bolsa de papel, cúcara mácara títere fue. Dice mi vecina que tiembla de sólo verlo cuando se acerca a las niñas que juegan matatena, ocultando su dulce trampa, ellas asustadas gritan: ¡Ahí viene Juan! Y él, no se llama Juan. Sólo la conozco de saludo, pero ese día tocó mi puerta, traía una taza de café, sentada en el suelo y con las piernas apretadas de miedo lloró. Yo no fuì fue Tete.
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